Especial Vigesimotercer Aniversario, 2
De mortales
por Enric Quílez Castro

La ciencia-ficción, desde hace décadas, viene especulando acerca de la creación de seres artificiales, entre ellos, seres humanos con finalidades diversas. Una de las primeras referencias que encontramos, la tenemos en ¿UN MUNDO FELIZ? de Aldous Huxley, donde la sociedad está estructurada en diferentes tipos de seres humanos —los alfas, los betas, etc. — según sus capacidades, lo que predetermina su función y rol social.

Esta filosofía se repite muchas veces en otras novelas y películas de ciencia-ficción. En algunos casos, se lleva la cosa al extremo de que algunos seres humanos son criados prácticamente como animales de granja para reponer órganos de los seres originales de los que han sido clonados. No pondré ejemplos para no introducir espoliers en las novelas o películas en que así sucede.

La primera cuestión que debemos plantearnos es qué derecho tenemos a clonar un ser humano vivo o ya desaparecido. No es lo mismo, claro, pero en definitiva la cuestión de fondo es la misma. Es más, ¿y si no se trata de un clon, sino de decenas o incluso miles de clones, como podemos ver, por ejemplo, en el EPISODIO II de Star Wars?

¿Serviría esta técnica para producir ejércitos de militares, de funcionarios o incluso de superdotados científicos o dirigentes políticos? ¿Dónde iría a parar la originalidad y la identidad de cada uno de ellos, si todos fuesen genéticamente iguales e incluso fuesen educados de igual manera?

Por otro lado, si los seres clonados fuesen simplemente repositorios de órganos, estaríamos asumiendo que se los puede asesinar impunemente y que carecen de derechos. Pero si están dotados de cerebro, ¿no son seres humanos con derechos y deberes humanos?

Una cuestión similar es qué pasaría si clonásemos a un ser extinguido, como un neanderthal. ¿Lo trataríamos como un ser humano con sus correspondientes derechos y obligaciones o se convertiría en un simple espectáculo de feria, un ser de zoológico?

Estos seres clonados, ¿serían completos o serían estériles? Es decir, si introducimos en el acervo genético de la Humanidad una gran cantidad de clones, lo que estaríamos haciendo es empobrecerlo.

Por otro lado, si lo que hiciésemos es seleccionar genéticamente los mejores genomas, o sea, aquellos sin mutaciones perjudiciales, predestinados a vivir muchos más años que la media, con baja probabilidad de sufrir enfermedades somáticas y además, especialmente inteligentes, ¿no estaríamos creando artificialmente una nueva raza, una especie de Homo superior?

Todo el mundo desea lo mejor para sus hijos, así que cuando la tecnología lo permita, si no hay leyes que lo regulen —y posiblemente, aun así— los futuros padres querrán que sus hijos sean lo más sanos y perfectos posibles, signifique eso lo que signifique (véase GATTACA).

Pero, un momento, no corramos tanto. ¿No estaríamos simplificando también el acervo genético de la Humanidad? ¿Y si algo que hoy vemos como un problema genético en el futuro nos permite luchar mejor contra una enfermedad, como un virus? ¿No estaríamos poniendo en peligro nuestro futuro como especie por el hecho de jugar a ser dioses?

Por otro lado, seres mejorados genéticamente serían más longevos, eso es bastante obvio. ¿De verdad queremos afrontar un envejecimiento progresivo de la Humanidad? Actualmente el envejecimiento ya es un problema serio en nuestras sociedades. Y no lo es solo por lo que pueda representar de carga sanitaria o social. A fin de cuentas, los nuevos viejos serían mucho más jóvenes y más sanos que los actuales. Pero algo que posiblemente no serían es más creativos o menos conservadores.

La innovación suele ser cosa de jóvenes. Podríamos llegar a crear una sociedad gerontocrática en la que los jóvenes fuesen poco menos que parias, con pocos derechos y que tuviesen que esperar décadas a su turno, momento en que la creatividad se habría evaporado.

Y está la cuestión demográfica. Esta nueva raza moriría mucho más tarde, por lo que habría que imponer alguna clase de control de natalidad, lo cual agravaría aún más el problema de los jóvenes que comentaba anteriormente.

No todo son cosas negativas. En un campo futurista en que estas técnicas podrían ser interesantes es en el de la expansión de la Humanidad por la galaxia. A día de hoy, no parece que la velocidad de la luz vaya a ser fácilmente superada e incluso velocidades mucho más bajas están fuera de nuestras posibilidades tecnológicas.

Si quisiéramos enviar seres humanos a explorar la galaxia y, opcionalmente, a poblarla, sería necesario construir una especie de arcas en las que los seres humanos permanecerían en forma embrionaria durante el viaje. Llegados a destino, en úteros artificiales, los seres humanos vendrían al mundo y serían educados por robots. Así, pasados unos años, estarían preparados para poblar un nuevo mundo. Es una posibilidad explorada en algunas novelas y películas.

El proceso de expansión de la Humanidad por la galaxia sería lento, pero pasados unos milenios, crecería exponencialmente. Está claro que esos seres humanos habrían cortado el cordón umbilical con sus mundos emisores. La tecnología y la sociedad evolucionarían (o involucionarían) durante el largo viaje, así que padres e hijos no tendrían casi nada en común.

Finalmente, existe la posibilidad de construir seres híbridos, cyborgs, mitad biológicos, mitad máquinas. Serían mucho más longevos y resistentes. Estarían mejor adaptados a la vida en el espacio o a entornos hostiles (como el fondo de los océanos). Nuevamente la pregunta de marras: ¿los consideraríamos humanos?

Si, además, pudiesen transferir su conciencia y sus recuerdos a otro cerebro (natural o artificial) antes de morir, ¿no se convertirían en una especie de raza humana inmortal? ¿O quizás ya no podríamos considerarlos humanos? Recordemos que la mortalidad nos define. Un ser que no muere o que vive indefinidamente, ¿puede considerarse propiamente humano?

Esta es la cuestión de fondo de EL HOMBRE BICENTENARIO, de Isaac Asimov, en que el androide Andrew Martin pide ser considerado como humano, pero se le niega esta posibilidad por ser inicialmente inmortal.

Todas estas cuestiones, que hoy están todavía dentro del ámbito de la ciencia-ficción, pasarán a ser cosa común del debate social, si no nos extinguimos antes. Es bueno ir explorándolas con antelación, no vaya a ser que nos pille el toro.

© Enric Quílez Castro
(1.021 palabras) Créditos
Enric Quílez Castro mantiene el blog El mundo de Yarhel