Christopher Nolan: del artista independiente al genio del blockbuster
por Jorge Romo

La película que mejor describe el cine de Christopher Nolan es THE PRESTIGE. Porque Nolan justo es eso: un prestidigitador. Mueve las piezas en sus películas de tal forma que nos engaña y nos hace creer que sus películas son más profundas de lo que realmente son.

Leonardo García Tsao, crítico de cine mexicano.

Mi relación con el cine de Christopher Nolan y sus fans ha sido problemática desde tiempos inmemoriales. Hace unos cuantos años no me fijaba tanto en quién era el director detrás de una película y mi alma cinéfila simplemente se dejaba llevar. Había visto muy pocas películas de este director y el encuentro con sus fans de hueso colorado se convirtió en una experiencia interesante. En primera instancia, me encontraba con que cada nueva película de Nolan era alabada por numerosos críticos estadounidenses, mientras que dichos fans y colegas cinéfilos insistían en que debía de ver la nueva película en cuestión: ¿No has visto la nueva película de Nolan?, decían. No puedo creerlo. ¡Te estás perdiendo de la más grande obra maestra de la cinematografía mundial. Esta película cambiará tu vida, es muy profunda: Nolan es el nuevo Orson Welles, el nuevo Ingmar Bergman, el nuevo Andréi Tarkovski, el nuevo Stanley Kubrick. Ilusionado, me acercaba a la película en cuestión, y luego de una agradable matiné dominical con muchas palomitas, descubrí que me encontraba ante un genio del blockbuster extremadamente hábil y eficaz a la hora de ensamblar sus súper producciones, pero de ninguna manera estaba frente a un cine revolucionario. Dicho esto ante mis interlocutores, las respuestas no se hicieron esperar: ¿Qué clase de cinéfilo eres?. Eres incapaz de apreciar la profundidad cinematográfica y la inmensa grandeza del cine de Nolan. Extrañado pero a la vez interesado en este director, aproveché los tiempos que vivimos para profundizar en su filmografía.

La primera impresión apunta a que Nolan era un artesano dedicado y talentoso en su faceta como cineasta independiente. Su obsesión por las narrativas no lineales y sus retos cerebrales al espectador le abrieron grandes oportunidades en Hollywood. Cintas como FOLLOWING (1998) y especialmente MEMENTO (2000), una cinta que iba más allá de los rompecabezas a lo Tarantino al aprovechar la trama para construir la memoria del personaje principal, lo llevaron a darse a conocer para dirigir proyectos más ambiciosos. El primero de ellos, INSOMNIA (2002), aún guardaba el talento del artesano cuidadoso y ofrecía una historia neo noir con dos personajes moralmente ambiguos. Sus siguientes proyectos, entre ellos la celebrada trilogía de Batman, lo lanzaron a la cabeza de un cine industrial de muy alto presupuesto.

INCEPTION (2010), al igual que cintas como THE DARK KNIGHT (2008), lo llevaron a la acumulación de miles de fans sedientos de más cintas de su director, convencidos de que estaban frente a un cine que no le pide nada a las más grandes obras de la cinematografía mundial. En cuanto a la primera cinta, ésta ofrecía un blockbuster sofisticado con sueños dentro de sueños. Si bien la crítica especializada alabó la película, uno de los aspectos que más destacó en su actual apreciación es que no tiene un carácter onírico: los supuestos sueños en los que se desplazan los personajes, aún con el control que ejerce uno de ellos para tratar de darle orden a las cosas, siguen siendo extremadamente lógicos y racionalizados, cuando en realidad los sueños justo son caóticos, extraños, absurdos e irracionales. No está de más mencionar que el juego de muñecas rusas que se plantea en la segunda parte de la película se encuentra sumamente calculado y contradice la naturaleza onírica y caótica del hecho de soñar. Además de que la calca de escenas y conceptos de la película PAPRIKA (2006), historia novedosa acerca de una detective de sueños de la mano del aclamado director japonés Satoshi Kon, hace eco constantemente en la propuesta de Nolan.

INTERSTELLAR (2014) es definitivamente su pecado mayor. Desde el hecho de que los personajes se mueven por la todopoderosa fuerza del amor, hasta la sobre explicación de la trama en los diálogos de los viajeros, arruinan un ejercicio de tres horas y llevan a cuestionar la habilidad del director para contar una historia a partir de los hechos y acciones de los personajes. Toda la película tiene huecos bastante elementales: ¿cómo es que los personajes beban cerveza si los cultivos prácticamente han desaparecido de la faz de la Tierra? ¿Por qué intenta abordar tantos temas existenciales y al final todas estas discusiones terminan en absolutamente nada? ¿Por qué muchos de los diálogos suenan como a una especie de metafísica light en lugar de una buena discusión filosófica sobre el ser humano y su lugar en el Universo? Si la historia es científicamente correcta, ¿cómo es que el protagonista entra en un agujero negro sin sufrir los efectos gravitatorios? Si bien se ha descrito a la película como científicamente impecable, en realidad el propio Kip Thorne, su asesor científico, ha señalado que hay tal número de errores técnicos al grado que hay que apreciarla sólo como un ejercicio dramático.

Una vez vista la filmografía de Nolan es posible apreciar ciertos elementos y fórmulas que se repiten constantemente: 1) Las protagonistas siempre ocupan un lugar terciario, 2) Siempre hay un conflicto casi militar que protagonistas poderosos y económicamente acomodados tienen que resolver, 3) Cada película ofrece una abstracción dentro de la narración: rompecabezas, tiempo circular, cubo de rubik, muñecas rusas, 4) el thriller de acción se combina con el cine bélico, la ciencia-ficción o el neo noir, y 5) los elementos ya mencionados en conjunción con la sobre explicación maquillan y disfrazan cada película en una búsqueda por convencer al espectador de que no sólo se encuentra frente a un blockbuster espectacular pero palomero, sino a algo profundo, cerebral e intelectual, un cine que si es dilucidado le demostrará al espectador que es muy inteligente y capaz de interpretar cualquier tipo de cine.

La apreciación de un director y su filmografía se ampara desde luego en comentarios subjetivos y la experiencia cinéfila de cada espectador, por lo que no existen verdades absolutas en esto de la apreciación de una película. Así, este comentario sólo busca abrir el debate sano con algunas pequeñas provocaciones. Sólo resta decir que si se desea apreciar un cine verdaderamente experimental y retador que juegue con los tiempos narrativos, ahí está el reto representado por EL AÑO PASADO EN MARIENBAD (1961), dirigido por un Alain Resnais que busca ofrecer una novedosa adaptación de LA INVENCIÓN DE MOREL de Adolfo Bioy Casares. Para espectáculos cinematográficos para la gran pantalla, aceptar la naturaleza divertida y apasionante del blockbuster permite disfrutar más las palomitas y gozar cintas como THE DARK KNIGHT. ¿Desde cuándo el cine taquillero tenía que convencernos de que es muy profundo e intelectual para poder disfrutarlo?

© Jorge Romo
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