Asuntos de familia
por Marina Such

La tercera temporada de Expediente X fue su salto definitivo de serie de culto a éxito con todas las de la ley. Marcó también el principio de su cima creativa, de 48 capítulos en los que todas sus piezas encajaron a la perfección, en los que no sólo los episodios mitológicos eran intrigantes y cada vez involucraban más a Mulder y Scully de forma personal, sino que los capítulos autoconclusivos se servían de todo tipo de homenajes cinéfilos y literarios, les daban un giro original y lograban 42 minutos realmente memorables. EL DESCANSO FINAL DE CLYDE BRUCKMAN, es quizás el que más reconocimiento alcanzó de esos capítulos sueltos. Fue la primera vez que la serie se llevó Emmys importantes, ganando el premio al mejor guión (escrito por Darin Morgan) y al mejor actor invitado (un estupendo Peter Boyle), y es todo un compendio de las mejores virtudes de Expediente X.

Entre ellas, por supuesto, figura la relación entre Mulder y Scully. Hasta en las historias más sosas, ellos dos siempre merecían la pena, siempre tenían algún diálogo gracioso, y las caras de Scully cuando Mulder decía alguna locura eran insuperables. En esta temporada, además, esa relación va haciéndose más estrecha (a pesar de verse amenazada y estar a punto de romperse varias veces, como en el extraño, pero divertido, SYZYGY), y es el momento en el que los shippers empezaron a volverse locos de verdad. Les servía con que los dos agentes se cogieran de la mano al final de PUSHER (un episodio con una tensión emocional para los dos que va in crescendo según pasan los minutos), y con la famosa conversación en la roca de QUAGMIRE, las especulaciones alcanzaron niveles realmente estratosféricos. Hay que ver lo que dio de sí una charla sobre MOBY DICK en una roca en medio de un lago, y lo realmente personal que terminó siendo, con la comparación entre Mulder y Ahab, y el recordatorio de que el padre de Scully la llamaba Starbuck.

Lo cierto es que las familias de los dos agentes, y especialmente la de Mulder, adquieren gran relevancia sobre todo en la trama relacionada con la Conspiración. Ésta se vuelve muy personal, porque su investigación cuesta las vidas del padre de Mulder y la hermana de Scully y, de remate, él descubre que su padre trabajaba con el grupo de hombres conocidos como el Sindicato, un grupo de hombres entre los que se encuentra el Fumador y que contribuyeron a llevar a EE. UU. a científicos alemanes y japoneses que se habían dedicado a experimentar con humanos durante la Segunda Guerra Mundial. El papel de William Mulder en toda esa Conspiración y la verdadera razón de la abducción de Samantha (un daño colateral, porque en realidad era Fox el elegido) preparan el terreno para que Scully descubra a otras mujeres que, como ella, fueron abducidas y a las que los experimentos que sufrieron les terminan provocando cáncer.

Sólo por eso, los capítulos mitológicos de esta temporada son los mejores de toda la serie (para mi gusto, al menos), pero es que, además, el célebre Cáncer Negro hace su primera aparición trayendo de la mano el regreso del villano al que más nos gustaba odiar, Alex Krycek. La Conspiración aún toma un cariz más intrigante en cuanto se desvela que el Fumador y la madre de Mulder no sólo se conocían de antes, sino que parecían tener una relación bastante cercana (las especulaciones sobre si él sería el verdadero padre de Mulder empezaron enseguida), y sirve también para que Skinner sea el principal valedor de los dos agentes, su protector, hasta el punto de que entrará en el punto de mira de los malos (AVATAR es el primer episodio que gira sobre él y sobre su relación con Mulder y Scully).

Y en cuanto a Sculder, vamos sabiendo más sobre ellos a través de sus implicaciones en diferentes casos: REVELACIONES es el primer vistazo a la fe católica de Scully y GROTESCO ofrece más luz sobre las obsesiones de Mulder. Los diferentes episodios humorísticos, por otro lado, no sólo parodian los temas que trata la serie, sino que apuntan directamente a su relación, a sus diferentes puntos de vista, al temor a verse traicionados por el otro (que se explota también en WETWIRED desde la óptica de Scully, y que vuelve al clásico tema de los mensajes audiovisuales subliminales). Desde luego, LA GUERRA DE LOS COPRÓFAGOS y las conversaciones telefónicas entre Mulder y Scully son un gran punto, incluso aunque, como se apuntó en ese momento, todos esos capítulos parecían erosionar su relación para sacar unos cuantos chistes a su costa (algo que luego enderezó QUAGMIRE). Pero lo mejor, en lo que al lado shipper se refiere, llegaría en la siguiente temporada, la que catapultó a la serie al estatus de fenómeno pop aupado por los foros de Internet.

Emitida entre septiembre de 1995 y mayo de 1996, elegir los mejores episodios de la tercera temporada es harto complicado, porque el nivel general de todos es uno de los más altos de sus nueve años en antena. Sin duda, los seis capítulos mitológicos merecen una mención especial (CAMINO BENDITO, PISAPAPELES, NISEI, 731, PIPER MARU —nombrado por la hija de Gillian Anderson — y APÓCRIFA) por lo bien llevada que está la Conspiración y cómo se une con facilidad a esas operaciones secretas muy poco éticas que EE. UU. hizo justo después de la Segunda Guerra Mundial. También habría que destacar, por supuesto, EL DESCANSO FINAL DE CLYDE BRUCKMAN, 2SHY, OUBLIETTE (realmente malsano), LA GUERRA DE LOS COPRÓFAGOS, GROTESCO (Kurtwood Smith repetiría en Medium un papel similar a éste), PUSHER, JOSÉ CHUNG´S FROM OUTER SPACE (que probablemente sea el mejor episodio humorístico que hicieron nunca, una parodia de toda la serie que las apaña para colar homenajes a LA GUERRA DE LAS GALAXIAS y TWIN PEAKS) y, por supuesto, QUAGMIRE y BIG BLUE.

© Marina Such
(983 palabras) Créditos
Publicado originalmente en El Diario de Mr. MacGuffin el 21 de febrero de 2009