Primavera del 2020
Un laboratorio de ideas imaginado el futuro ¿qué derroteros tomará la política?
por Francisco José Súñer Iglesias

Si la economía, como argumento, ha sido generalmente ignorada por los escritores del género, la política ha sido fuente de un sin fin de cuentos, novelas y hasta sagas en las que los tejemanejes políticos han sido los protagonistas. Sin embargo, como a la vez es muy tentador derivar el chanchulleo político en cuestiones más bien diplomáticas, o simplemente sociológicas, es fácil confundir una estampa costumbrista con una especulación política.

Como ejemplo, el primero que se le viene a la cabeza a casi todo el mundo: 1984. ¿No se habla de política en 1984? Realmente no. Se relatan las desventuras de Wiston y su inútil enfrentamiento contra el estado, el Partido y el Gran Hermano, pero aparte de las políticas (entendido en este caso como medidas o disposiciones) represivas y una diplomacia cambiante, se habla poco de cuales son los verdaderos objetivos políticos del Partido. Tanto es así, que si bien siempre se había tomado 1984 como un alegato anti-comunista, últimamente desde posiciones comunistas se está reivindicando 1984 como un alegato anti-fascista, amparándose en que Orwell, participó en la Guerra Civil española como miliciano adscrito al POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista), omitiendo que precisamente esa experiencia le hizo tomar posiciones cada vez más críticas hacia las organizaciones socialistas y el estalinismo Si es posible ese malabar es porque 1984 no habla estrictamente de política, sino de los peligros del totalitarismo, y en las tiranías, la política se reduce a la que ejerce un estrecho círculo cercano al poder donde, más que proponer opciones y soluciones, se juega a la conspiración y las alianzas personalistas.

Naturalmente, el siguiente de la lista es UN MUNDO FELIZ, pero estamos igualmente en una utopía eugenésica, donde no ya es que la casta la marque el nacimiento, sino que se induce artificialmente durante la gestación, de modo que los individuos no tienen el menor incentivo para ejercer una actividad política relevante, o al menos enfrentarse al sistema, como si ocurre por contra en LA FUGA DE LOGAN, aunque en ese caso hablemos de eutanasia extrema.

Tenemos que irnos de nuevo a Asimov y las primeras Fundaciones para ver algo de acción política de verdad. En el relato LOS ENCICLOPEDISTAS y su continuación, LOS ALCALDES, describe como la Fundación se ha convertido en un estado anquilosado y burocratizado, los enciclopedistas, ensimismados en su trabajo, dejan de lado las obligaciones del gobierno y son derrocados por un golpe de estado democrático del pujante Salvor Hardin, alcalde de Términus. Él mismo, años más tarde, anciano y fatigado, deberá enfrentarse a la misma posibilidad ante una oposición envalentonada.

En estos últimos años, donde curiosamente hemos visto una batalla política de dimensiones épicas ha sido en la segunda trilogía (o primera, si se prefiere la cronología interna de la saga) de la Guerra de las Galaxias. Aunque son sucesos de importancia que marcan los acontecimientos posteriores, nada menos que el nacimiento del Imperio, quedan opacados por las tramas de los Jedi y la evolución del propio Anakin. La República es débil, enormes fuerzas centrifugas amenazan con desmembrarla y convertirla en un campo de batalla entre diversas facciones. El senado es un puro gallinero donde nadie se escucha, ¿Quién es el único que tiene interés en que la estructura socio-económica de la República sobreviva ante tanto despropósito? Nada menos que el malo, el senador Palpatine, que no obstante tampoco es precisamente trigo limpio. En una frase memorable Amidala, describe el desenlace a la perfección: Así es como muere la libertad, con un estruendoso aplauso.

En España, durante estos meses, hemos visto incluso más actividad política que meramente sanitaria. La cuestión fue que, vista la gravedad del asunto, el gobierno necesitaba de unos poderes extraordinarios mediante el Estado de Alarma, que se aprobó por mayoría absoluta en el Congreso, eso permitía al gobierno limitar la libre circulación de las personas, medida necesaria para atajar la dispersión del virus, dedicar recursos extraordinarios para combatirlo, y en última instancia centralizar las decisiones estratégicas que fueran convenientes.

Lo que muchos echamos en falta, y en vista de que el virus no respeta a nadie, sea cual sea su ideología, nivel social y económico, fue la constitución un pacto de estado amplio, de una comisión de notables, participada por todos los partidos, que sin sustituir al gobierno, emitieran juicios de carácter puramente técnico y políticamente neutros que encaminaran las medidas a tomar.

Debido a una mezcla de arrogancia (palabra recurrente durante toda esta crisis) ambición desmesurada e inquinas enquistadas, no sucedió así, y como en España muchas de las competencias que había absorbido el gobierno central hacía tiempo que habían pasado a manos de los gobiernos autonómicos, el caos no se hizo esperar. La falta de preparación y experiencia (baste decir que el Ministro de Sanidad es licenciado en filosofía, aunque al parecer tiene algún estudio adicional) se han demostraron en el día a día. El caos se sumó a la anterior falta de previsión, y durante el mes de marzo y parte de abril solo las crecientes noticias sobre infectados y fallecidos solapaban una labor tan pobre.

Pero es que además el Gobierno Central aprovechó este estado excepcional para tomar medidas que nada tenían que ver con la emergencia sanitaria, y como era previsible, la tensión fue aumentando, hasta acabar inmersos en una continua y sostenida bronca política, con el gobierno haciendo oposición a la oposición, tejiendo malabares para conseguir los votos necesarios para prolongar el estado de alarma, y mintiendo y traicionando a sus efímeros aliados a las pocas horas de haber conseguido su apoyo.

Las batallas del gobierno central con los autonómicos no han sido menos cruentas, además de las acusaciones cruzadas en las declaraciones formales, los aparatos propagandísticos y las banderías en Internet cruzaron a toda velocidad críticas e invectivas a cual más sangrante, con más frecuencia entre gobiernos de distingo signo, pero incluso hemos visto como los barones del PSOE han arremetido contra el presidente del gobierno cuando este ha tomado algunas sus decisiones más controvertidas, que incluso han creado tensiones graves dentro del propio gobierno.

Como corresponde a los tiempos modernos, donde la batalla dialéctica ha sido, y no tengo duda que seré, más dura ha sido Internet. Twiter, esa barra de bar atiborrada de cuñaos borrachos donde todo el mundo está presto a ver quien suelta la barbaridad más bárbara, ha certificado disparate tras disparate. Es el designio de los tiempos, amplificado además por los medios tradicionales, en particular la televisión, y que a la larga, pese a ofrecer una visión bastante distorsionada de la realidad, acaba por tener cierto predicamento.

Digo distorsionada porque además se distorsiona deliberadamente. Los autómatas, los llamados bots, han colonizado las redes sociales, de modo que muchos de los apoyos que reciben cuentas más o menos oficiales, o de personajes públicos, no están respaldadas más que por humo. Los partidos de la nueva política han entendido a la perfección que esta herramienta les es y será sumamente útil, y no dudan en lanzarlos en defensa del amigo o ataque al enemigo.

La dispersión del espectro electoral, la radicalización de posiciones, la manipulación interesada y vergonzante de los medios de comunicación (¿cuándo veremos esos palos de golf?) los continuos bandazos, dobleces y tensiones del propio gobierno, no hacen presagiar nada parecido a la estabilidad durante los próximos años en los que, además, veremos la mayor crisis económica desde las debacles de las guerras de mediados del siglo XX.

Viviremos, vivimos, épocas interesantes.


Notas

Así se llama en España de una forma un tanto irónica a los máximos dirigentes regionales de los partidos políticos.

Literalmente, vulgarismo de cuñado. Estos últimos años se utiliza para designar al Listo que Todo lo Sabe, e inventado, probablemente, tras alguna cena navideña.

© Francisco José Súñer Iglesias
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