Primer contacto
por Rodrigo Juri

El día que Humanidad establezca contacto con extraterrestres pasará a la historia. Es más, seguramente se convertiría en el evento más importante desde que descendimos de los árboles y fuimos conscientes de nuestra propia existencia y la de nuestros semejantes.

¿Qué podemos esperar de un primer contacto? Hollywood y la mitología de los OVNI nos han hecho imaginar que, independiente de si sus intenciones son pacificas u hostiles, los alienígenas se nos presentaran en persona, posando sus naves sobre nuestras ciudades, y con suerte podremos saber de su llegada apenas con algunas horas de anticipación.

Aunque no se puede descartar por completo un escenario semejante, lo más probable es que no suceda de esa manera. Esto porque, a menos que haya un verdadero esfuerzo por llegar de manera furtiva, las limitaciones impuestas por la Relatividad nos permitirán descubrir a nuestros eventuales visitantes mucho antes de que podamos reunirnos de manera física; las emisiones de ondas electromagnéticas como subproducto del quehacer propio de una civilización avanzada debiera revelarnos su existencia. Recíprocamente, la Humanidad podría ser descubierta por otras especies inteligentes debido a que desde hace más o menos un siglo que estamos transmitiendo información como ondas de radio. O es al menos lo que se propone, por ejemplo, en la novela CONTACTO, de Carl Sagan.

¿Es tan así? Porque allí afuera está muy silencioso. El universo tiene 13.000 millones de años de existencia y por lo menos hace unos 8.000 millones que existen condiciones generales para la aparición de la vida y la inteligencia como las conocemos. Si hay alguien más ahí afuera deberíamos haber establecido primer contacto desde el momento en que Marconi encendió su primer aparato radiorreceptor.

No, no es tan así. Las ondas electromagnéticas, y en particular las de radio (y las de televisión, que son un derivado) se propagan en el vacío de acuerdo a la ley de la inversa del cuadrado; su potencia se reduce a un cuarto cada vez que duplicamos la distancia. Eso significa que nuestras emisiones se funden con el ruido de fondo y terminan siendo absolutamente irreconocibles luego de apenas unos cuantos años-luz de viaje. No, nadie más allá de Epsilón Eridani podrá ver a Hitler inaugurando los Juegos Olímpicos de Berlin, ni podrá escuchar a Martin Luther King dando su famoso discurso en Washington.

Para que una especie agresiva nos oyera tendría que estar realmente cerca, y si estuvieran tan cerca es porque ya sabían que estábamos aquí por algún otro medio. No, no estamos anunciándole a toda la galaxia nuestra reciente llegada a la vecindad, como algunos han sugerido.

Por supuesto que si enfocamos y concentramos una señal electromagnética (sea de radio u otra) y la dirigimos específicamente a un objetivo, podrá viajar mucho más lejos, quizás por millones de años-luz, dependiendo de la potencia original. Pero esto es distinto. Solo aquellos a los que se les ha dirigido la señal podrán recibirla. Y si hacemos eso es porque hay buenas razones para creer que allí hay alguien, en primer lugar.

El más famoso de estos mensajes fue enviado por el radiotelescopio de Arecibo en 1974, dirigido a un cúmulo de estrellas ubicado a 25.000 años luz de la Tierra. En 50 milenios más podremos saber si había allí alguna civilización capaz de entender y responder.

Por supuesto que las ondas de radio no son la única manera de detectar extraterrestres. También podríamos darnos cuenta de su presencia a través de otros efectos de su actividad. Por ejemplo, el año pasado se postuló la existencia de seres inteligentes en una estrella que mostraba extraños cambios en su luminosidad (KIC 8462852). La lógica era que esas alteraciones podían deberse al paso de enormes construcciones artificiales delante de la estrella. Luego se postularon teorías menos asombrosas que podían dar cuenta del fenómeno, pero de todas formas nada se ha concluido de manera definitiva.

Así que en resumen se puede decir que podemos estar razonablemente seguros que no hay especies alienígenas en unos diez años luz alrededor del Sol, porque no hemos recibido ninguna señal anómala en ese radio. Más allá no podemos saber, no al menos basándonos en ese tipo de evidencia. Y lo mismo es cierto para cualquier civilización extraterrestre que nos esté buscando; no somos capaces todavía de construir grandes estructuras capaces de oscurecer nuestro Sol así que difícilmente nadie notará nuestra presencia más allá del rango antes señalado.

Y aunque así sucediera, lo más probable es que primero tendremos que comunicarnos usando distintas frecuencias electromagnéticas, y por mucho tiempo, antes de poder estrechar nuestras manos, figurativamente hablando, por supuesto.

En EL ÚLTIMO HORIZONTE DE LA NOCHE la Humanidad ha entrado a formar parte de una comunidad de civilizaciones alienígenas liderada los ao (aquí), quienes también fueron responsables del primer contacto con nosotros bajo los mismos principios que he explicado anteriormente. Una señal específicamente dirigida hacia nosotros desde una grieta (aquí) en el espacio-tiempo (que conduce a otra región de nuestro universo, donde habitan los ao) ubicada a unos 36 años luz de distancia, muy cerca de la estrella Delta Trianguli. Elegí el espacio cercano a Delta Trianguli por ninguna razón especial, ya que un agujero de gusano tampoco tendría como elegir un lugar específico para emerger.

© Rodrigo Juri
(873 palabras) Créditos
Publicado originalmente en El último horizonte de la noche el 12 de mayo de 2017
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