Regreso a la Luna
por Antonio Quintana Carrandi

Cada mañana, mientras me tomo el primer café del día, suelo ojear la prensa, por aquello de que una persona sin información es una persona sin opinión. La verdad es que la prensa impresa cada vez es más decepcionante, pues aparte de las noticias internacionales, apenas trae nada de verdadera relevancia. Casi todo son estupideces políticas, idioteces deportivas y memeces seudoculturales. Pero, de vez en cuando, se tropieza uno con un reportaje interesante, y eso es lo que encontré el martes 4 de junio pasado: una estimulante entrevista a Adriana Ocampo Uría, directora del programa científico de la NASA que, como indican sus apellidos, tiene raíces españolas.

La entrevista, de una página, me supo a poco, porque la entrevistada habló de temas de gran interés, como la amenaza que representan, para nuestra supervivencia, los innumerables objetos cósmicos que podrían llegar a impactar contra la Tierra. Pero lo más importante fue que insistió en algo que yo vengo diciendo en este Sitio desde hace años: Regresaremos a la Luna para quedarnos, y, según la directora Ocampo, este evento se producirá en la próxima década.

Mencionó, además, el primer viaje tripulado a Marte, que está más cerca de lo que muchos agoreros creen. Por otra parte, preguntada sobre la posibilidad del turismo espacial, dijo que las denominadas vacaciones en órbita, y no sólo para multimillonarios, podrían convertirse en una realidad con el tiempo. Es más: añadió que ojalá fuese posible que todos los seres humanos de este planeta pudiesen ver la Tierra desde el espacio, pues eso les permitiría entender que realmente no hay divisiones, que todos dependemos unos de otros, que somos uno en suma, y que tenemos que colaborar para preservar nuestra cuna común.

Hace poco el presidente estadounidense, Donald Trump, habló del viaje tripulado a Marte que la NASA lleva décadas proyectando. Todos los presidentes, desde Johnson para acá, han mencionado en alguna ocasión este asunto. Pero como Trump es la bestia negra de la progresía mundial, enseguida han saltado los ecolojetas de siempre (que nada tienen que ver con los verdaderos ecologistas), bramando que la NASA debe ocuparse ante todo de luchar contra el cambio climático. Estos ignorantes no saben que desde los años 60 y la carrera espacial, mucho antes de que existieran los movimientos ecologistas, la NASA ha venido advirtiendo periódicamente del peligro que entraña la alteración del clima como consecuencia de la actividad humana. El concepto del efecto invernadero se lo debemos, sin ir más lejos, a las misiones exploratorias al planeta Venus. Así que la exploración espacial influye en el conocimiento del cambio climático en nuestro mundo, y por extensión en la lucha contra el mismo, infinitamente más que las pataletas ecoloprogres a las que asistimos con demasiada frecuencia.

Debemos preservar nuestro planeta, cuna de nuestra especie, para las generaciones futuras. Pero eso no significa que, haciendo un estéril ejercicio de neoludismo, debamos estancarnos, abandonar la exploración del espacio profundo y limitarnos a vivir aquí como en una burbuja aislada del resto del Universo. No estamos aislados, ni mucho menos. La Tierra sólo es una parte infinitesimal de la vasta Creación. Nuestro mundo está sujeto, como cualquier otro, a los azares de la naturaleza cósmica, y no sólo a las acciones de sus habitantes. Si queremos conservar intacta la Tierra, no sólo debemos enfrentarnos a los peligros que la amenazan aquí, tales como el ya mencionado cambio climático, causado en gran medida por la dejadez de algunos gobiernos y la inconsciente avaricia de las grandes empresas multinacionales, sino también a los que procedan del espacio exterior. Y para eso, nuestra mejor línea de defensa es la NASA.

Pero además la exploración está firmemente enraizada en el alma humana. Somos exploradores por naturaleza, y, ya casi totalmente explorado nuestro mundo natal, el siguiente paso lógico es el espacio, empezando por nuestro sistema solar. Pero una exploración en profundidad no puede realizarse sólo con sondas robotizadas, aunque éstas sean de gran ayuda en las fases preliminares. La presencia humana en los lugares que exploremos será imprescindible, pues ninguna máquina es capaz de transmitir, con absoluta perfección, las impresiones subjetivas que podemos captar con nuestros sentidos. Además, nuestro destino como especie es expandirnos más allá de esta minúscula gema que flota en el vacío, en la periferia, en el extrarradio como si dijéramos, de la Vía Láctea. Y para ello deberemos empezar por crear asentamientos estables en Selene. En la próxima década regresaremos a la Luna para quedarnos, ha afirmado la directora Ocampo. Ojalá el firmante de este artículo viva para verlo.

© Antonio Quintana Carrandi
(755 palabras) Créditos