Especial Vigesimocuarto Aniversario, 1
No más héroes
por Francisco José Súñer Iglesias

Toda historia, toda aventura, necesita un héroe. Un personaje sobre el que pivote la narración y le de sentido, protagonizando y sirviendo como enlace entre las diversas situaciones que el autor decida plantear y que sirva de referente moral para ubicar al resto de los personajes.

Desde los héroes mitológicos, los héroes han sido ejemplos a seguir. Esa es quizá, más allá de sus actos, su principal característica. El héroe tiene un marcado sentido educativo, los héroes no nacen, a los héroes se les crea. A partir de situaciones extraordinarias, un comportamiento en línea con las lecciones morales que se desean impartir, hacen sus actos grandiosos hechos épicos, dignos de ser narrados e imitados.

Eso implica que el héroe se convierta en un personaje idealizado, casi perfecto, que encarna las virtudes y fortalezas que se quiere extender a sus admiradores.

Hay quien ha experimentado con historias corales en las que el protagonismo se reparte entre varios personajes más o menos interesantes, pero eso funciona de forma un tanto peculiar, aunque varios de esos personajes posean o compartan naturalezas y cualidades heroicas, lo habitual es que sean uno, o dos a lo sumo, los lideren el grupo y sobre los que recaiga el peso de la historia.

Porque el liderazgo es otra cualidad heroica. El héroe no solo es capaz de arrostrar grandes peligros y salir con bien de situaciones difíciles, también hará que los suyos sorteen con igual fortuna esos apuros. Ligada al liderazgo es la asunción de responsabilidades, el héroe será el primero en enfrentarse a las dificultades, analizar los pros y los contras de sus decisiones y tomar la que con más probabilidades le hagan salir con bien.

Los héroes también tienen una capacidad de sacrificio sin límites, sin ella sus hazañas quedan bastante deslucidas, eso les convierte en temerarios, desprecian hasta cierto punto su vida para, desde el puro altruismo, beneficiar a terceros conjurando los peligros y amenazas. Eso supone, además, que sienten una gran empatía por el prójimo, no les importa quienes sean o de donde provengan, el héroe asumirá su protección cuando se vean amenazados.

El héroe también tiene un algo de trágico, su sacrificio implica que prescinde de las cosas que acomodan al hombre común, incluso puede llegar a recibir el desprecio de sus protegidos si los valores de pureza moral exigidos no son completos y adecuados.

Llegamos entonces a la relativización del héroe. Todas esas cualidades y virtudes, la confianza en si mismo, la rectitud moral, el liderazgo, la capacidad de sacrificio, el altruismo, la entrega, no se consideran como tales virtudes, y si se desprecian para destacar rasgos particulares o, como se ha apuntado, inhabilitar el todo por un defecto puntual.

Así, un héroe moderno puede ser pusilánime y literalmente egoísta, no haber conseguido un beneficio claro para nadie más que para si mismo, y a veces ni eso, siempre que la dificultad sorteada se considere una imposición imaginaria y de difícil definición.

Un héroe moderno, tras su cuestionable hazaña, y desde una moralidad más que mal entendida, podrá imponer su propio punto de vista sin que ello implique la menor discusión por parte de los beneficiados.

El héroe moderno no necesita ser triunfante, el mero hecho de luchar contra dificultades más o menos reales y enemigos más o menos imaginarios basta para conferirle la condición heroica. Incluso habrá palmeros que se lo hagan saber con gran entusiasmo.

Al héroe moderno no se le va a pedir responsabilidad alguna sobre los actos, o los perjuicios que éstos supongan el ya ha cumplido con la misión de enfrentarse al grave problema y será a su vez problema de quien le siga responsabilizarse de las consecuencias.

Así se va destruyendo a la figura del héroe, banalizando la categoría de sus hazañas y elevando al rango heroico sucesos nimios, sin calado real pero muy alineados con cierta moralidad a la moda.

Nos quedamos entonces si héroes reales. Solo figuras vulgares que sin casi esfuerzo ni sacrificio no se han beneficiado más que a si mismos.

© Francisco José Súñer Iglesias
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Francisco José Súñer Iglesias es administrador del Sitio de ciencia-ficción