Recientemente, el Premio John W. Campbell al Mejor Escritor Novel (uno de esos Hugo que no es un Hugo, y no confundir con el Premio John W. Campbell Memorial) ha pasado a denominarse Premio Astounding al Mejor Escritor Novel, la razón es que el señor John W. Campbell era, en resumidas cuentas, un carca insoportable que no merecía ni el aire que respiraba. ¿Su labor como revulsivo y renovador de la ciencia-ficción al frente de la revista Astounding? No cuenta ¿Su insistencia en que las obras no solo debía tener unos fundamentos sólidos y, Oh my God! que estuvieran bien escritas? No cuentan ¿Su labor como, propiamente, descubridor de nuevos talentos y el pulido de diamantes en bruto? No cuentan.
Sólo cuenta su pensamiento no ya conservador, sino sus actitudes racistas, misóginas y homófonas, según parece, de modo que su demostrada trayectoria como mala persona (un momento, no se dice si también fue un deshonesto mentiroso estafador, algo que, paradójicamente, si fue Hugo Gernsback) ya es suficiente como para borrar su nombre de los anales de la constelación ciencia-ficciónística.
Aunque su figura es tan determinante para el desarrollo del género que borrarlo del todo es imposible, así que se le ha arrinconado discretamente. Como ese abuelo que se hace incómodo debido a su mal aspecto y las barbaridades que dice amparado en la inmunidad de la edad. Da igual que se haya deslomado durante años para sacar adelante a cuatro hijos y los haya sostenido económicamente hasta tiempos no tan lejanos. Ahora ya no es presentable. Molesta.
Pero es que esta ola de biempensar se está extendiendo de forma bastante escalofriante. Recientemente ha saltado la noticia de que los organizadores del Premio James Triptree, Jr., dedicado a galardonar trabajos de fantasía o ciencia-ficción que exploran y expanden los roles de género y que propicien el entendimiento entre hombres y mujeres, también van a cambiarlo. Pero aquí el caso es aún más retorcido que el de quitarse de enmedio a un facha misógino y racista.
James Triptree Jr. era el pseudónimo de Alice B. Sheldon. En su momento decidió ocultarse tras él porque en aquellos momentos, aunque hablamos de finales de los años 1960, el hecho de que una mujer escribiera ciencia-ficción todavía despertaba algo más que recelos. James Triptree, Jr., Alice Sheldon, siempre ha sido un ejemplo de esas dificultades, y el premio, instaurado en 1991 quiere reconocer los esfuerzos que los escritores hacen por concienciar respecto a estos temas.
Pero hay algo oscuro en la vida de Alice Sheldon, más bien en su muerte. En 1987 su marido, Huntington D. Sheldon, con el que estuvo casada más de cuarenta años y que llegó a ser un alto cargo de la CIA, contaba ya 84 años, estaba ciego y sufría numerosos problemas de salud. Ella misma, con 71 años, sufría una grave afección pulmonar. El 19 de mayo de 1987 Sheldon disparó primero a su marido y a continuación se suicido ella misma, en lo que las investigaciones determinaron fue un pacto de suicidio.
Pues bien, esto que era conocido desde... 1987, y durante treinta años no ha supuesto mayor problema en lo que respectaba a la labor literaria de Alice Sheldon, ni la de James Triptree, Jr. como símbolo de la lucha de la igualdad y reconocimiento de las escritoras, se ha convertido ahora en un problema irresoluble que mancha irremediablemente la memoria de esta autora. Al parecer todo viene porque algunas voces se han alzado abominando de la acción de Sheldon, acusándola de asesina despiadada que se aprovechó de la situación de vulnerabilidad de su marido para matarle impunemente.
Que más da la obra y labor de Sheldon, sus problemas para publicar y ser reconocida como escritora de valía (algo que acabó consiguiendo en sus últimos años). Incluso aquí, donde tenemos un claro ejemplo de persona, y personaje, los ofendiditos de turno no ha querido distinguir el uno del otro, y los organizadores del premio no han sido, o querido, resistir las presiones y defender esa diferenciación. Lo que Alice Sheldon hiciera en su vida privada podrá ser controvertido hasta la náusea, pero la figura de James Triptree, Jr., con todo su valor simbólico, debería ser preservada más allá de cualquier otra consideración.
Estos dos ejemplos son solo una muestra mas del neopuritanismo que nos está atenazando. No importa en absoluto lo positivo que se haya logrado, basta cualquier mancha, cualquier desviación del recto pensar, para que todo lo bueno sea escondido y relegado, olvidado y despreciado.
No sabemos si otros premios están a salvo. La larga trayectoria de los Hugo, en honor a Hugo Gernsback, pesea a lo controvertido del personaje, parecen blindarlos (además era judío, lo que en cierto modo le protege so pena de levantar acusaciones de antisemitismo). Los premios Heinlein (hay varios en su honor) tampoco parecen correr peligro, pese a las acusaciones de facha
vertidas recurrentemente sobre R. A. Heinlein, total, son prácticamente premios de ingenieros para ingenieros, y estos suelen tener la cabeza bastante bien amueblada y las matemáticas, creo, les hace inmunes a la numerología.
En España, puede que tengamos problemas algún día con los Ignotus, ya se sabe que estas modas acaban llegando a Europa tarde o temprano, y hay que recordar que el señor José de Elola y Gutiérrez fue un militarote muy de derechas (mira, como Heinlein) y un poquito xenófobo (le tenía tirria a los moros). Fue nada menos que coronel del Estado Mayor de Ejército y además topógrafo e ingeniero militar que inventó unas cuantas cosas bastante interesantes (hombre, si acabará siendo el precursor de Heinlein). No es un curriculum muy progre que digamos.
En fin, que la neoinquisición se va extendiendo y ganando poder, y ni siquiera se atiene a estructuras y procedimientos formales. La vieja Inquisición al menos tenía una jerarquía, unos procedimientos y se tomaba la molestia de llevar a juicio a los reos. A día de hoy el pataleo tuitero, amparado en una ética aparentemente virtuosa, pero cada vez más malsana y retorcida, basta para señalar y derribar, sin más consideraciones
Actualización del 14 de octubre de 2019: Las malas noticias se confirman y finalmente el James Tiptree Jr. Award se convierte en el Otherwise Award. Otro retroceso en la conservación de los legados y un flagrante desprecio a la obra de los autores: https://tiptree.org/2019/10/from-tiptree-to-otherwise. Ahora tienen un problema tonto: tendrán que buscarse un dominio nuevo.
Actualización del 29 de noviembre de 2019: Mauricio Schwarz ha publicado un vídeo donde habla, además de este tema, sobre la imperfección humana y el neopuritarismo imperante en ésta época de necios que nos ha tocado vivir.
En otros ámbitos desde luego que no. Por ejemplo, en 2018 se cambió el Laura Ingalls Wilder Award, si, la Laura Ingalls de La Casa de la Pradera, por Children´s Literature Legacy Award. Al parecer, o según el parecer de los (actuales) organizadores del premio, la señora Ingalls distaba mucho de ser la dulce niñita de la serie de televisión: https://bookriot.com/2018/07/05/laura-ingalls-wilder-award-name-change/
Le puede pasar a cualquiera, esto es de ésta misma semana: https://tinyurl.com/dimite-stallman Por si lo desconoces, Richard Stallman es el ideólogo y principal inpulsor del movimiento del software libre.