El valor educativo de la ciencia ficción
por Cristián Londoño Proaño

Hugo Gernsback, uno de los promotores y precursores de la ciencia-ficción, argumentaba en sus publicaciones de Amazing Stories que la ciencia-ficción tenía el valor de predecir y educar. Por un lado, Gernsback consideraba que la ciencia-ficción imagina nuevas tecnologías, e incluso, él mismo ideó nuevos artilugios futuristas. Por otro lado, Gernsback colocaba en las primeras páginas de su revista Amazing Stories varias preguntas que las respondía en las páginas posteriores. Por ejemplo, ¿Cómo es el planeta Venus? Respuesta en la página 29. Así consideraba que contribuía educativamente al lector.

Pero no se puede dejar de mencionar que algunos de los supuestos científicos que se escribieron en las historias de ciencia-ficción quedaron desactualizados. En las décadas anteriores, Asimov consideraba que estas desactualizaciones se debían a que los escritores de ciencia-ficción quedaba rezagados. Premisa válida en las décadas anteriores. El propio escritor ruso nacionalizado estadounidense lamentó en uno de sus artículos que su obra FUNDACIÓN no mencionaba quasars, pulsars y agujeros negros. No lo había hecho porque en el tiempo en que escribió las novelas, no se los habían descubierto. Otro caso, Asimov contaba que, en uno de sus relatos escrito en 1940 había inventado un nuevo elemento de la tabla periódica. Según el relato, el elemento 43 era el Masurio y se descubrió de manera natural. Para escribir el relato, Asimov se había basado en una noticia de 1925. Pero, unos años después, fue desmentido y el elemento 43 fue producido en laboratorio y se llamó Tecnecio. Pero el tema de la desactualización va más allá, el Tecnecio se descubrió en 1937. Sucedió que cuando Asimov escribió su relato, nunca tuvo acceso a esa información, y ésta le llegó más tarde. Pero, en los tiempos contemporáneos, esta desactualización del escritor es mínima. La vasta información que se puede encontrar en Internet, hace que los escritores de ciencia-ficción no queden rezagados, porque en primera instancia deben investigar sobre el tema del relato que quieren escribir y recogen los últimos avances científicos. Adicionalmente, los escritores de ciencia-ficción pueden tener los ensayos científicos con sólo suscribirse a publicaciones científicas gratuitas. Por ejemplo, si se investiga en la página web de la NASA, se pueden observar los anillos de Saturno. Esta información está en línea y disponible.

¿Acaso intento demostrar que la ciencia-ficción pierde valor educativo por su problema de desactualización? Al contrario, la ciencia-ficción tiene un valor educativo sustancial, pero no tiene una confiabilidad de datos, puesto que puede contener datos desactualizados. Consideremos que un profesor hace leer una historia de ciencia-ficción a un estudiante. El profesor utiliza una historia que se desenvuelve en Venus y que fue escrita en la década del treinta del siglo XX, donde el escritor describe a Venus como un planeta primitivo, cálido y acuoso, y con un satélite. En términos científicos, la información está desactualizada. Pero, el profesor podría preguntar al estudiante sobre la realidad científica. ¿Cómo es Venus? ¿Qué composición tiene la atmósfera de Venus? ¿Cómo es la superficie de Venus? ¿Tiene un satélite? El estudiante se motivaría a investigar y en su búsqueda en internet, seguramente, descubría que los recientes estudios plantean que Venus tiene una atmósfera muy densa, compuesta de dióxido de carbono, nitrógeno, vapor de agua y gases nobles. Tiene una temperatura que oscila entre —45 y 499 grados Celsius. En la superficie venusiana haya grandes formaciones geológicas, por ejemplo, tiene una gran meseta llamada Ishtar Terra del tamaño de Australia y contiene una montaña de dos kilómetros más alta que el monte Everest. La superficie de Venus está compuesto —posiblemente— de un material llamado basalto. Venus tiene un asteroide casi satélite llamado 2002VE68, que según algunos científicos podría dejar de ser asteroide para convertirse en satélite en unos 500 años. Toda esta información encontrará el estudiante, a pesar que la historia de ciencia-ficción tuvo datos desactualizados. Es decir, el estudiante se motivó y tuvo deseo de conocer e investigar.

Otro caso práctico. En mi novela UNDERBREAK, la temática científica gira en torno a la creación de una máquina de control cerebral, basada en ciertas teorías neuronales publicadas recientemente. En este caso, el lector curioso podría motivarse a investigar sobre los últimos descubrimientos respecto a como funcionan las neuronas, cómo se almacena la memoria en nuestros cerebros, o que significa el olvido.

Hace unos años, mi novela de ciencia-ficción LOS IMPRODUCTIVOS motivó a un estudiante de colegio para realizar una monografía. La temática de mi novela gira en torno a la genética y al capitalismo extremo. Temas que motivaron al estudiante para realizar planteamientos sobre el capitalismo, la dicotomía cínica de ganador-perdedor y los modos de vida contemporáneos. Es decir, el estudiante se motivó a investigar.

En pocas palabras, la ciencia-ficción estimula la curiosidad y el deseo de descubrir. Puede motivar para investigar textos científicos y sociales. Esto transforma a la ciencia-ficción en una útil herramienta educativa.

© Cristián Londoño Proaño
(818 palabras) Créditos
Publicado originalmente en Ciencia-ficción, fantasía y otras imaginaciones el 7 de junio de 2020