Consumidores terminales
por Enric Quílez Castro

En FABRICANTES DE SUEÑOS 2012-2013 podemos encontrar un curioso relato: PURGATORIO de Carlos Pérez Jara, en el que se nos describe un mundo descarnado, ultracapitalista en el que todo tiene un determinado valor y cualquier cosa, desde la más trivial hasta las relaciones interpersonales se compran y se venden.

El relato lleva las cosas hasta un cierto paroxismo, pero por desgracia, aunque se trate de una exageración de la realidad en la que vivimos, tiene muchas cosas en común con ella.

La narración no está exenta de una cierta ironía, incluso de una cierta mala leche, sobre todo en lo que concierne a las relaciones personales y a los indeseados huéspedes que pueden presentarse en tu casa cuando todo está en venta.

El relato PURGATORIO recuerda inevitablemente a uno de los más conocidos cuentos de Frederik Pohl: LA PLAGA DE MIDAS, en el que los más pobres son los que más tienen que consumir, mientras que los ricos pueden permitirse no hacerlo.

Y desde luego, tenemos los consumidores terminales más dramáticos que ha creado la ciencia-ficción: la raza alienígena de los Borg (Star Trek), basados en una combinación seres biológicos y máquinas que se dedican a asimilar todo tipo de tecnologías por la galaxia.

También FABRICANTES DE SUEÑOS 2012-2013 podemos encontrar un inquietante: MUJER DE OJOS ACERADOS, del mexicano Luis Eduardo García, en clave distópica.

Nos encontramos en un mundo en el que el crimen y la violencia han obligado a la existencia de una especie de Gran Hermano, un departamento del estado encargado de vigilar la vida de sus ciudadanos en sus propias casas, mediante cámaras y micrófonos, teóricamente para luchar contra el terrorismo y asegurar la paz y el bienestar.

A parte de la trama en sí, el relato nos hace pensar en algo que cada vez se está convirtiendo en una constante: la omnisciente presencia de cámaras de vigilancia y de otros mecanismos activos de control de la gente.

A las puertas de la revolución del internet de las cosas, no quiero ni imaginarme en qué clase de pesadilla orwelliana puede convertirse nuestro mundo si las cosas se descontrolan si quiera un poco. ¿Hasta qué punto estamos dispuestos a renunciar a nuestras libertades a cambio de una supuesta seguridad?

El relato plantea también otro clásico tema de la vigilancia: el quis custodiet ipsos custodes?: ¿quién vigila a los vigilantes? Mientras nuestra sociedad no sea capaz de dar una respuesta adecuada a esa pregunta, estaremos en un tris de caer en una sociedad de tintes absolutistas.

© Enric Quílez Castro
(421 palabras) Créditos
Publicado originalmente en El mundo de Yarhel el 11 de marzo de 2016