Distopías juveniles
por Antonio Santos

Vi un rato de DIVERGENTE, relato sobre una chica con superpoderes X-Men o algo así. Desarrolla su viacrucis en una Chicago del futuro, tras el apoqueclipse fruto del enigmático, pero descriptivo, término de la guerra. La ciudad, amurallada (detalle importante, me pareció, y más debido al tribalpunk al que esta muchacha se asocia), sobrevivía de despojos heredados de la guerra, e intentando edificar, como Aunty Entity, una Sociedad que eludiese los conflictos que llevaron a la voraz hecatombe. Pero sin Cúpula del Trueno, en apariencia.

Resulta llamativo que este filme (megataquillazo) provenga de un superventas juvenil escrito por una mujer. Hay por ahí dos o tres títulos más, de corte similar, a su vez inspirados en novelas redactadas por señoras, y cuyas protagonistas son chiquillas que empiezan a despertar a la madurez tras una pubertad más o menos caótica. Estas obras, remarco, gozan del favor popular, y seguro que de féminas entre adolescentes y más mayorcitas.

Las ocurre como con el manga: las pirra. Tiene más fieles lectoras que lectores, y se abocan con más pasión al cosplay, compartir y preparar eventos, que los varones. Nos toca la postura lacónica-hierática y fidelidad por el balompié. (Hum. Ese homoerotismo oculto de ver tantos tíos atléticos en paños menores...) Ir de Son Goku, adonde sea, requiere unos bemoles y falta de complejos y al ridículo notables. Admitidlo.

Pensando en conjunto en el tema, reparo en qué fuerte contradicción estas obras presentan cara al tipo de pedagogía social que intenta imponerse, basada en el respeto, la pluridad, la solidaridad y la paz, sobre todo. Estas novelas cosechan amplio respaldo por tener esas consignas, aparte de una protagonista (no un protagonista) que consigue contactar con las lectoras. Establecen comunicación. Se entienden. Los tíos son lo que son: falocráticos de nacimiento, y no comprenden las vicisitudes de la vida.

Desarrollan una temática más emocional que pasional. El epicentro sigue siendo el romance (la chatarra, las pruebas lacedemonias para superarse, el enemigo, amorfo o con rostro, son complementos necesarios para lubricar la verdadera trama: el amorío), añadido a la cooperación y la comprensión. Quizás el entendimiento y el perdón sean otros pilares de estas narraciones juveniles escritas con pobre estilo impersonal.

TROPAS DEL ESPACIO, la ¡aborrecida! la ¡archimaldita! es una novela juvenil. La escribió Robert A. Heinlein durante Década 50. Presuntamente, hace ¡loa! al militarismo y la vida castrense. La veneración de la fuerza, el individualismo, que se hace colectivo al sacrificarse el sujeto por el bien de la patria, la erótica de las armas.

Pero ambas obras tienen un elemento común: la violencia. Esta joven de DIVERGENTE, en su Esparta (lo que antes señalé de la muralla) postapoqueclipse, se entrena denodada para ser una gran guerrero. La Xena de los eriales norteamericanos tras esta debacle. Johnnie Rico quería ser soldado para contribuir a la victoria humana sobre los insectos andantes-pensantes de Klendathu. Ea: ¿no comparten la preparación militar, la fuerza, el despliegue de violencia? ¿Porqué, entonces, condenan a TROPAS DEL ESPACIO como obra filofascista y, sin embargo, DIVERGENTE se condona? ¡Ambas instan al lector: ¡Prepárate, en un severo entorno castrense, para luchar contra el enemigo (amorfo, con rostro) dispuesto a destruir al colectivo!!

Entiendo que la diferencia estriba, ajá, sí, en el sexo de los protagonistas, en su nicho de lectores. TROPAS DEL ESPACIO defiende, ante todo, la constante masculina del individualismo; DIVERGENTE, sospecho, la comunión, la cooperación. La solidaridad. Sensibilidades femeninas que, por supuesto, atrapan a sus lectoras. (Y no repito lo del romance con el carita de turno).

Me parece hipócrita que obras de naturaleza violenta reciban, en esta Sociedad tan extraña que estamos componiendo, una suerte tan injusta y dispar.

© Antonio Santos
(611 palabras) Créditos
Publicado originalmente en Una historia de la frontera el 30 de junio de 2016