Primavera del 2020
Un laboratorio de ideas imaginado el futuro ¿qué pasará con la economia?
por Francisco José Súñer Iglesias

La ciencia-ficción no ha tenido buenos ejemplos de especulaciones económicas. Probablemente porque es un tema árido, que si bien nos afecta íntimamente en el día a día, comprenderlo e intentar hacer una proyección a futuro resulta bastante complejo, por más que precisamente ese día a día consista en equilibrar ingresos y gastos para evitar que los segundos superen a los primeros.

Tengamos en cuenta además que tratamos de un tema íntimamente ligado a la política. Casi cualquier decisión política tiene implicaciones económicas, a día de hoy derecha e izquierda no se entienden sin bucear profundamente en sus planteamientos económicos, y con todo, si pregunta a un liberal, aparentemente de derechas, sobre ciertas cuestiones de índole social y personal seguramente le dirá cosas que escandalizarían a la izquierda más mojigata.

Hace años, con la implantación del euro, escribí un artículo de portada intentando rescatar alguna obra que tuviera el dinero y su evolución como tema central, apenas puede recordar ejemplos que lo tratara más allá de la referencia a cierto tipo de moneda universal, como el ubicuo crédito. Uno de ellos, y que explica muy por encima la teoría del dinero, fue el que dio Jack Vance en el Ciclo de Tschai. La moneda que se usa en ese mundo son los sequins, en realidad las semillas de unas plantas que crecen en un territorio tan salvaje e inhóspito que conseguirlas era una apuesta a vida o muerte, de ahí provenía su valor, que eran escasas y difíciles de conseguir. Un par de años más tarde, Eduardo Gallego y Guillem Sánchez publicaron el relato PÁJARO EN MANO, donde trataban de forma muy original como cualquier objeto lo suficientemente escaso puede convertirse en moneda de uso común.

Otra obra donde se entreveran cuestiones políticas y económicas es DUNE. Arrakis es un planeta de incalculable valor porque es el único lugar del Universo donde se produce la especia melange, y sin ella, son imposibles los viajes interplanetarios, al menos a unas velocidades que los haga rentables. La pugna entre los Atreides, los Harkonnen el Imperio y los fremen es fundamentalmente de índole económico: quien controla la especia controla la economía del Imperio, y por tanto tiene el poder.

A finales del siglo XIX y principios del XX, con el auge del socialismo se escribieron gran cantidad de utopías donde se imaginaban lejanas islas o futuros donde éste había triunfado y la gente era relativamente feliz, EL AÑO 2000, UNA VISIÓN RETROSPECTIVA, de Edward Bellamy, publicada en 1887, es un buen ejemplo. Hasta Julio Verne se atrevió con ello en LOS QUINIENTOS MILLONES DE LA BEGUN, donde contrapuso la idílica (y socialista) France-Ville con la opresiva (y capitalista) Stahlstadt, poniendo sobre la mesa críticas feroces a la burocratización, la centralización excesivas, y advirtiendo de de los colapsos bursátiles.

En la línea de Verne, durante el siglo XX hemos tenido decenas y decenas de obras distópicas donde se nos muestran las condiciones en las que queda la gente tras el advenimiento del malvado capitalismo, cargando las tintas, sobre todo, en el aspecto melodramático pero sin incidir realmente sobre las causas de ese estado de cosas.

Pero los sucesivos fracasos del socialismo y el comunismo durante el siglo XX, y su evidente falta de respeto hacia las libertades, significaron el surgimiento de una larga serie de novelas y autores de corte liberal, y sobre todo libertario. La más significativa y radical es LA REBELIÓN DE ATLAS, de Ayn Rand, donde describe las fatales consecuencias de un intervencionismo extremo, y por supuesto tenemos que mencionar a R. A. Heinlein, con una larga obra en la que, sobre todo, repudia el estatismo y la pérdida de libertades individuales.

Sin embargo, que se haya prestado tan poca atención a la economía desde la ciencia-ficción es, claramente, a causa de que apenas haya habido economistas que hayan escrito ciencia-ficción. Tenemos tantas novelas sobre agujeros negros e inteligencias artificiales porque a físicos e ingenieros les apasiona el género, y tantas distopías oscuras, porque a la gente de letras no es tanto que les apasione el género, como que resulta un estupendo vehículo para especular con sus reflexiones de intelectuales temerosos del futuro y de algunos presentes. En realidad, bastante tienen los economistas intentando predecir el futuro como para además dedicarse a la ciencia-ficción.

Así pues, si hay alguna obra que adelantara la situación en la que nos encontramos, la desconozco, pero es que además hemos entrado en un terreno que a nadie, nunca, se le había ocurrido que pudiera suceder, esto es: parar el mundo (por cierto, a todos los mongers que estaban esperando esta oportunidad para bajarse que se larguen ya. O dejen de lloriquear de una vez).

Ha resultado sobrecogedor como han bastado un par de meses de paralizar, y no por completo, la actividad económica para que todas las previsiones, todas las cuentas, todos los proyectos financieros se hayan ido por los suelos. Solo en el mes de marzo el PIB de España se contrajo un 5%, y se espera que hasta el fin de año se reduzca hasta un 8%, y hasta un 12% según los más agoreros No parece mucho, pero eso ha significado que todo ese dinero que antes se movía permitiendo a su vez adquirir más bienes y servicios y pagar préstamos, se haya quedado congelado. Si no se produce no se oferta, pero es que además tampoco hay demanda, por lo que tampoco se compra lo que se oferta.

Vale se podría pensar, cuando esto se acabe se pondrá todo en marcha y la cosa volverá a funcionar como antes Eso sería así si se hubiera parado todo, en seco, pero en realidad las obligaciones financieras han debido cumplirse, la Hacienda Española apenas ha perdonado pagos, los bancos han condonado algunos créditos pero no todos, los servicios (alquileres, suministros) han tenido que seguir pagándose en mayor o menor medida. Es decir, que se ha estado gastando sin tener ingresos, acabando con las reservas, y se ha demostrado que por mucha liquidez que tenga una empresa o un particular, solo se puede aguantar durante un tiempo, normalmente escaso.

Para entender la economía hay que considerarla como un sistema fluido en el que, si no se interrumpe la corriente, todo corre con suavidad. Cuando se le ponen obstáculos empiezan las turbulencias, se remansa, fluye con excesiva velocidad, o se embalsa.

Es lo que ha ocurrido, y como en todas las riadas, hay quien pierde todo.

Para poner de nuevo la maquinaria en marcha es necesario combustible, dinero, y no parece haber mucho, al menos por parte de quien más lo necesita, y las soluciones no son fáciles ni se pueden enfocar desde un solo punto de vista, desde que el Estado, o Europa, lo salve todo y lo pague todo, que propugna fundamentalmente la izquierda, hasta el alivio de fiscalidad, regulaciones y restricciones para que el escalón no sea tan alto, como se propugna desde los sectores liberales.

La situación ya se pronosticaba tormentosa desde hacía algunos años, pero el huracán COVID-19 lo ha arrasado todo.

Lo que nos espera será cualquier cosa menos fácil.


Notas
© Francisco José Súñer Iglesias
(1.194 palabras) Créditos