El futuro en que vivimos, 30
Energía infinita
por Luis del Barrio

De todos los artefactos que pueblan la ciencia-ficción uno de los más recurrentes, si bien menos espectacular, es la célula de energía. Los autores son muy conscientes que sus inventos más vistosos son unos tragones incorregibles de megavatios, desde las naves que surcan el frío espacio hasta los comunicadores personales, pasando, por supuesto, por todas esas armas de rayos tan amenazadoras. El problema de esos artefactos es que hay que repostar y recargar cada dos por tres, lo que no deja de ser un engorro cuando estamos en plena batalla a rayazo limpio en las proximidades de alguna luna del tipo LV.

Muchos inventos se han desarrollado para dar solución a esto, aunque por lo general se ha pasado de puntillas limitando las descripciones a meras referencias de sus principios de funcionamiento, desde contenedores de antimateria a agujeros negros en miniatura, pasando por el mero sobreentendido de que aquello funciona, y muy bien.

Desde la antigüedad se han descrito materiales maravillosos, ya Jonathan Swift describió en LOS VIAJES DE GULLIVER un potente imán que mantenía suspendida en el aire la isla de Laputa. Entrando en el concepto más moderno de ciencia-ficción nos encontramos con la cavoria, usada por LOS PRIMEROS HOMBRES EN LA LUNA, de H. G. Wells para llegar hasta nuestro satélite. Igual objeto tiene el dilitio de la saga de Star Trek, capaz de impulsar a la velocidad de la luz al Enterprise y toda la flota estelar, otro que no se queda atrás es el adegán, que provee de energía a los sables láser de LA GUERRA DE LAS GALAXIAS, en AVATAR el oscuro deseo de los prospectores era el unobtanium, potente superconductor capaz de acabar con cualquier problema energético. De cosecha nacional es la denona, de La Saga de los Aznar, de Pascual Enguídanos, que a otras muchas propiedades también unía la antigravedad.

Durante los últimos años la ciencia y la tecnología no se han quedado atrás. Desde las pilas Volta a las más modernas basadas en el litio ya sea polimerizado, en forma de iones, o las últimas investigaciones con reducciones de oxígeno la evolución en el almacenamiento de energía eléctrica en contenedores cada vez más pequeños, ligeros y potentes no para.

Ahora se anuncia la solución definitiva, las baterías de diamante.

La materia prima que propone la empresa NDB (Nano-Diamond Battery), basándose en un proyecto previo de la universidad de Bristol, en Inglaterra, no puede ser más inquietante: residuos nucleares, aunque para tranquilizar un poco no pretende hacerlo con el combustible nuclear, sino con las barras de grafito irradiado desechadas que ya han cubierto su ciclo como moderadoras de las reacciones nucleares.

La idea es refinar el grafito, convertirlo en diamante y aprovechar la enorme emisión de electrones del remanente radiactivo para fabricar baterías de una increíble capacidad, según su campaña promocional 5700 años entregando energía, lo que en la práctica es infinita, aunque debemos recordar todas esas naves alienígenas que dan sus últimos estertores, tras miles de años de danzar por el cosmos, justo cuando la arrojada tripulación humana las aborda.

Al final del artículo dejaré un vídeo del profesor Simon Holland donde ofrece su opinión y reparos al respecto, además de adjuntar el propio video promocional de NDB donde explican su idea y el proceso de fabricación.

Lo de fabricar diamantes sintéticos no es nuevo, es un proceso industrial como cualquier otro en el que, eso si, se necesitan ingentes cantidades de energía para convertir carbono en diamantes.

Las ventajas del proyecto son evidentes, en general, usarlos para todo lo que necesite un suministro continuo y desatendido de energía eléctrica, y los inconvenientes tampoco quedan demasiado ocultos, por muy diamantado que esté, el carbono de los moderadores sigue siendo radiactivo. NDB asegura que tiene un método seguro para contener ese material, pero se me ocurre otro inconveniente, bastante más grave que este si son ciertas las afirmaciones de NDB, y es que sencillamente el grafito radiactivo es un material relativamente escaso.

No tengo una idea clara de la cantidad generada y almacenada desde que empezaron a operar las centrales nucleares que lo usan como moderador, pero parece evidente que la cantidad, aunque se mida en miles de toneladas, no da para producir tanta batería para mando a distancia, por no hablar de su uso generalizado en automoción.

Países con una gran tradición nuclear como Estados Unidos o Francia, tendrían ventaja sobre otros con menos instalaciones e, incluso donde las centrales nucleares están proscritas (Alemania), además de que cuando se almacenaron los residuos no se pensó en su posible aprovechamiento y sospecho que en muchos casos los vertederos nucleares son eso mismo, vertederos donde separar los materiales aprovechables no solo es difícil sino muy peligroso.

Sin duda, como NDB tenga éxito en su proyecto las posibilidades que abrirá serán espectaculares. Simplemente, no tener que volver a cargar el móvil va a ser un triunfo, pero no sólo el móvil, sino cualquier artefacto eléctrico se independizará de la red de distribución, dotando a la humanidad de un nuevo paradigma de movilidad.


Notas
© Luis del Barrio
(866 palabras) Créditos