Star Wars, Star Trek, Riddick, originales y «sad copys»
por Antonio Santos

Re-vista la saga del musculoso Vin Diesel interpretando al lacónico y letal furyano me ha sugerido esta pequeña digresión que, espero, sea del agrado del respetable y comparta mis deducciones.

Por ahí, es del común conocimiento del aficionado a la ciencia-ficción, hay varias series del espacio que, más o menos, con mayor o menor fortuna, surfean la estela de Star Wars o Star Trek... cuando no las copian sin sonrojo alguno.

Star Trek ha degenerado en títulos arrogantes y plúmbeos que cuentan, empero, con una fuerte y ruidosa caterva de acérrimos seguidores que luego no poseen tanta médula como afirman. Pero no refiero sobre esto. Sino a series como Andrómeda, Firefly, Galáctica o Stargate, o alguna otra que citar podamos.

Y, ya in mente, compararlas con Riddick. Éste, tras las CRÓNICAS, entró en barrena de desapego. Tanto fervor y admiración como despertó PITCH BLACK encontró en su secuela animadversión. Incomprensible.

Las CRÓNICAS intentaron llevarle más allá. Sacarlo de los mundos áridos y los monstruos estilo ALIEN para esbozar un fantabuloso Cosmos (sazonado con especias de DUNE) pleno de escenarios donde la imaginación pudiera arraigar a sus anchas. Crecer como le apeteciera. Todo con un lenguaje propio. Razas autóctonas.

Series como las citadas están tan ceñidas al canon Star WarsStar Trek que difícilmente pueden ofrecer algo distinto. No digo ya original. Alguna vez mostrarán inquietudes al respecto. De podemos autoevolucionar, pretensión que queda, al final, en amago.

Pero, está comprobado, producciones como Stargate, Galáctica, Firefly o Andrómeda no pueden descarrilar pues sus maniqueos arquetipos protagonistas disfrutan de una férrea construcción inmovilista que garantiza su tópica mediocridad. Stargate: militares tipo Federación trekkie que soportan a un comandante bravucón y díscolo dispuesto a ciscarse en el Manual y el Procedimiento toda vez que salga de sus bemoles.

Luego premian su individualista audacia merced al colosal éxito obtenido con su disensión. El mundo ¡continúa! La Galaxia ¡respira! Gracias por preguntar. El próximo episodio irá de lo mismo. Tranquilos. De consejos de guerra, ni la sombra. Aunque se los mencione con fatigosa insistencia.

También poseen un rinconcito filosófico, o moral, o panteísta, que prueba las creencias de los mandos (nunca tropa) protagonistas de las gestas. Aparece una raza estelar muy sabia y venerable que cuanto predica tiene regusto a pedante cartón piedra. Se surte de lo que suelta Mr. Spock, algo oído a Yoda, un poco de Nietzche, para hacerlo suculento.

Riddick ha repudiado todo eso. Para incrementar el vigor del relato, emplea ciertos aspectos sin embargo. Pero si evaluamos al personaje y qué pretende, mayor se vuelve.

Es un convicto. Con amplio historial criminal. Algo tiene dentro que, si bien no pretende la redención abiertamente (Riddick está afectado de un acusado cinismo irreprimible que lo impulsa cuestionar todo; lo ético, puro, moral, en primer lugar), sí manifiesta un inquebrantable punto formal que le desenfoca del resto de maníacos y psicópatas al uso. Hombre de honor, sus principios duran más que los que exhiben quienes, de entrada, afirman poseer incuestionable respetabilidad.

Stargate, Andrómeda, Firefly, Galáctica... las protagonizan sujetos de esa laya. Un poco pícaros, acaso. Gente que se espera sea incorruptible y honorable más allá aún de la Cúpula del Trueno. Esto termina haciéndoles falsos, estereotipos carentes de alma. Uniformes militares andante-parlantes. Riddick, no. Es bastante auténtico.

Y lo que le han construido para que crezca mediante aventuras merece ovación. Pretendieron, consciente de en cuántos tópicos podían caer, ser lo más originales posibles (no hay nada nuevo). Buscaron lo menos visto posible, y actualizarlo después para que pareciera grandioso. A modo, inédito.

Caprichosos de la crítica han defenestrado a Riddick. Le niegan virtudes. Quizás porque es demasiado como nosotros, y, a veces, se pide tener la inmaculada batería de bravatas patentadas capitán Kirk y análogos para contestar a la vida.

Riddick derrocha ironía, sarcasmo, cinismo. Descreído debido a qué existencia ha llevado, enfoca el mundo y a sus habitantes a través de una lente opaca. Ésta le ha mostrado que cuanto más presumes de algo, menos tienes de qué enorgullecerte. Y tal cítrica perspectiva de la realidad ha terminado perjudicándole.

Han preterido concepciones más prístinas y simpáticas, unidimensionales héroes de la vieja escuela. Sin espacio para albergar facetas, ambigüedades y contradicciones capaces de inquietar al espectador. Después resalta qué poco creíble es en el fondo el capitán Kirk de turno. Pero siempre será preferible al concepto implacable que Riddick tiene de sus semejantes.

Elegí los títulos del encabezamiento de esta reseña porque, desde un légamo de influencias, han despuntado hacia lo original, o el carácter independiente, como inexcusable necesidad de desarrollo. Los restantes ejemplos son copias que han caído en gracia, pero carentes de sustancia. Y es injusto verlas ¡aclamadas! cuando Riddick, el Parker del espacio, acapara mejores triunfos para granjearse nuestro respeto.

© Antonio Santos
(792 palabras) Créditos
Publicado originalmente en Una historia de la frontera el 16 de octubre de 2014