Las cuotas y la decadencia de la narrativa
por Francisco José Súñer Iglesias

Vivimos tiempos difíciles. Ahora todo el mundo se queja por todo y aunque la importancia real del quejica en cuestión sea relativa, los modernos amplificadores de Internet hacen que el ruido que provocan sea relevante hasta extremos ridículos. Paradójicamente, que alguien escriba mucho y con muchas mayúsculas en Tuister o Feisbuk tiene una difusión limitada e incidental. Pero ¡Ay como eso tenga eco en la televisión o en la radio! ¡La revolución!

Aunque ahora no venga al caso, por mucha repercusión que un asunto tenga en Internet, realmente no es nada (pero nada, nada, nada) si no lo comenta alguien en un telediario. mientras que los mass-media son mass-media porque son punto-multipunto (retransmisión masiva, te da en la cara sin buscarla) Internet es un medio punto a punto (es decir, emisor-receptor), que depende de la redifusión (retuits, viralización) para la extensión de la noticia, y si eso no se consigue... muere al poco de surgir.

No obstante, no podemos olvidarnos del multipunto-punto, en el que multitud de indignados focalizan sus preocupaciones sobre un único receptor. El método es viejo, ha funcionado de siempre, ya sea vía postal o representado por turbas con horcas y antorchas, y es un método perverso, puesto que el receptor, pensando que la multitud es el todo, o simplemente por quitársela de encima cuanto antes, cede ante ella sin considerar la proporción real de indignados respecto a esa mayoría real, cómoda con la situación denunciada.

Fin del interludio.

Naturalmente, los productores, que ponen su dinerito con la intención de que el retorno de la inversión sea más que satisfactorio, hacen lo imposible para que el ruido sea inexistente, y por tanto plantean como premisas básicas que ningún quejica ponga el foco en su producto (multipunto-punto). Si no, se puede dar por muerto. No hay más que ver la defenestración de James Gunn como responsable de GUARDIANES DE LA GALAXIA por unas gilipolleces que escribió hace años. La Disney le ha echado por resultar ofensivas para no se que colectivo. Lo gracioso del asunto es que hay una poderosa corriente pro-Gunn que puede amenazar el éxito de esa tercera parte de GUARDIANES DE LA GALAXIA sin él. Particularmente, y visto el despropósito del VOL. 2, creo acertada la decisión, aunque el motivo sea equivocado.

De ahí que haya cuotas. Todo colectivo (hasta los minoritarios) tiene que estar representado y todo colectivo (hasta los minoritarios) debe tener un cierto protagonismo, y si además se pretende tener una repercusión mundial, se debe ser sumamente cuidadoso a la hora de elegir los protagonistas.

Por ejemplo, entre los buenos tiene que haber negros, orientales, etnias indeterminadas con la que se puedan identificar gentes de piel morena y ojos rectos, desde los (algunos) sudamericanos hasta los hindúes, mujeres con mando y resolutivas, homosexuales, bisexuales y asexuales.

Que los malos sean blancos, y de aspecto germánico no es problema, que esos nunca se quejan, ya bastante tiempo han tenido al mundo bajo su férula y se puede aprovechar el complejo de culpa occidental, y que la estética nazi, además de que mola mucho, se identifica inmediatamente con los malos.

De acuerdo, ahora tenemos que encajar una docena de personajes en una trama que con dos, tres, cuatro a lo sumo, se ha resuelto. Sus roles van a ser intercambiables, eso por adelantado, excepto los protas principales, que de forma sibilina siguen siendo blancos, aunque evitando el rubio nórdico, para no herir más susceptibilidades. Tenemos pues un montón de gente que hay que mover por el escenario, cada uno con su breve protagonismo y... forzar las cosas no siempre acaba bien.

Dos ejemplos recientes de lo que significa completar cuotas lo hemos tenido precisamente de la Disney con en ROGUE ONE (que salvó el reto airosamente) y LOS ÚLTIMOS JEDI (con un resultado muy poco brillante) El ejemplo de ROGUE ONE es de libro tenemos, a saber, chica vigorosa y plena protagonista del asunto (blanca, morena: Felicity Jones, que además tiene el rarísimo privilegio de ser la primera princesa Disney que muere en pantalla) escudero con poder pero subordinado a ella (latino civilizado: Diego Luna); rebelde con causa, más rebelde aún que los rebeldes oficiales (negro: Forest Whitaker); luchador místico (oriental: Donnie Yen); luchador de mamporro y tentetieso (ciudadano del mundo: Wen Jiang), y los malos, claro, estereotipos nazi-germánico personificados por Paul Kasey y Guy Henry/Peter Cushing. (bueno, este último más bien británico, pero ya sabemos como se estiran los british cuando se enfundan un uniforme de granadero).

Sin embargo, LOS ÚLTIMOS JEDI han demostrado que embutir personajes diversos también se puede hacer con desgana y por obligación, como Finn (John Boyega) y Rose (Kelly Marie Tran). Nunca, a nadie, le preocupó mínimamente que Lando Carlasian fuera, obviamente, negro (por lo visto, en SOLO, por eso de la diversidad se sugiere que es gay, bueno, pansexual, cosa que tampoco se intuía originalmente) pero ya en EL DESPERTAR DE LA FUERZA todo el mundo alucinó ¿Un sturmtruppen negro? La sorpresa no fue por ser negro, sino porque ¡¿No eran todos clones de Jango Fett?! (más o menos polinesio) Así que hubo que cambiar sutilmente el canon. Con Rose la cosa era mucho más clara: había que congraciarse con el muy rentable mercado chino y este era el personaje gancho. Pero ni Finn, un cero a la izquierda, hace mucho por la negritud mundial, ni Rose es el tipo de china que gusta en China. No hay más que ver un par de películas de chinos para saber que... Bueno, Rose nunca sería la heroína de una película china de acción. De hecho, jamás sería protagonista de una película china.

Otra de cuotas ha sido Sense 8, que siendo serie Netflix tiene que venderse, si o si, a nivel global, ha sido una fiesta de la diversidad, no obstante bien encajada en la premisa principal. Se nota que Michael J. Straczynski es el guionista principal. Sin embargo está muy traída por los pelos en otros aspectos menos relevantes, también se nota que es cosa de las Wachowski Sister.

¿El problema de todo esto? No que se muestre una estampa amplia de la condición humana, sino que se pretende empotrando razas y tendencias de cuota a la fuerza y sin pensarlo mucho, lo que afecta a la propia narración con la aparición de personajes, irrelevantes argumentalmente, que acaban entorpeciendo el natural fluir de la historia.

Habría que pensar mejor las cosas, y en vez de que la premisa sea la aparición obligatoria de todos, todas, todes, todis y todus tuus, empezar por plantear un argumento sólido, construir bien los personajes, y luego ya pensar en la diversidad. Desde luego no estarán todos, todas, todes, todis y todus, pero al menos la calidad no se resentirá.

© Francisco José Súñer Iglesias
(1.127 palabras) Créditos