Agua en la luna
por Antonio Quintana Carrandi

Aunque ya se tenían indicios muy prometedores de la existencia de agua en la Luna, ahora, por fin, la NASA lo ha confirmado: el líquido elemento es mucho más abundante en Selene de lo que se pensaba. Se trata de la noticia científica más importante en lo que va de siglo XXI, y sólo podría ser superada por la confirmación de que se ha encontrado una vacuna para el Covid-19.

En nuestro satélite se encuentra uno de los elementos más valiosos del universo, que representará, de aquí a unas décadas, una auténtica revolución energética. Hablo del Helio-3, ese isótopo maravilloso que, trasladado a la Tierra y debidamente procesado, alimentará las centrales nucleares del futuro, proporcionándonos energía prácticamente inagotable y limpia, pues no genera residuos contaminantes. El Helio-3 es una buena razón para que la humanidad regrese a Selene. Pero ahora, con la confirmación de la existencia de H2 O en nuestra eterna compañera, el ansiado regreso a nuestro satélite natural, por el que tanto llevamos suspirando algunos, está un poco más cerca.

El agua lunar podrá utilizarse no sólo para beber, sino también en la fabricación de combustible para propulsores-cohete, para generar aire en las futuras bases permanentes, en la creación de invernaderos lunares y para elaborar materiales de construcción. Y lo más importante de todo es que está allí, lo que significa que no tendremos que llevarla desde nuestro planeta, con los costes de todo tipo que ello implicaría.

La consecuencia más inmediata de tan trascendental revelación no ha tardado en producirse. La NASA y la ESA han firmado un acuerdo para colaborar en la creación de una estación espacial en órbita lunar, así como en la preparación del próximo viaje tripulado a la Luna, que presumiblemente se llevará a cabo a mediados de esta década que acaba de empezar. Lo que significa que, con un poco de suerte, los de mi generación, que éramos unos críos de corta edad aquel legendario 21 de julio de 1969, cuando Neil Armstrong puso pie en la polvorienta superficie de Selene, y que ya peinamos canas, podremos contemplar el esperado regreso del hombre a nuestro satélite natural.

Abrigo el convencimiento de que éste será el siglo de las grandes exploraciones espaciales; la centuria en la que, por fin, la humanidad se lance al vasto océano cósmico, con el mismo espíritu de descubrimiento y aventura con que, hace cientos de años, el hombre se aventuró en los inmensos y misteriosos mares que cubren la mayor parte de la superficie de nuestro planeta. Porque explorar y colonizar el espacio, extender lo mejor de nuestra civilización por el cosmos, procurando dejar lo peor en este viejo mundo, es una misión ineludible de la especie humana. Que así sea.

© Antonio Quintana Carrandi
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