Especial Vigesimotercer Aniversario, 7
Manipulación genética: un problema ético
por Antonio Quintana Carrandi

Cuando contaba dieciséis años, allá por 1980, leí por vez primera una obra de ciencia-ficción que me impresionó. Se trataba de UN MUNDO FELIZ, de Aldous Huxley, considerada todavía hoy como una de las novelas más importantes de nuestro género. El relato tuvo un impacto considerable en mi ánimo de aficionado a la ciencia-ficción, por cuanto se trataba del primer libro serio de esta temática que caía en mis manos. De entonces acá he vuelto a leerlo al menos cuatro veces más, y en todas esas ocasiones ha seguido fascinándome y aterrándome el hipotético futuro descrito por Huxley.

En UN MUNDO FELIZ el autor nos presenta una sociedad en la que el consumismo más desaforado ha sido elevado a la categoría de principio, y el hedonismo más absoluto se ha convertido en una forma de vida. Pero lo que más me impactó en su momento fue el concepto de una humanidad deshumanizada, valga el juego de palabras. En la obra de Huxley, publicada no lo olvidemos a mediados de los años 30 del siglo XX, los seres humanos son creados en laboratorios y mediante lo que hoy llamaríamos ingeniería genética. La de los seres humanos creados artificialmente era una idea novedosa, que contribuyó a aumentar la expectación que despertó la novela. No obstante, hubo críticos que en su día consideraron esto el aspecto más flojo de la narración, por razones obvias: en la época, la investigación genética todavía estaba en sus inicios, por lo que los planteamientos de Huxley resultaban increíbles.

Sin embargo, a lo largo de las décadas siguientes fueron produciéndose una serie de avances en el campo de la genética, que han acabado por llevarnos a la situación actual. Todavía no pueden crearse seres humanos artificiales, concebidos en laboratorio. Pero lo innegable es que cada día estamos un poquito más cerca de alcanzar lo aventurado por Huxley en su celebérrima novela. Y esa posibilidad es fascinante e inquietante a un tiempo. Fascinante, por las posibilidades que ofrece en lo que se refiere no sólo al tratamiento, sino a la prevención e incluso la erradicación de enfermedades potencialmente mortales, que podrían afectar a gran parte de la población; inquietante, porque pone en manos de los científicos la posibilidad de alterar a su capricho las leyes de la naturaleza. Confieso que encuentro esto último muy desasosegante, y, aunque en principio estoy a favor de los avances tecnológicos y científicos, creo que en lo que a investigación genética se refiere deberían respetarse ciertos límites éticos. Jugar a aprendiz de brujo, o lo que es peor, a emular a Dios, es, a mi juicio, muy peligroso y contraproducente. Una cosa es investigar con células madre para, por ejemplo, intentar erradicar una dolencia hereditaria, y otra muy distinta tratar de manufacturar personas. Algunos postulan que, en un futuro más o menos cercano, será posible que los padres elijan el color de ojos o de pelo de sus hijos, su sexo, su complexión física y hasta su capacidad intelectual. Tal cosa se me antoja aberrante, y, de llegar a producirse, creo firmemente que sería un primer paso hacia la creación de personas artificiales y, por extensión, hacia la deshumanización de la humanidad.

La ciencia-ficción nos ha planteado, en ocasiones, los problemas éticos que provocaría la existencia de seres humanos creados mediante ingeniería genética. En su novela ¿SUEÑAN LOS ANDROIDES CON OVEJAS ELÉCTRICAS? posteriormente llevada al cine por Ridley Scott en BLADE RUNNER (Ídem, 1982), Philip K. Dick especula con lo que podría suceder si fuésemos capaces de crear personas en laboratorio. Sus replicantes son casi indistinguibles de los seres humanos; de hecho, esos androides orgánicos son seres humanos, pues sus características son casi idénticas a las nuestras. Dada su naturaleza artificial, son empleados como esclavos, pues se les considera poco más que una propiedad. Pero poseen una suerte de libre albedrío, lo que les lleva a rebelarse contra sus amos. Si algún día llegase a crearse un hombre por medios artificiales, ¿sería considerado una propiedad o una persona? Y de ser considerado a efectos legales como una propiedad, (pues en puridad no habría tenido padres biológicos), ¿no se estaría dejando expedito el camino para que se desarrollaran programas como el visto en LA ISLA, film con un planteamiento básico innovador, pero que por desgracia acabó degenerando en un vacío espectáculo de acción y efectos especiales?

En Star Trek también se trató el tema de la ingeniería genética y sus peligros. En el episodio clásico Semilla espacial, a partir del cual se desarrollaría el guión del largometraje LA IRA DE KHAN, se habla de las denominadas guerras eugenésicas, provocadas por la ambición desmedida de una especie de superhombres creados mediante experimentación genética, en principio con la loable intención de mejorar la raza humana. Posteriormente, DS9 volvería sobre el mismo asunto en varias ocasiones. En LA CAZA DEL CAUTIVO aparece la raza de los Tos, antiguos primates que los autodenominados Cazadores hicieron evolucionar artificialmente, dotándolos de inteligencia, y cuya función en la cultura Cazadora es simplemente la de hacer la caza más peligrosa e imprevisible, y por tanto más interesante. Los Jem-Hadar, las tropas de choque del Dominio, son humanoides creados mediante ingeniería genética, concebidos exclusivamente para la guerra y entre los que, por ejemplo y por razones obvias, no existe el sexo femenino. Los Vortas, lugartenientes de los Fundadores o Cambiantes, eran en principio animales, que fueron alterados genéticamente por los metamorfos y que se reproducen mediante clonación. Pero las implicaciones éticas de la manipulación genética se trataron con más profundidad en algunos episodios protagonizados por el doctor Bashir, ya que sus genes fueron manipulados a instancias de sus padres, preocupados porque el pequeño Julian mostraba cierto retraso respecto a otros niños. Esta línea argumental sería ampliada en otros capítulos, en los que Bashir trataba de ayudar a cuatro personas que, como él, habían sufrido alteraciones genéticas, aunque con efectos no deseados.

En el universo ficticio Trek, la manipulación de los genes está prohibida por razones más que sensatas. En la vida real, un científico chino ha sido condenado recientemente por llevar a cabo ciertos experimentos genéticos no autorizados. Lo que hace veinte o treinta años entraba de lleno en el campo de la ciencia-ficción especulativa, hoy va haciéndose realidad. La manipulación genética es un hecho. En las próximas décadas veremos, sin duda, asombrosos descubrimientos en esta materia. Algunos serán beneficiosos para la humanidad, pero otros... Por eso abrigo el convencimiento de que debe legislarse sobre esta materia, cuanto antes y en profundidad, a fin de poner unos límites éticos a este tipo de investigaciones, máxime cuando pueden conducirnos a perder lo más valioso que poseemos: nuestra humanidad.

© Antonio Quintana Carrandi
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Antonio Quintana es colaborador habitual del Sitio