Star Trek según J. J. Abrams
por Antonio Santos

Este hombre debe ser el aficionado más feliz del mundo. Está tocando (casi) cuanta ficción inspiradora de alto nivel quiere. Implicado en los nuevos episodios de STAR WARS, llega a ellos curtido en las aventuras espaciales de la competencia de la Doble Santa Trilogía: Star Trek, esa versión cósmica de la Conquista del Oeste llena de individualistas oficiosos y oficiales reglamentarios.

Sin duda, sujeto ambicioso que está en la línea de suceder, por méritos propios, tanto a George Lucas como Steven Spielberg, a quienes podemos considerar pilares fundamentales de las más conocidas sagas de ciencia-ficción y aventura fantástica de las últimas décadas y la CultuPop referente ineludible.

Atribuyen a Lucas haber sacado a la ciencia-ficción del guetto donde vetusta crítica mal intencionada la había recluido. El género, por respetable que es, por anticipaciones acertadas y visiones peligrosas que posea, ha sido siempre maltratado por una minoría estúpida y clasista dispuesta a negar méritos a todo cuanto le desagrade en atención a anquilosados cánones culturales.

Su prodigiosa habilidad para persuadir, grácil verbo y dardo en la palabra, enquistó al público en contra de la ciencia-ficción. A la ciencia-ficción le ocurre lo que al tebeo; se etiqueta de cosa de críos. Nada respetable. Que una y otro estén manteniendo fuerte a la industria del esparcimiento, no parece mérito que dignifique, sino suerte de maña de judío que amasa avariento dinero sacrificando la pureza sublime del Arte.

Aquí debemos estar por las cagadas góticas y las pavadas de Julia Roberts o Woody Allen. Si después su recaudación es ínfima, o el interés general del filme apenas convence, no supone desdoro para la crítica venenosa a la que aludo. Hay que ¡aclamarlos! porque así lo dictaminan, ¡y guay de llevarles la contraria! Te ponen el capirote con orejas de burro de zumbao que degusta tebeos y películas de monstruos. ¿Será crío?

Lucas, con Star Wars, demostró que la ciencia-ficción puede ser un elegante vehículo excelente tanto de ocio como de Propaganda. Imagino que jamás tuvo tal intención. Se limitó a rodar una idea posteriormente arrolladora, carismática. Prendió la imaginación de millones; ensanchó, como nunca, fronteras encorsetadas por escrupulosos miramientos localistas.

Abrams ara ese surco. A posteriori, se antoja que remozar Star Trek era, a un tiempo, fácil y difícil. La creación televisiva de Gene Roddenberry acumulaba tal cantidad de hediondez autocomplaciente sobre el núcleo del concepto que resultaba fácil meter el bisturí y cortar toda su gangrena arrogante e inútil. Formaba como un nítido sedimento geológico.

El ejemplo en que me apoyo es STAR TREK X: NÉMESIS. Aburrida, mal interpretada, semeja un sarao de trekkies lleno de bromas y (auto) referencias que únicamente ellos, clan cerrado y discriminatorio, entendían, y donde unos pocos feos punks vandálicos irrumpían, malogrando la convención de chándales y pijamas.

Creo que Abrams miraba todo eso denostándolo. Preguntándose por qué algo con tal potencial debía languidecer así. Estar en manos de tanto incompetente y actor aburrido de su minúsculo rol.

Y entra ¡a saco! renovando la propuesta de Roddenberry, quitando toda la pus sin compasión. Esto es lo difícil, pues el sectarismo trekkie es tope reaccionario. Tocarle los sagrados bemoles a su incompetencia inoperante tiene ¡peligro, Will Robinson, peligro! de excomunión in saecula saeculorum, amén.

El mérito de Abrams, no obstante, queda atenuado (y cómo) por el hecho de estar recreando, con gran elegancia, eso sí, Star Wars. Las dos cintas hasta ahora filmadas siguen, a modo, pero muy evidentemente, patrones figurados por Lucas.

En el Star Trek de 2009, Abrams convierte Vulcano en el Alderaan trekkie. La nave del rencoroso y desesperado Capitán Nero (Eric Bana), es la Estrella de la Muerte. Grande, aparatosa, futurista, emplea un rayo para hendir la corteza planetaria y abrir un canal por donde inyectarle materia roja, que colapsará el mundo creando una singularidad cósmica.

Saca un calco del planeta Hott. Y, mirando atentamente, Chris Pine, el nuevo James T. Kirk, se parece bastante al Hayden Christensen de EL ATAQUE DE LOS CLONES. Su actitud altanera y temeraria también compatibiliza con la del indócil padawan Anakin Skywalker, ¿eh?

Pero donde verdaderamente Abrams no logra ocultar la emulación, donde está empotrando argumentos de Lucas, es en EN LA OSCURIDAD. Es El ataque de los clones, si no plano-a-plano, sí en esencia. El imperioso Kang (Benedict Cumberbatch) es un clon que intenta recuperar a sus camaradas, también refinados por una avanzada eugenesia, para liderar la Federación, a un paso de una guerra estelar. Vaya, ¿no suena de algo?

Aun el combate que Mr. Spock (Zachary Quinto) sostiene con Kang sobre las arcologías de San Francisco... ¿no semeja la frenética persecución que Anakin hace por capturar al sicario que atenta contra Padmé (Natalie Portman) en Coruscant?

Abrams está regenerando Star Trek pero desde la sólida osamenta de Star Wars. Si alguien desea elogiar su labor, puede hacerlo con toda tranquilidad. Agitar el ruidoso e improductivo avispero trekkie tiene mérito. Mas que eleve loas recordando la impronta de Lucas.

Empero, dado el alto nivel de tirria e irritación que por Lucas sienten (sólo por haber triunfado con niñerías), también querrán negar esta clamorosa evidencia, e imputar a Abrams toda originalidad.

© Antonio Santos
(859 palabras) Créditos
Publicado originalmente en Una historia de la frontera el 7 de septiembre de 2014