Star Wars Episodes I-II-III. En Su Defensa
por Antonio Santos

Tras el estreno de la nueva trilogía comandada briosamente por J.J. Abrams (es él, ¿no? Fijaos qué interés he prestado al asunto), en sustitución del creador George Lucas (probablemente una de las figuras más breadas de la Historia cinematográfica), calienta al freakeísmo, que anda creando películas paralelas en sus cerebros (mejores a la por proyectar; así, luego, vienen las decepciones) merced a las excelencias servidas en teasers y fotogramas sobre lo que presume ser espectáculo lindante con lo inmarcesible.

Va arrollar con cuanto Lucas realizó en los nuevos Episodios y que ha encontrado rechazo casi generalizado, no me lo explico. Pues pienso que lo que Abrams y equipo planean hacer semeja parto de los montes. Muchos lo están ¡aclamando! apelando al remozado de Star Trek (competente, cuidado), pero en realidad, ¿admiran su talento o porque ¡ensalzarlo! forma parte de la inquina universal contra Lucas?

¿Qué esperabais de Lucas? No lo entiendo. Star Wars funciona espectacularmente bien sobre otras sagas similares pues satisface las emociones más básicas del individuo. Emplea recursos que nos han conmovido desde siempre: el Mito Artúrico rejuvenecido con bushido y viaje de las tres mil millas (o años luz, en su caso) procedente del pulp que alimentó las matinés a las que era este hombre aficionado en su juventud.

Apostó por lo convencional convencido de que podía funcionar (no lo creía él mismo; sin embargo, resultó así ser) porque plasmaba la historia de toda la vida de Dios: el rescate de la princesa, el ominoso malvado, el nuevo clima de elaboradas máquinas superiores enfrentadas a la brujería nefaria, el honor, el duelo, el pícaro de corazón de oro... Star Trek, la inevitable muestra de comparación, es una fantasía militarista de oficiales rebeldes al ordenancista Mando, pero como tiene sesgo de ciencia-ficción hard, cae en gracia de elitistas sectores que la apoyan sin mesura. Aplastando durante el proceso.

San Isaac Asimov, recuerdo haberle leído, criticó la secuencia de la taberna de Tatooine, por su mezcla de parroquianos aliens, que podían habitar en atmósferas y gravedades distintas a la del escenario. Era:ilógico. Im-posible.

Sin embargo, Star Trek III recrea una secuencia similar y, ahí, ¡todos los jodidos enmascarados de otro planeta encajaban a wevo! ¡Mola, macho! Sexy. ¡Lame mis botas! Lo censurable en Star Wars se convierte en óptimo en Star Trek. ¿Y eso?

Considero injustísimo qué fuerte flagelo se ha infligido a Lucas por la nueva Trilogía. La abrasión es despiadada, en serio. Palpatine llegó a Emperador de algún modo. Lucas, no han querido apreciárselo, ha debido contar una historia ingrata de movimientos traicioneros y sinuosos, efectuados por sujetos de moral nula que pervierten cuanto creen los demás, en pos de un fin. Su poder omnímodo.

Asimismo, Lucas estaba transfiriendo reflejo de la actualidad de su nación. George Bush, Jr., y los lobbys que sostenían su gobierno (y, sin duda, el presente), apelaron al miedo fruto del 11-S 2001 para crear una atmósfera que justificaba excesos militares, policiales, o intervenciones mundiales tanto en nombre de la Seguridad Nacional como argüían que, así, cortaban de raíz la amenaza, evitando que golpease sus playas.

Palpatine gesta un estado de opinión galáctico similar y, a base de prebendas, sobornos y tejemanejes, obtiene apoyos que ayudan a convencer al populux que la única opción es la guerra, el control militar y policial de la vasta Galaxia. So pretexto de prevenir el Mal, vigila cuan Gran Hermano no sólo a la oposición, sino al resto del Cosmos.

Los Episodios II y III son muy oscuros. Aún maduros. Y por eso, pese a la fantabulosa pirotecnia de la ILM, los barrocos escenarios extraterrestres, etc., han caído mal. Se les masacra a gusto sólo porque nos recuerdan nuestro día-a-día. Se alejan del concepto simple-y-bonito del Bien-contra-el-Mal emprendido por el paladín en justa defensa del débil contra el aplastante aparato gubernamental controlado por el oscuro brujo.

Lo tópico es la receta del éxito de Star Wars. Curiosamente, cuando la ha vuelto a aplicar en la nueva Trilogía, se ha tachado de puerilidad. A ver, espectadores: ¿qué esperabais de esos Episodios? En serio: ¿qué? Para mí, son óptimos. Vibrantes, incluso.

Ahora están reponiendo las pelis clásicas de Star Trek; aparte de que son presuntuosos relatos de la Liga del Pomposo Geriátrico Estelar, aburren. Carecen del estímulo fantástico y juvenil de Star Wars. Las interpretaciones pegan bocados. Mientras que Star Wars desprende sensación de Gran Cine, esos filmes sueltan tufo a ser telefilmes con pretensiones.

Debemos agradecer exista la Doble Santa Trilogía. De ella ha emanado un fluente caudal de recursos de ocio que, desde luego, en su puñetera vida Star Trek podría proporcionar. Tomaos cinco minutos y meditadlo. Igual, tengo hasta razón.

Respeto, pues, por la Saga. Por su creador. Ha hecho soñar: como pocos.

© Antonio Santos
(801 palabras) Créditos
Publicado originalmente en Una historia de la frontera el 20 de julio de 2015