La vida aquí empezó allá afuera
por Marina Such

En septiembre de 1978, algo más de un año después del exitoso estreno de LA GUERRA DE LAS GALAXIAS, la cadena ABC emitía el piloto de Galáctica, entonces el episodio más caro producido nunca en EE. UU. La serie, que obviamente intentaba subirse a la ola del fenómeno de George Lucas, empezaba con una narración muy a lo Star Trek y se desmarcaba con un punto de partida ciertamente inquietante: una raza extraterrestre, los cylones, aniquilan por sorpresa las doce Colonias de la humanidad, y los escasos supervivientes de ese genocidio huyen buscando un lugar para ellos mítico, la Tierra, protegidos por la Estrella de Combate Galáctica. La nueva versión de 2003 comparte ese mismo arranque, pero el desarrollo de la idea no puede ser más diferente.

Los pilotos de ambas series están muy marcados por la época en que se rodaron. La Galáctica original no puede negar que a pesar de su, a priori, oscura trama, el escapismo de finales de los 70 iba a adueñarse de la función, mientras el remake de Ron Moore y David Eick está claramente influenciado por los atentados del 11-S (al fin y al cabo, la serie empezó a desarrollarse en diciembre de 2001). Esta versión, además, apuesta más por el realismo en la fotografía, los escenarios y en el retrato de la vida de los tripulantes de Galáctica (comparada por Moore y Eick con un portaaviones), y aboga por un estilo cámara en mano que la aleje de la limpieza de líneas y las tomas claras de la serie original, con unos decorados que a veces parecen plagiados directamente del interior de los cruceros imperiales de LA GUERRA DE LAS GALAXIAS.

Lo más sorprendente es cómo la miniserie de 2003 toma el piloto de 1978 y le da una vuelta de tuerca manteniendo algunas de sus ideas. La cobertura por televisión del ataque a Cáprica es un buen ejemplo. También se mantiene el aterrizaje de una nave de Galáctica en el planeta y su encuentro con los supervivientes, sólo que en el original son Adama y Apolo los que viajan en esa nave, y en la nueva son Boomer y Helo, viviendo además un encuentro más dramático con los capricanos que quieren huir. Por supuesto, la modificación más notable es la que sufre Starbuck, una modificación que, según Moore, fue la clave para dar con el tono y la manera en que tenía que hacerse la reimaginación.

Que ese diestro y pendenciero piloto pasara a ser una mujer, abrió todo un mundo de posibilidades. Para empezar, el sentimiento de culpa por la muerte de Zac, el hermano de Apolo, es mucho más doloroso; en 1978, Starbuck le cede su puesto en una patrulla con su hermano. En 2003, ella le aprueba un examen de vuelo que Zac no sabe hacer porque está enamorada de él y, como consecuencia, Zac muere en un accidente. Además, la amistad entre Starbuck y Apolo adquiere en la nueva versión una capa más, la de una evidente atracción que va más allá del compañerismo entre soldados.

El papel del gobierno civil es uno de los mejores logros de una versión sobre la otra. Para la Galáctica original, los miembros del Consejo de los Doce son unos diletantes que se dejan engañar fácilmente por cualquiera (Sire Uri, interpretado por Ray Milland, es el ejemplo más claro), y el presidente de las Colonias es un débil al que Baltar manipula como quiere. El retrato de Laura Roslin no puede estar más alejado, y su relación con el comandante Adama es mucho más interesante, y no sólo por los dilemas políticos y sociales a los que se enfrentan al principio. Podríamos seguir y seguir, porque la trama del planeta casino del piloto de 1978 me dio la sensación de ser el germen de la historia de Nueva Caprica que abrió la tercera temporada.

Por mucho que algunos fans de la serie de 1978 sigan enrocados en su disgusto de la nueva versión (buscad Galactica in name Orly en Google y veréis), hay que reconocer que el peaje de la época es demasiado elevado como para que se pueda tomar en serio. Las interpretaciones engoladas de algunos actores (Lorne Greene es demasiado patriarca amable, y a Baltar es difícil tomárselo en serio), los extraterrestres a lo Max Factor, el vestuario pseudo-egipcio, las endebles tramas románticas de sus héroes... (para lo único que servían las mujeres en esa serie, por cierto) En su momento, los niños debieron disfrutarla mucho, pero es difícil hacerlo cuarenta años después.

© Marina Such
(756 palabras) Créditos
Publicado originalmente en El Diario de Mr. MacGuffin el 2 de septiembre de 2008