El futuro en que vivimos, 26
Quema, censura, reescritura
por Francisco José Súñer Iglesias

George Orwell fue un visionario al que, quizá, por expresar sus ideas, y sobre todo sus miedos, en obras que luego se calificarían como fábulas y ciencia-ficción, no se le ha tenido demasiado en cuenta. No es un desconocido, nadie puede renegar de 1984 o REBELIÓN EN LA GRANJA sin ganarse una buena ración de apelativos poco amables. Sin embargo, ambas obras han pasado por la historia de la literatura llenándose de elogios y buenas palabras, pero parece como si nadie quisiera extraer grandes enseñanzas de ellas. Algo paradójico porque la intención de Orwell fue llamar la atención sobre ciertas cuestiones que se estaban produciendo en lo que se estaba gestando como el gran experimento comunista del siglo XX: los países del este de Europa.

El protagonista de 1984, Winston Smith, trabaja en el Ministerio de la Verdad, que se encarga de reescribir la historia a medida que las necesidades del Partido lo requieren. ¿Qué Eurasia se convierte en aliado de Oceanía en contra de los malvados asiáticos? No hay problema, se ajustan los registros para que Eurasia sea un amigo de toda la vida y los amarillos una molestia a exterminar. ¿Qué Eurasia cae en desgracia? No pasa nada. Esos estirados europeos nunca han merecido ni el aire que respiran y la milenaria cultura asiática comparte con Oceanía valores y lazos milenarios.

Lo pone en los libros.

La lección, entre otras, es que se deben mantener las zarpas de políticos e ideólogos lejos de la Historia poniéndola, a ser posible, en manos de historiadores científicos (en el sentido de que se ajusten al dato frío antes que a la interpretación) y que si algo sucedió, se registre y rememore tal cual. Además, por supuesto, de que es más que conveniente consultar diversas fuentes si se pretende tener una visión precisa de algún suceso histórico.

Muy pocos años después de este 1984 de Orwell, Ray Bradbury, inspirado en las sucesivas purgas y quemas de libros, desde la biblioteca de Alejandría hasta la de 1933 en Berlín, sin contar los innumerables episodios de limpias y censura, nos regaló con FAHRENHEIT 451, donde los libros suponían un peligro para la estabilidad de las sociedad porque no eran controlados por el gobierno, al contrario de los medios re radiodifusión y, por tanto, debían ser sistemáticamente eliminados.

Juntemos ambos conceptos, la censura y eliminación física de la documentación, en la más escrupulosa línea del Index librorum prohibitorum et expurgatorum, más la reescritura de lo indultado en línea con la ideología imperante, y nos veremos inmersos en una situación terrorífica.

Pero es aún más terrorífica cuando esto se da en sociedades como la nuestra, aparentemente libres y democráticas, donde grupos más o menos bienintencionados no solo arrasan con los libros que ha incluido en su propio Index, sino que además dan la vuelta a los que dejan en las estanterías para que se amolde a su visión del mundo.

Aunque no he encontrado un Index perteneciente a una entidad concreta, la organización estadounidense American Library Association (Asociación Americana de Bibliotecas), a través de su organismo Office for Intellectual Freedom (OIF), compila anualmente una lista de libros de acceso restringido o directamente prohibidos en Estados Unidos por parte de escuelas, gobiernos locales u organizaciones de cualquier tipo, donde libros controvertidos han sido secuestrados y hechos desaparecer a mayor tranquilidad de los débiles intelectos que podrían verse contaminados por sus nefandas enseñanzas.

Esto podría parecer una de esas excentricidades yankis, donde el fundamentalismo cristiano es fuerte y se dedica a lanzar anatemas aquí y allá. En Europa, y no siempre, a no ser que se toquen cuestiones controvertidas relativas a según que instituciones, los libros se publican con toda libertad, de modo que creemos estar a salvo de este tipo de actitudes censoras. Pero no. Ni por asomo. Solo estamos en las primeras fases de la redacción de nuevos Index librorum prohibitorum et expurgatorum. ¿Por parte de la ultraderecha fundamentalista y montaraz?

Asombrosamente, no.

El último suceso al respecto viene de manos de una organización en apariencia progresista, la asociación Espai i Lleure, que se ha encargado de expurgar, literalmente, la biblioteca infantil de la escuela Tàber de Barcelona, de libros tóxicos y que reproducen patrones sexistas, entre los que se encuentran obras tan reaccionarias como CAPERUCITA ROJA, LA BELLA DURMIENTE o LA LEYENDA DE SANT JORDI (aquello del caballero que mata al dragón y salva a la princesa) En total retiraron de las estanterías el 30% de los 200 libros en catálogo, aunque como son buenas personas se han contenido, porque si bien han detectado que hasta el 60% de los libros podría introducir ideas siniestras en la mente de los jóvenes lectores, por eso de que aquello no pareciera un hospital robao han dejado los menos alarmantes.

Me dirán que es solo una actuación puntual en una escuela infantil y que su intencionalidad es claramente en beneficio de la formación de los alumnos, pero eso es directamente mentira. ¿No sería más beneficiosa para la formación de los niños una lectura crítica exponiendo cuales son los defectos de esas obras y como no cometerlos en la vida real? Y voy más allá, todos esos cuentos, sobre todo los clásicos, tenían en origen un fin didáctico y moralizante, educativo al fin y al cabo. CAPERUCITA ROJA es un ejemplo meridiano, instruye como en entornos solitarios y poco frecuentados se debe tener precaución y desconfiar de aquellos desconocidos en exceso obsequiosos. Una enseñanza universal que sirve para cualquier edad, sexo y condición. Pues esta simple lección les es hurtada a los más pequeños, que es cuando deben aprenderla, por no se sabe muy bien que retorcidos principios ideológicos.

Pues no, se recurre al método del Ministerio de la Verdad y se reproducen los mismos defectos en sentido contrario con toda desvergüenza y sin la menor intención crítica. Busquen CAPERUCITO ROJO en Internet. ¿En qué mejora eso el original? El problema de formar en el espíritu crítico a los niños es que estos pueden aplicar esas enseñanzas a todos los ámbitos de la vida y cuestionarse cualquier concepto e idea. Efectivamente, hasta los de sus bienintencionados maestros, y sospecho que eso es algo que a nadie con tan entusiasta espíritu autoritario y censor le haría la menor gracia.

Afortunadamente, en estos tiempos digitales, censurar ya no es tan sencillo como hacer desaparecer el objeto físico, para acallar la disidencia hay que orquestar elaboradas campañas de ingeniería social y sofisticados ataques informáticos que nunca terminan de funcionar del todo porque cuando se poda una rama surge otra de otro tronco. Las ideas y el conocimiento siguen ahí, y se hacen más fuertes cuanto más evidente es el absurdo de la poda. Seguramente Bradbury hubiera estado encantado con esta actualización del concepto de sus Hombres-Libro.

Por último, parafraseemos a Martin Niemöller Primero fueron a por los libros infantiles, y yo no dije nada, porque yo no soy un niño. Luego fueron a por la pornografía, y yo no dije nada, porque yo no soy pornógrafo. Luego fueron a por los libros de pensamiento político, y yo no dije nada, porque yo solo leo ciencia-ficción. Luego arrasaron mi biblioteca, y nadie me ayudó a apagar el fuego.


Notas
© Francisco José Súñer Iglesias
(15 palabras) Créditos