Especial Vigesimosegundo Aniversario
Comprando la vida de los demás
Especial Vigesimosegundo Aniversario
por Enric Quílez Castro

A mediados del siglo XX, parecía que una de las peores distopías posibles sería un mundo a lo 1984, es decir, un mundo en el que un Estado omnisciente y todopoderoso nos espiaría a cada momento de nuestra vida, para tenernos bajo control y asegurarse de que éramos buenos y serviles ciudadanosaunque aquí el término ciudadano debe leerse en un sentido muy amplio.

Isaac Asimov, en alguno de sus relatos, ya pronosticaba que conforme la tecnología avanzase, se haría más patente la lucha entre la intimidad y la razón de estado en pos de la seguridad, pero que a la larga, la intimidad y la libertad personal llevaban las de perder. Pudimos verlo en el mundo que se gestó a raíz de los atentados del 11-S, aunque la cosa ya venía de mucho antes.

En algunos aspectos, la ciencia-ficción se quedó corta. Por ejemplo, China está desarrollando, si no aplicando ya directamente un sistema masivo de reconocimiento facial entre sus ciudadanos que ríase uno de las telepantallas de 1984. Además, complementa todo ello con una base de datos gigantesca en que los ciudadanos son clasificados según su lealtad al estado. Si no eres adicto al régimen no puedes tener acceso a ciertos servicios más o menos básicos, como viajar en tren o en avión. Una verdadera pesadilla digna de Black Mirror.

Lo que la ciencia-ficción temprana no previó tanto fue el uso comercial del uso de nuestros datos personales con intenciones meramentecomerciales. Y eso que Frederik Pohl fue un hacha en este tipo de distopías, como puede verse en LA PLAGA DE MIDAS o en MERCADERES DEL ESPACIO y su campbellización límbica.

Aunque hay precedentes clásicos, tenemos que esperar prácticamente a la eclosión de internet para empezar a ver especulaciones más o menos descarnadas del uso comercial de nuestros datos personales.

Por ejemplo, encontramos una escena bastante curiosa en la película de MINORITY REPORT (2002), basada en un relato de Philip K. Dick, en la que el protagonista pasa junto a una tienda y ésta le ofrece automáticamente publicidad dirigida a él, personalizadamente, al ser reconocido por sus ojos.

Es curioso que el primer cyberpunk no previese esta tendencia, cosa que se ha solucionado posteriormente. Y es que la ciencia-ficción no siempre es tan predictiva como tiene la fama de ser.

En cualquier caso, me temo que la realidad supera de lejos a la ficción. En Estados Unidos, donde la compraventa de datos personales está mucho menos protegida que en Europa, es fácil que tu alma sea vendida al demonio por un módico precio, aunque a este lado del Atlántico tampoco se quedan cortos.

Por poner un ejemplo personal, hace poco firmé una petición en internet a favor de la protección de ciertas aves. Inmediatamente después, comencé a recibir mails de una conocida asociación ambientalista y el otro día, recibí la llamada, para ver si me quería hacer socio de dicha asociación. Está claro de dónde salieron mis datos y dónde fueron a parar.

Hay un relato de ciencia-ficción relacionado con el mundo de El Gran Hermano que me gustaría comentar. En la antología FABRICANTES DE SUEÑOS 2012-2013 podemos encontrar un inquietante: MUJER DE OJOS ACERADOS, del mexicano Luis Eduardo García, en clave distópica.

Nos encontramos en un mundo en el que el crimen y la violencia han obligado a la existencia de una especie de Gran Hermano, un departamento del estado encargado de vigilar la vida de sus ciudadanos en sus propias casas, mediante cámaras y micrófonos, teóricamente para luchar contra el terrorismo y asegurar la paz y el bienestar.

A parte de la trama en sí, el relato nos hace pensar en algo que cada vez se está convirtiendo en una constante: la omnisciente presencia de cámaras de vigilancia y de otros mecanismos activos de control de la gente.

A las puertas de la revolución del internet de las cosas, ¿hasta qué punto estamos dispuestos a renunciar a nuestras libertades a cambio de una supuesta seguridad?

El relato plantea también otro clásico tema de la vigilancia: el quis custodiet ipsos custodes?: ¿quién vigila a los vigilantes? Mientras nuestra sociedad no sea capaz de dar una respuesta adecuada a esa pregunta, estaremos en un tris de caer en una sociedad de tintes absolutistas.

De hecho, hemos llegado al punto en que es posible reconstruir un atentado a partir de las filmaciones de los teléfonos móviles de la gente que se encontraba sobre el terreno. El Gran Hermano no solo es cosa del estado o de la grandes corporaciones: también nosotros estamos alimentando al Leviathán.

Si al Big Data le sumamos la Internet de las Cosas y la Inteligencia Artificial, estaremos ante un cocktail explosivo cuyas repercusiones serán difíciles de prever. Está claro que, pongamos por caso, si una empresa de seguros de salud o una mutua de salud, pudiese tener acceso a algunos de nuestros datos personales y cruzarlos con otros a su disposición, le resultaría muy fácil poder hacer negocio y negarnos un seguro de vida o un determinado servicio si creyese que existe un cierto riesgo con nosotros.

Muchas empresas consultan el perfil de Facebook o la actividad de un futuro empleado en las redes sociales para saber de qué pie cojea. Pocos son conscientes de ello.

El propio Asimov trató en parte el tema del Big Data en alguno de sus relatos sobre el supercomputador Multivac, que tenía información sobre todos los seres humanos y al que se le encomendaba el gobierno general de la Tierra. De hecho, era tal la cantidad de información que tenía, que era capaz de determinar el resultado de las elecciones presidenciales consultando solamente a un único elector, por aquello del factor humano imprevisible, porque el resto ya lo sabía (véase SUFRAGIO UNIVERSAL [ FRANCHISE, 1955).

Pero lo cierto es que vivimos en un mundo que es en parte ciencia-ficción materializada. La inmensa mayoría de nosotros somos usuarios de redes sociales, a cuyas empresas regalamos altruísticamente nuestros datos para que los vendan al mejor postor a cambio de unas migajas de entretenimiento gratuito o de espacio en la nube.

Sinceramente, el futuro ya ha llegado y parece que quien se está beneficiando de las modernas telepantallas no son sólo los estados, sino las grandes corporaciones de Silicon Valley o de China.

La penúltima polémica ha sido la supuesta influencia de hackers rusos, en combinación con las redes sociales, para manipular el resultado de las elecciones presidenciales estadounidenses y la inesperada elección de Donald Trump como líder del mundo libre. Apañados estamos...

© Enric Quílez Castro
(1.086 palabras) Créditos
Enric Quílez Castro mantiene el blog El mundo de Yarhel