Especial Vigesimosegundo Aniversario
Orwell pensaba en bidimensional
Especial Vigesimosegundo Aniversario
por Guillermo Ríos

El temor al Gran Hermano, figura ésta tan poderosa como invisible, está muy bien encajado en nuestra cultura. Fue creado por George Orwell, escritor británico un tanto paranoico respecto de la posibilidad de una conquista comunista planetaria, en su novela 1984, publicada en 1.949. En la novela, el Gran Hermano era el símbolo de la vigilancia extrema que es indispensable para cualquier régimen de opresión totalitaria, en particular el Estalinismo. Poco podía imaginarse Orwell, que su ¿personaje? iba a sufrir una profunda relectura en la segunda mitad del siglo XX y comienzos del XXI, ahora como exponente del totalitarismo del libre mercado, y de los grandes barones de Internet. Muchas nociones orwellianas han devenido en elementos reales del mundo actual: La vigilancia en doble sentido es minería de datos, la terminal en cada hogar es Internet, el eterno baile de enemigos quién sabe si reales o manufacturados son las fake news, los dos minutos de odio son la xenofobia y el racismo, el doblepensar es el etiquetado de modelos alternativos de sociedad como ideologías o utopías, y el mismísimo Gran Hermano invisible y omnipresente vienen siendo las grandes corporaciones a las cuales no vemos por detrás de sus coloridas marcas comerciales, etcétera.

Todo esto pareciera configurar un futuro condenado a ser lo que profetizó Orwell: Una bota estampada en el rostro de la Humanidad, para siempre. ¿Para siempre? Quizás no. Es tentador afirmar que como buen escritor de ciencia-ficción, Orwell fue un buen profeta del futuro. Y sin embargo, a estas alturas deberíamos estar en guardia frente a la noción de que la ciencia-ficción lo sabía antes. Mucho de ese predecir de la ciencia-ficción, son lecturas a posteriori en las cuales queremos ver cómo nuestro presente encaja en esos escritos del pasado que buscaban predecir... nuestro presente, justamente. Pero en esto de buscar el encaje entre la obra pasada y la realidad presente, tendemos a olvidar las diferencias significativas. Y entre el mundo de Orwell y el nuestro, existe una que, quizás, sólo quizás... podría ser decisiva.

Viajes espaciales. Ese es el matiz que Orwell no pudo, o no quiso, ver.

En la distopía orwelliana, el viaje espacial no es mencionado ni se lo concibe. Por un lado, no era una realidad en la fecha de la novela. Pero además, aplicando un poco de lógica, el mismo viola una realidad fundamental del sistema: La sociedad debe mantenerse estacionaria. Si lo estacionario se convierte en dinámico, la sociedad orwelliana se viene abajo; el viaje espacial es, por tanto, un elemento disruptor. De Orwell podríamos decir, parafraseando a Spock en VIAJE A LAS ESTRELLAS II: LA IRA DE KHAN: Es inteligente, pero sin experiencia. Sus patrones indican pensamiento bidimensional. El mundo orwelliano sólo puede funcionar si se mantiene confinado a la superficie terrestre, que es bidimensional... pero nosotros, gracias a los viajes espaciales, vivimos en un mundo tridimensional. Embrionario aún, pero tridimensional.

Los viajes impulsan a las sociedades, porque los viajeros se alejan de las reglas de su hogar nativo, y adquieren libertad para crear sus propias estructuras sociales. Viajar y colonizar impulsó a los griegos en el Mediterráneo, a los puritanos en las Trece Colonias, a los hijodalgos en América, que crearon sociedades nuevas y florecientes, gracias a la libertad que encontraron en los viajes. En la actualidad, los descontentos del sistema orwelliano que parece venírsenos encima, podrían tener la posibilidad de viajar al espacio exterior. Serían los nuevos griegos, o puritanos, o conquistadores.

¿Existen posibilidades de esto? Con mucha cautela... creo que sí. El viaje espacial fue impulsado en el siglo XX muy en particular debido a la Guerra Fría; después de la caída del Muro de Berlín, pareció entrar en letargo, pero con un mundo repartido entre superpotencias otra vez, la carrera podría estar comenzando de nuevo. Además, hay nuevos actores, aparte de las agencias estatales que tenían el rol principal: Los costos han bajado, y las economías han mejorado, hasta el punto que los privados han podido subirse a bordo. Ya existen empresas privadas que están lanzando vuelos al espacio.

Para los Estados, instalar bases en el espacio podría hacerse atractivo, de cara a cercar potencias rivales en la Tierra. Pero en lo principal, los privados podrían invertir mucho en la colonización del espacio, simplemente para escapar de una Tierra cada vez más orwelliana. Internet funciona en la Tierra de manera instantánea debido a las cortas distancias. Pero en el espacio, el asunto cambia. Una señal que viaje entre la Tierra y la Luna de ida y regreso, tarda dos segundos y medio en ello. A Marte, los tiempos de respuesta son mayores. A eventuales ciudades orbitales, lo mismo. En estas condiciones, la Internet instantánea que conocemos, sería menos instantánea. La vigilancia, las fake news, todo eso, se haría no imposible, pero sí más difícil. El viaje al espacio obraría como barrera a las comunicaciones, y por tanto, como muros de contención frente al control totalitario.

Puede argumentarse que los primeros en viajar al espacio serían los ricos, que forman parte del establishment más interesado en mantener un régimen orwelliano, claro. Para irse dejarían a ejecutivos a cargo en la Tierra; ellos mismos se abstraerían en la libertad del espacio, no sólo respecto de la Tierra, sino también entre las mismísimas colonias, que deberían configurar sus propias redes o equivalentes de Internet. Y los ricos no se irían solos. Mantener un cierto estándar de vida implicaría llevarse gente consigo para las labores de mantención: Técnicos, ingenieros, mecánicos, azafatas de placer... toda la gente necesaria para mantener andando una colonia espacial, sea en órbita o en la superficie de otro planeta. Estas gentes sencillas serían la semilla de una civilización nueva... y más o menos libre.

A la larga, si llega a conformarse esta nueva civilización humana en el espacio, la ecumene resultante se dividiría entre una sociedad construida sobre patrones orwellianos en la Tierra, versus colonias espaciales de un talante un tanto más libertario. Quizás se verían con mutua desconfianza, los terrícolas a los espaciales como gente desordenada y anarquista, los espaciales a los terrícolas como una sociedad totalitaria y opresiva. Sería una nueva era de interacciones entre ciencia, tecnología, redes neuronales, y probablemente su buen poco de Ingeniería Genética en la mezcla. Sería una sociedad ya no bidimensional, en términos de norte y sur en la Tierra, como el equilibrio geopolítico al cual estaba fatalmente condenado el mundo descrito por Orwell, sino una tridimensional que además incluye un abajo y arriba, es decir, la Tierra y las colonias espaciales. Por supuesto, este escenario requiere darle acelerador a la investigación espacial a lo largo del siglo XXI. Pero si eso llegara a ocurrir, entonces surgiría una civilización espacial humana quizás más libre que la actual... Y entonces, la única predicción más o menos certera respecto de esto, es que el futuro se tornaría muy impredecible.

© Guillermo Ríos
(1.141 palabras) Créditos
Guillermo Ríos es articulista y mantiene el blog Guillermocracia