Especial Vigesimotercer Aniversario, 6
...todos los individuos de la especie humana...
por Guillermo Ríos Alvarez

Dos películas de ciencia-ficción en la década de 1980, terribles en otros respectos, plantean un protagonista que es una criatura sintiente, y que es perseguida por no ser humana. El conflicto se soluciona cuando la criatura sintiente jura lealtad a Estados Unidos, se vuelve ciudadana, y por la magia de lo jurídico... ¡Se vuelve humana! Chauvinismo patriotero aparte, en esta solución, vista respecto de un robot en CORTOCIRCUITO 2 y de una familia de alienígenas en MI AMIGO MAC, encierra una genialidad. El grueso de las historias sobre criaturas que aspiran a ser humanas, o dudan de su humanidad, tienden a enfocar el tema desde un ángulo filosófico o existencial: ¿Quién soy, de dónde vengo, hacia dónde voy, cuál es mi propósito? Pensemos por ejemplo en películas como BLADE RUNNER o GHOST IN THE SHELL, con sus humanos artificiales que sienten, recuerdan y penan como los humanos, sin serlo técnicamente.

El punto de genialidad que mencionábamos en CORTOCIRCUITO 2 y MI AMIGO MAC, que es al último, reducen toda la solución a un tema legal: Son humanos quienes la ley declara como tales, fin del asunto. La ley no se anda con pavadas; los filósofos pueden tener todo el resto de la Historia Universal para debatir el tema, pero en el intertanto, hay conflictos de relevancia social que solucionar. Así, la ley crea una categoría legal, la de humano, y vamos tirando de ella mientras aparecen nuevos posibles entes de ciencia-ficción que compliquen nuestra definición de humano, porque después de todo, estamos desarrollando tecnologías que nos permiten, o nos permitirán en un futuro a la vista, fabricar seres humanos de manera artificial, en parte o en el todo, o al menos mentes conscientes sintéticas: robots, softwares con conciencia, clones, híbridos con genes humanos y de otro tipo, etcétera. Lo que por supuesto, romperá todas las reglas del juego.

Con la perspectiva añeja y racionalista ilustrada de un Código Civil que entró en vigencia el 1 de enero de 1.857, el de Chile por más señas, su artículo 55 nos informa quiénes son personas: [...] todos los individuos de la especie humana, cualquiera que sea su edad, sexo, estirpe o condición. Es una regla sencilla y clara. Por un lado, si usted es ser humano, entonces es persona, y nadie puede privarle de sus derechos fundamentales so pretexto de usted sea un Untermensch. Por el otro, si usted NO es humano, entonces no tiene derechos fundamentales. En este panorama, ni el alienígena Mac ni el robot Johnny son humanos, y por tanto, en teoría a lo menos, malamente podrían volverse personas simplemente jurando lealtad a Chile. Interesantemente, este problema no es ciencia-ficción: En la actualidad se debate sobre los derechos de los animales, como seres capaces de cierto grado de sufrimiento. Por lo menos ante la ley chilena, no son personas sino cosas muebles semovientes, objeto de protección jurídica especial, sí, pero no personas, pero hay voces pidiendo que esto se modifique.

Por su parte, el artículo 74 establece: La existencia legal de toda persona principia al nacer, esto es, al separarse completamente de su madre. O sea, para la ley chilena, alguien que no está separado completamente de su madre no ha nacido ni es persona. Aparte del interminable debate sobre si esa separación se da con el alumbramiento o el corte del cordón umbilical, la tecnología del futuro nos dará problemas bastante interesantes: ¿Qué hay de los seres sintientes que no tienen madre? ¿Alguien nacido de un útero artificial, por ejemplo? En cuanto a un robot sintiente, ¿empezaría a ser persona cuando sea ensamblado por completo? ¿Cuando se cargue su sistema operativo y éste sea plenamente funcional? ¿Cuándo se le encienda...?

El artículo 78 plantea la situación reversa: La persona termina en la muerte natural. Lo que supone una cierta identidad entre la chispa vital y el soporte biológico de fondo, algo que hacía mucho sentido en un siglo XIX en que la muerte era simplemente cuando el corazón se negaba a seguir funcionando, pero ahora, con el tema de los soportes de vida artificial para los pacientes con muerte cerebral, se ha hecho mucho más complicado, y de la posibilidad futura, remota pero no imposible, de crear copias informática de respaldo, de la mente de personas en particular, ya ni hablemos.

Todo lo anterior gira en torno a una cierta noción de persona en tanto titular de derechos, identificada con el individuo humano en cuanto ente biológico. Lo que llega al punto de que, cuando se trata de las corporaciones, fundaciones y entes gubernamentales que pueden operar como personas en cuando al Derecho, el artículo 545 las define como personas ficticias, porque la persona natural es el ser humano como ente biológico, y fin del cuento.

Lo interesante del caso, es que no siempre ha sido así. El mismo siglo XIX vio la abolición de la esclavitud, y la esclavitud en términos jurídicos, consiste en que un ser humano no es persona, y por tanto, no tiene derechos, sino que es una cosa sobre la cual se puede ejercer derechos. Incluso, el Código Civil habla de muerte natural para contraponerla a la muerte civil, la pérdida de personalidad jurídica por tomar los hábitos eclesiásticos, aunque esta última desapareció hace muchas décadas de la ley chilena. A la inversa, en tiempos pretéritos se le reconocía personalidad a entes no humanos, y de ahí viene la comedia de los juicios emprendidos contra cerdos, perros o plagas de langostas, con toda la parafernalia procesal asociada, para que dichas bestias tuvieran adecuada defensa en juicio. La idea de la identidad entre persona jurídica y ser humano biológico en realidad es muy reciente, y fue codificada para nuestros tiempos recién durante el siglo XVIII.

Por supuesto, esto presagia que el futuro verá todavía más cambios. Las normas antiguas y sencillas sobre ser persona, o principiar o terminar como tal, se han visto alteradas por la inseminación artificial, la mantención de vegetales en soporte vital, la clonación, el trasplante de órganos, etcétera, y en respuesta, se han dictado leyes nuevas sobre la materia. Y es de prever que lo mismo sucederá cuando escenarios que CORTOCIRCUITO 2 y MI AMIGO MAC plantea como ficciónes, se hagan realidad. Nuestras definiciones sobre lo que es una persona han ido cambiando con el tiempo, y es de prever que seguirán cambiando, a tono con la propia realidad de nuestras relaciones sociales.

Por supuesto, lo más conflictivo del asunto son los derechos fundamentales de la persona humana, o como los quieran llamar. Debates doctrinales aparte, lo básico de los mismos, es que son consensos respecto de los miramientos que debemos tener y mantener hacia la dignidad humana. Es decir, afirmar que las personas tienen derechos fundamentales es una manera ampulosa de conminar: ¡Trata con un poco de RESPETO a los demás!. O de como toda la Teoría de los Derechos Humanos, al último se reduce a la viejísima Regla de Oro, que debes tratar a los demás como quieres que los demás te traten a ti, o si se sienten un poco religiosos, lo que decía cierto nazareno hace dos milenios atrás, que ama a los demás como te amas a ti mismo, y a eso se reduce toda la Ley y todos los Profetas. Al último, cuando nos preguntamos por la personalidad jurídica de un clon, o un robot, o cualquier otro miembro de la galería tecnológica de la ficción especulativa, al último la cuestión es: ¿Se merece dicho ser, alguna clase de respeto? Y frente a eso, creo que si es capaz de pensar o razonar, o de comportarse cortés en la sociedad, o de tener un grado de empatía por sus semejantes, la respuesta es positiva. Porque a un ente de esta naturaleza, negarle tales derechos sólo porque no sea un individuo de la especie humana, me parece que dice más sobre quien niega estos derechos, que quien sufre las consecuencias de dicha negativa.

© Guillermo Ríos Alvarez
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Guillermo Ríos es articulista y mantiene el blog Guillermocracia