Tenemos un plan
por Marina Such

En cuanto una serie de televisión se estrena, la primera pregunta que se les hace a sus responsables es siempre la misma: ¿sabéis adónde vais? ¿Tenéis un plan? Y la respuesta que ellos dan casi siempre suena parecida a tenemos una idea general del final, pero dejamos espacio para la sorpresa. El final de Galáctica trajo a la palestra el eterno dilema de planificación contra improvisación. En esa serie, el final no empezó a planificarse hasta la segunda temporada y, ya en detalle y con más seriedad, hasta el principio de la cuarta y última. Los guionistas iban tomando decisiones y luego intentaban que tuvieran coherencia con la línea que estaban trazando. En Perdidos, aunque no lo parezca, siguen un esquema más o menos parecido. Ellos sí sabían cómo va a terminar la serie desde antes de empezarla, y en cuanto tuvieron una fecha para el final, saben también cómo empiezan y acaban cada una de las temporadas, pero luego tienen margen para desarrollar determinados personajes o para hacer que se llegue del punto A al B de modo distinto a como habían pensado originalmente.

Para esos métodos de trabajo hay que tener un talento especial para no estropearlo todo en tres capítulos (y mejor no damos ejemplos). A lo largo de sus cuatro temporadas en Doctor Who, Russell T. Davies optó por la opción de Joss Whedon, que sospecho que no es demasiado diferente de los dos casos expuestos arriba. Tienen que tener una idea del final para poder ir dejando caer a lo largo de toda la temporada todos esos detallitos que luego encontrarán su relevancia en el último episodio. Pero claro, todo esto se puede hacer si conoces cuándo vas a terminar. Los creadores de Prison Break dicen que la tenían planeada (de aquella manera, me da a mí) para 44 episodios, así que se explica perfectamente su derrotero en estas cuatro temporadas en antena. De todos es conocido que el rey en esto de la planificación es J. Michael Straczynski con Babylon 5, concebida como una larga novela en cinco capítulos.

Y luego están los que lo fían todo a la inspiración del momento, confiando en que después serán capaces de ir atando cabos y uniéndolos todos de manera que no se note que lo tuyo es la improvisación. Las conspiraciones misteriosas se prestan mucho a eso, porque puedes estar tres temporadas jugando al gato y al ratón con el espectador, pero cuando llegue el momento de desvelar todo el pastel, ya puedes confiar en no haber pasado nada por alto. Los pobres chicos de Life daban la sensación de ir inventándose la conspiración que llevó a Crews a la cárcel sobre la marcha, pero como cerraron sus dos únicas temporadas de tal modo que pudiera servir como fin de la serie, resolviendo un par de aspectos importantes de dicha conspiración, se notó menos.

© Marina Such
(478 palabras) Créditos
Publicado originalmente en El Diario de Mr. MacGuffin el 6 de mayo de 2009