Un legado legendario
por Francisco José Súñer Iglesias

Domingo Santos es, fue, uno de los mitos de la ciencia-ficción en español, no voy recorrer su biografía ni bibliografía, porque ya hay mucho escrito al respecto, ni de lo magnífico ser humano que era, porque no le conocí personalmente, pero si de lo que supuso para un adolescente allá por el último cuarto del siglo XX.

Cuando yo era un jovenzuelo, a finales de los 1970 y principios de los 1980, él ya era un señor con un largo recorrido tanto como escritor, editor y traductor. De hecho, su primera novela (¡NOS HAN ROBADO LA LUNA!) es cuatro años más vieja que yo, así que cuando empecé a comprar mis propios libros él ya llevaba casi veinte años dedicado al género. Era difícil no acercarse a un libro o revista sin que su nombre apareciera aquí y allá firmando relatos, artículos o traducciones. Tal era así, que parecía omnipresente, se podría decir incluso que si un libro no llevaba el nombre de Domingo Santos en alguno de sus apartados era sospechoso de no ser un buen libro del género.

Aquello me desconcertaba mucho. Sobre todo por el hecho de que parecía ser un hombre orquesta que tocaba todos los instrumentos a la vez. Se le encontraba como responsable editorial, como articulista, como autor, como traductor... ¡todo en el mismo volumen! Así que durante algún tiempo creí que Domingo Santos era un pseudónimo comunal, al estilo de Alan Smithee, aunque usado con una intención más constructiva que éste.

Aquello me duró poco, lo justo para darme cuenta que no había necesidad de que varias personas se ocultaran bajo el mismo pseudónimo. ¡Cada uno podía usar el suyo! como de hecho, era el caso, lo que me llevó a la segunda parte de la reflexión, ¿porqué no usar pseudónimos para no saturar? Igualmente llegaba tarde, si Domingo Santos era un pseudónimo, también lo eran Peter Danger y Peter Dean, si bien yo no fui consumidor de novelas de a duro y no me vi afectado por esa forma de ocultar la sobreproducción.

Eso mismo, la omnipresencia, también me llevó a pensar una temporada que la calidad de relatos y traducciones no podía ser del todo buena. El trabajo a destajo no suele ser sinónimo de buena calidad. Esto se reforzaba con el hecho de que el estilo de Domingo Santos no era precisamente deslumbrante, ni sus argumentos rezumaban espectacularidad. Sus relatos eran correctos, y los temas elegidos muy pegados a la superficie de la Tierra, y me costó algún tiempo comprender que había ciencia-ficción más allá de los aliens babeantes y las explosiones espectaculares.

Algo parecido me ocurría con las traducciones, si veía que el traductor era Domingo Santos ya empezaba el libro con cierto recelo. Naturalmente la tontería se me quitó cuando me di cuenta que muchos libros que me habían entusiasmado los había traducido él. Creo que fue la lectura de ORA:CLE, la que me desasnó definitivamente.

Igualmente, como importador de relatos y novelas, además de director editorial de varias colecciones, su labor me parecía impostada, por decirlo de algún modo. No me cabía en la cabeza que pudiera estar tan al día y saber tanto de ciencia-ficción, hasta que caí en la cuenta que, lógicamente, tenía acceso a publicaciones e información en inglés que para mi estaban vedadas, tanto por acceso como por mi nulo conocimiento del idioma.

Ahora, con esto de Internet es muy fácil ser un erudito, pero tener la capacidad de trabajo y los vastos conocimientos que Domingo Santos atesoraba por la época, parecía casi imposible, y francamente, me costaba creer que pudiera existir alguien así.

Ahora que se nos ha ido dejando un legado impresionante, me pregunto si alguna vez volverá a surgir una figura de su talla. La verdad es que la salud editorial del género no da muchas esperanzas, pero quizá ya no sea tan necesaria en una cultura colaborativa en la que el acceso al conocimiento es prácticamente universal y el reparto del trabajo es mucho más participativo.

© Francisco José Súñer Iglesias
(671 palabras) Créditos

Tertulia-homenaje a Domingo Santos celebrada en la librería Gigamesh en 15 de noviembre de 2018.