Primavera del 2020
Un laboratorio de ideas imaginado el futuro ¿quien gana?
por Francisco José Súñer Iglesias

La vocación típicamente aventurera de la ciencia-ficción nos ofrece una amplia galería de ganadores. Prácticamente en toda historia hay ganadores y perdedores, por lo general ganan los buenos y pierden los malos.

Una ejemplo típico de ganadores y perdedores tras una crisis turbulenta la tenemos en DUNE, los Atreides masacrados por los Harkonnen se alzan finalmente triunfantes gracias a su integración con los fremen de Arrakis. En contraportadas y algunos estudios se incide en la vocación ecológica de DUNE, cuando realmente asistimos es a una lucha salvaje por el poder y el control de la economía.

Jack Vance también hacía de sus héroes ganadores natos. Los enfrentaba a situaciones crecientemente comprometidas de las que siempre salían triunfantes. La particularidad de los héroes vancianos, además de su astucia e imperturbabilidad, era que más allá de ganar la partida a los malos solían beneficiarse en gran medida con abundantes riquezas o poder. No era solo que humillaran a sus enemigos, sino que además obtenían, o en casos recuperaban, un patrimonio más que suculento.

También es recurrente la figura del pícaro espacial. Ya sea como contrabandista, ya como simpático vagabundo, éste tipo de personaje se mete en los líos más enrevesados de los que sale triunfante gracias a su ingenio y, sobre todo, su buena suerte. El más popular sea, quizá, el Han Solo de LA GUERRA DE LAS GALAXIAS. Fullero y caradura, siempre se sale con la suya, si bien su última aventura toma trágicos tintes de mito griego. Naturalmente que los autores españoles, siguiendo la tradición picaresca de nuestra literatura, pusieron en órbita personajes de similar catadura. Marsuf, de Tomás Salvador, al que dedicó una buena cantidad de relatos repartidos en dos volúmenes (MARSUF, EL VAGABUNDO DEL ESPACIO y NUEVAS AVENTURAS DE MARSUF) y Gabriel Luján, cuyas aventuras relata Carlos Saiz Cidoncha en MEMORIAS DE UN MERODEADOR ESTELAR.

Aunque hay contra ejemplos donde son los malos los que terminan victoriosos. En el remake de V de 2009, la precipitada cancelación de la serie dejó a los malvados lagartos espaciales dueños y señores absolutos de la situación. Seguramente, en una tercera temporada la resistance hubiera sido una molestia creciente para los visitantes y en la cuarta se les hubiera echado a patadas de la Tierra, pero como no fue, esta es una de esas raras series de televisión donde ganan los malos.

Pero es el signo de los tiempos, los héroes optimistas e invictos van quedando atrás en beneficio de personajes torturados, a los que su pasado no deja en paz y condiciona su forma de encarar la vida. No es para menos, visto el panorama que tenemos y que no remonta desde hace ya más de una década, el cine y la literatura se hacen eco de ello y, excepto cuando se dirige a públicos más jóvenes, nos muestra un futuro sombrío y sucio.

Acabamos de tener una muestra de ese futuro, presente, desolador. Obviamente lo que ha sucedido está muy alejado de los inevitables excesos dramáticos, pero ha dejado una larga lista de perdedores, con decenas de miles de muertos, empresas quebradas, sectores deprimidos, gente sin trabajo...

Pero también hemos tenido ganadores. Olvídate de que en chino, crisis es sinónimo de oportunidad, pero no es menos cierto que en las crisis hay quien sale perjudicado y ha quien se fortalece. Depende de las crisis y de la ventana de oportunidad.

Por lo pronto, si algo ha salido ganando ha sido la colaboración público-privada-particular, o por decirlo de otra manera, la respuesta espontánea como sociedad que se ha dado a la crisis. En lo peor de la epidemia los equipos de protección escaseaban dramáticamente, no había ni mascarillas, ni geles desinfectantes, ni respiradores, y no fue precisamente las buena gestión de la clase política la que desenfangó la situación. Muchas empresas hicieron apresuradas modificaciones en sus líneas de producción para fabricar elementos de seguridad y los muy necesarios respiradores, al igual que muchos particulares que pusieron a trabajar sus medios domésticos en la misma dirección, por su parte, los funcionarios (policías, militares, sanitarios) se pusieron manos a la obra con toda profesionalidad.

Vimos lo que era una sociedad autoorganizándose, detectando necesidades e intentado paliarlas en la medida de lo posible. No hay más que ver la producción casera de mascarillas, inicialmente bastante caótica y sin muchas garantías sanitarias, pero que algo alivio la situación de muchos, iniciativa que se trasladó al mundo empresarial donde ya con más medios y mejores materiales, se acabaron fabricando en masa mascarillas con todas esas garantías. Todo esto sin que gobierno alguno sugiriera ni por asomo nada parecido.

Con los equipos médicos, otro tanto. Decenas de iniciativas de ingenieros y particulares tuvieron listos en pocos días prototipos de respiradores y pantallas de protección que se podían construir a base de un sistema descentralizado de fabricación mediante impresoras 3D, tanto industriales como caseras, y se organizaron redes logísticas para su montaje centralizado. ¿Qué hicieron los burócratas al respecto? Dar vueltas a normas y reglamentaciones de homologación que retrasaron la llegada de esos equipos a sus destinos. Reconozcamos que tiene su lógica, puesto que un equipo inadecuado puede dar falsa sensación de seguridad, pero esos equipos dudosos pueden ser dirigidos hacia sectores menos críticos y entregar a quienes estén más expuestos los pocos que si fueran adecuados.

Es una lástima que la clase política sea incapaz de aprovechar esas sinergías (por si había oído alguna vez esa palabra, de eso se trata), y en cuanto la crisis ha cedido han vuelto a sus cosas de enfrentar y polarizar.

Por supuesto, otros grandes ganadores han sido las empresas de farmacia y biotecnología, pero por una simple cuestión de que ya estaban en ese nicho de negocio, y lo único que tuvieron que hacer es aumentar el ritmo de fabricación de sus productos más demandados. Algo que tampoco es fácil, montar nuevas líneas de producción no es algo inmediato. Hay quien se siente muy ofendido porque estas empresas saquen beneficios de la desgracia humana, pero también son esas mismas empresas en colaboración con miles de científicos del ámbito público y privado (ahí están de nuevo las sinergías) las que están investigando a marchas forzadas para encontrar una vacuna efectiva en el menor tiempo posible.

No es menos cierto que quincalleros sin escrúpulos han aprovechado para colocar mercancía averiada en el mercadillo persa en el que se convirtió el mercado de los consumibles sanitarios. Nuevamente, a quienes mayoritariamente se la dieron con queso fue a... efectivamente, los agentes gubernamentales que, con poca experiencia en este tipo de trapacerías compraban lo que les daban al precio que les pedían, mientras que se despreciaban cadenas logísticas ya asentadas conocedoras de los mercados de origen y sus peculiaridades a la hora de trabajar, y eso sin entrar en la opacidad con la que se gestionaron ciertas compras y contratos.

Precisamente, el cambio de paradigma del comercio hará que los gigantes crezcan aún más. Hasta ahora el comercio electrónico era considerado como una vía de venta más, a partir de ahora, quien monte un negocio tendrá en la venta online como marco principal de referencia. El confinamiento ha aumentado de forma exponencial las ventas por Internet, de hecho, el sector de la mensajería ha crecido durante estos meses a casi el doble de su tamaño en febrero. Con el tiempo la locura por la compra electrónica volverá a unos niveles más razonables (sobre todo cuando se acaben los ahorros) pero si no lo era ya, se ha convertido una tendencia consolidada.

El teletrabajo sale también fortalecido. Al menos en España, el paraíso del presentismo. Hasta ahora había una cierta desconfianza del empresario hacia el teletrabajo, en parte porque empresario y trabajador siempre se han visto el uno al como enemigos y preferían vigilarse, sobre todo el primero al segundo. Pero con esta crisis se ha descubierto que el teletrabajo no solo rebaja costos, sino que también aumenta la productividad, con la ventaja de que quien ya era productivo en la oficina lo seguía siendo en casa, mientras que quien no rendía a pie de obra, ha tenido muy difícil esconderse en estas circunstancias. El problema es que como se trata de una modalidad de trabajo nueva, hay muy poco reglamentado, y esos costes que se ahorra el empresario los suple el trabajador (electricidad siempre, teléfono en muchos casos, equipos informáticos, datos etc.) Con este impulso, y la amenaza de un rebrote que no se sabe si vendrá, muchas empresas están trabajando en esos aspectos porque está claro que el teletrabajo ha venido a quedarse.

¿Y qué decir de las plataformas con y de videoconferencia? Algunas casi han muerto de éxito, saturadas por el aumento inesperado de tráfico. El no poder encontrarse con familia, amigos y compañeros, nos ha hecho a todos expertos en videoconferencias. De los desastre de marzo a las fluidas charlas de ahora, ya cuando empiezan a no ser tan necesarias, se ha producido y apresurado proceso de aprendizaje y ampliación de infraestructuras. Obviamente las plataformas han mejorado su rendimiento ante la demanda, y solo obtendrán beneficios de la actividad empresarial, pero al relacionarse con el teletrabajo, parece que también han salido ganando con la crisis.

Otra industria que se ha beneficiado, aunque en términos de prestigio, han sido las de telecomunicaciones. España tiene la mejor red de fibra óptica de Europa, y la tercera del mundo. Las continuas quejas de lo cara que es la conexión en España han tenido una clara contestación durante estas semanas: para que no quedarse desconectado y aislado. Excepto por algunos problemas iniciales ante la avalancha de tráfico, el resto de estos dos meses las redes han respondido perfectamente. E incluso ha traído un beneficio para el propio consumidor, las operadoras han podido hacer algo con lo que siempre sueñan pero es complicado conseguir: unas pruebas de saturación, generar el máximo tráfico posible para comprobar como respondía la red en todos y cada uno de sus segmentos. ¿El resultado? Tan satisfactorio que la gran mayoría de los usuarios de redes móviles tienen datos ilimitados, como si de una conexión por fibra óptica se tratara.

A ese mismo prestigio se añaden las redes de distribución de alimentos, los famosos intermediarios. Durante los meses anteriores habían sido objeto de una campaña de desprestigio bastante virulenta, sin embargo, también han demostrado donde van esos supuestos sobrecostes de los que se les acusaba de incrementar los precios de los alimentos: a una red tan eficiente que en ningún momento se ha producido el desabastecimiento alimentario. Es más, a causa del cierre de la hostelería, se han podido adquirir (comercio electrónico mediante) algunos productos de calidad a precios muy asequibles debido a de que los productores no le podían dar su salida natural.

Hay otros muchos sectores que se han beneficiado o salido fortalecidos de la pandemia. Ahora la cuestión es si serán capaces de mantener esa ventaja adquirida o solo ha sido un espejismo temporal.


Notas
© Francisco José Súñer Iglesias
(1.825 palabras) Créditos