Planetas solitarios
por Rodrigo Juri

Planeta. La palabra proviene del griego y significa vagabundo o errante y se referían a la aquellas cinco estrellas (Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno) que no mantenían su posición respecto de las demás sino que iban atravesando las distintas constelaciones mientras surcaban de lado a lado la bóveda celeste.

Hoy sabemos, sin embargo que la Tierra y sus hermanos no son vagabundos solitarios, sino que somos parte de una familia que ha permanecido unida por los últimos tres mil millones de años a lo menos, y eso no es poco.

Pero si que existen planetas que le hacen honor a su nombre. Verdaderos ermitaños que viajan en absoluta soledad en medio del inmenso vacío interestelar, sin compañeros de viaje, sin un sol que ilumine sus valles y sus colinas. Sumergidos para siempre en la penumbra, bajo el esplendoroso espectáculo de la Vía Láctea.

Son los planetas errantes, lo que por supuesto, parece una redundancia. Ellos son los verdaderos planetas. Los verdaderos vagabundos.

Y no son pocos. Ya sea que arrojados a la noche en los tumultuosos orígenes de sus respectivos sistemas, o sea que expulsados de sus órbitas como producto del encuentro o colisión entre dos sistemas maduros, se estima que bien pueden superar en número a los planetas que si giran alrededor de una estrella.

Pero no son fáciles de encontrar. No transitan frente a ningún astro de forma periódica, que es la forma en que han sido detectados la mayoría de los exoplanetas. Tampoco son luminosos y solo los de mayor tamaño quizás emitan algún tipo de radiación electromagnética.

© Rodrigo Juri
(262 palabras) Créditos
Publicado originalmente en El último horizonte de la noche el 13 de marzo de 2017