Primavera del 2020
Un laboratorio de ideas previniendo desastres
por Francisco José Súñer Iglesias

En la película TEMBLORES, Burt, uno de los personajes, tenía montado un formidable bunker, bien provisto de armamento y provisiones para cinco años, en previsión de invasiones, guerras nucleares y cualesquiera otra catástrofe que pudiera alterar su American life of way. El problema de Burt es que su grado de paranoia había llegado a tal extremo que incluso la ubicación del bunker estaba estudiada hasta el último detalle, lo que le había llevado a construirlo en mitad del desierto, sobre un lecho rocoso, geológicamente muy estable... y tan alejado de la civilización que su life of way no era exactamente el que consideramos cómodo y civilizado. A prueba de bombas, por supuesto, pero un tanto ascético.

La montaña Cheyenne, cerca de la ciudad de Colorado Springs, es otro clásico de las películas apocalípticas. La hemos visto en JUEGOS DE GUERRA, Stargate SG-1, hasta en South Park. En las instalaciones construidas a base de perforar el granito que conforma la montaña, la Fuerza Aérea de Estados Unidos centraliza las instalaciones de control que, en caso de guerra nuclear, deben quedar a salvo de cualquier contingencia.

En Los 100, también vimos una instalación similar, el Monte Weather, donde los restos de la civilización pre-holocausto sobreviven, malamente, eso si, protegidas de las inclemencias del exterior.

Matthew Mather lleva al paroxismo el colapso de Nueva York a causa de un ataque hacker, una tormenta brutal y una epidemia de gripe aviar en CIBERTORMENTA, pero al igual que Burt, Chuck, uno de los vecinos del protagonista es otro paranoico que acumula de todo, con lo que salva la papeleta, hasta cierto punto.

En resumen, que el aficionado al género, y el público en general, está acostumbrado a pensar que, de algún modo, alguien tiene un plan de contingencia para situaciones extraordinarias. Pandemias no las hay todos los días, pero es un hecho que los avisos del SARS, en 2003, el H1N1 en 2010 y el MERS en 2012 daban algunas pistas sobre la posibilidad de que en algún momento, alguna de ellas, se extendiera por el mundo trascendiendo más allá del guión de una película catastrofista. Sabiendo esto, ¿tan difícil era tener ese plan y esas reservas estratégicas de material básico de protección? Pues parece ser que si. Como ya comenté una mezcla entre la arrogancia, lo cultural y lo racista (nuestro sistema sanitario es el mejor del mundo, nosotros no comemos cosa raras..., es cosa de chinos), además de intereses políticos y económicos, han implicado que se reaccionara tarde, mal y sin medios materiales suficientes para hacer frente a la emergencia.

En cuanto a los planes, es cierto que existe una conciencia clara de que pueden darse epidemias y pandemias graves. En lo que respecta a España, en el capítulo 4 de la Estrategia de Seguridad Nacional, Amenazas y desafíos para la seguridad Nacional se habla sobre el asunto, pero de una forma muy general: si, sabemos que puede suceder, y habrá que ver como se resuelve. El documento data de 2017, no he encontrado nada posterior, y no se si hay algún plan elaborado más allá de detección y contención de focos a nivel local. Por lo que hemos visto hasta la fecha, no lo parece, sin embargo, si he encontrado un Plan Nacional de Preparación y Respuesta ante una Pandemia de Gripe, del 2005 actualizado el 2006 a raíz de la epidemia de gripe aviar, donde que se insiste en que se deben crear comisiones, subcomisiones y desarrollar protocolos y mecanismos de vigilancia, pero de nuevo no he visto (o al menos no he sido capaz de interpretarlo) medidas concretas y prácticas al respecto. Documentación hay, supongo que si hubiera sabido bucear entre siglas, nomenclaturas y otros condicionantes técnicos habría encontrado el PLAN, pero la sensación general ante la improvisación, lentitud de reacción y falta de rumbo de la autoridad competente es que la autoridad tampoco ha sido capaz de encontrar el plan.

Al menos en los documentos descritos no he visto nada acerca de las medidas sociales, es decir, el confinamiento de la población y la vigilancia policial del mismo. Tampoco nada en cuestión de plazos, aunque esto es más difícil puesto que cada amenaza es distinta, ni que debe movilizarse, ni en que cantidad. Solo líneas maestras.

Respecto al equipamiento tampoco, aunque habría que tener en cuenta que hay dos tipos muy diferentes, por un lado el fungible de uso general y aplicable prácticamente a cualquier tipo de infección vírica o bacteriana, esto es, los famosos EPIs: máscarillas, guantes, batas y monos especiales, desinfectantes etc. A nivel militar, hospitalario en incluso en los manuales de Seguridad e Higiene en el trabajo, si que existen protocolos y metodología para enfrentarse a amenazas bioquímicas, pero hasta ahora no se han tenido que extender a la población general, y ante la cantidad de recomendaciones e indicaciones variopintas y contradictorias, me parece claro que tampoco había un plan al respecto.

Supongo que a partir de ahora esto cambiará. En tiempos de tranquilidad es un equipo realmente barato, y se pueden tener reservas estratégicas de los mismos, renovables mediante una simple rotación de stock. De hecho es algo que se hace con el petróleo. Si de repentinamente cesara la extracción y distribución de crudo, el mundo no se pararía, todos los países tienen petróleo almacenado para funcionar 30, 60, 90 días sin problemas. Más si se racionaliza el gasto. De modo que, si hubiera existido el plan, creo más que razonable que los responsables sanitarios dispusieran de ese acopio de EPIS, que además tienen un uso común ya de por si frecuente, lo que no supondría su ocasional caducidad. Que ya se sabe como se degradan algunos plásticos con el tiempo. Esto parece que ya está claro... pero nuevamente se han anunciado comisiones y subcomisiones que pongan en marcha esas mediadas de acopio.

Otra cuestión muy diferente es el equipamiento tecnológicamente más complejo, como los famosos respiradores. Se sabía que tarde o temprano se iba a producir una pandemia, pero era imposible saber de que se trataría y cuales serían sus síntomas. Una cosa son equipos de protección biológica, barreras al fin y al cabo, y otra los medios para tratar la enfermedad. En este caso el virus ha atacado principalmente las vías respiratorias, que no hubiera respiradores suficientes para contener la avalancha máxima de infecciones no es de extrañar. Pensemos que hubiera ocurrido si la peor consecuencia la hubieran sufrido los riñones con fallos renales. ¿De cuántas máquinas de diálisis se dispone? ¿Es conveniente tener almacenadas cien, doscientas por si acaso? ¿Qué más equipamiento se debe tener en reserva para el por si acaso? Imposible saberlo. Existían los respiradores que se necesitaban habitualmente en las UCIs, y hasta ésta fecha no teníamos noticias de que nadie se hubiera quedado fuera de una UCI por falta de camas. En España la proporción viene a ser de unas diez camas por cada diez mil habitantes, depende también de la CC. AA. Con eso ha sido suficiente para la enfermedad habitual, pero con la pandemia la demanda se elevó al doble, el triple en CC. AA. como Madrid.

Otro de los indicios para confirmar que, más allá de la verborrea de los informes oficiales, no había el menor plan de actuación operativo, fueron las declaraciones de Pablo Iglesias en la rueda de prensa del 23 de abril haciéndose el propósito de reestructurar la industria española para poder atender las necesidades de suministro en caso de necesidad, sin depender de industrias e importaciones de terceros. Resulta gracioso, cuando no desalentador, por cuanto, por ejemplo, los fabricantes de bebidas alcohólicas tuvieron serios problemas burocráticos para hacer una conversión de sus industrias para la fabricación de geles desinfectantes, o los innumerables problemas de homologación de diversos EPIs fabricados por industrias reconvertidas rápidamente por sus (muy privados y capitalistas) responsables, e incluso por cientos de particulares de forma totalmente altruista.

Esta pandemia no es que haya desbordado, debido a una dimensión en cierto modo impredecible, los planes para prevenirlas, es que no había planes que desbordar. Supongo que cuando pase todo esto algo se hará, anuncios hay, pero como dije recientemente, ¿me llamarían paranoico si digo que me pone algo nervioso confiar esto a los mismos políticos que no supieron o no quisieron, paliar el tamaño del problema?


Notas

en 2013, la cifra se ha mantenido desde entonces https://tinyurl.com/vuuq78q

© Francisco José Súñer Iglesias
(1.408 palabras) Créditos