Luke Quincio Skywalker
por Francisco José Súñer Iglesias

Que esta tercera trilogía de la saga de LA GUERRA DE LAS GALAXIAS está siendo un desastre en prácticamente todos los aspectos ya es una realidad que a muy pocos se les escapa y muy pocos niegan con rotundidad.

Hasta la leyenda de sus principales protagonistas se ha diluido en una serie de escenas y decisiones a cual más patética. A Han Solo le matan en una escena tan falta de épica que su recuerdo queda borrado al instante. Leia se ve obligada a huir como una rata tras la nefasta gestión del apoteósico triunfo de EL RETORNO DEL JEDI, y a Luke se le muestra escondido en algún rincón remoto como un ermitaño amargado y cobarde.

En el fondo, los destinos de Han y Leia son producto de sus trayectoria. Han, un delincuente común al fin y al cabo, tiene el final propio de los contrabandistas con demasiados años de demasiada buena suerte cuando ésta se acaba. Leia, buena espía, mejor emisaria, demuestra finalmente que incluso habiendo dedicado toda una vida a la intriga y al pasteleo, si no hay talento para el buen gobierno, el fracaso a largo plazo está asegurado.

Sin embargo, Luke es el único que está exactamente donde quiere. No se ha dejado llevar por la codicia ni por la ambición. Pese a sus orígenes, su educación es la de un tipo sencillo y está formado en los principios básicos de la honestidad, el trabajo y la constancia. Luke no es un cobarde, en absoluto, sencillamente luchó por lo que consideraba justo, los tejemanejes que se sucedieron a partir de ahí (los seguros embustes y engañifas de su cuñado, la sucesión de pifias económicas y políticas de su hermana) le importaban bien poco.

Conocer un poco a los clásicos, aunque sea superficialmente, ayuda a entender mejor la injustamente criticada posición de Luke y su supuesta cobardía.

Lucio Quincio Cincinato fue un cónsul romano que vivió alrededor del 500 a. c. Era patricio, y como todos los patricios dedicó su tiempo a la política y la magistratura sin descuidar para nada, de hecho era su principal actividad, sus cultivos y hacienda, que abandonaba brevemente cuando era requerido por el Senado. La más famosa de esas llamadas fue cuando algunos belicosos vecinos de Roma (que todavía no pasaba de ciudad-estado con ínfulas) intentaron invadirla, el Senado le nombró dictador. Cincinato, organizó el ejército, derrotó a los invasores en un par (literalmente) de semanas y pese a detentar la mayor cota de poder que nadie había tenido nunca en Roma, se desprendió de la púrpura y volvió tranquilamente a su casa.

La leyenda cuenta que el llamamiento del Senado le sorprendió arando el campo. Desunció la mula, dejó el arado donde estaba, llegó, vio, y venció, volvió a su campo a uncir la mula al arado, y siguió labrando el surco que había dejado a medias.

Nunca, nadie, en 2500 años, ha cuestionado jamás a Cincinato llamándole cobarde, al contrario, se le ha puesto como ejemplo de rectitud, honradez, honorabilidad y sobriedad, además de admirar sus considerables habilidades estratégicas.

Hay muchas diferencias entre Luke y Cincinato, pero también paralelismos destacables. Mientras Cincinato era un noble, un estadista acostumbrado manejarse en la alta política, Luke era un labrador al que todo eso de enfrentarse a un Imperio le vino grande desde el principio.

Cincinato amaba sus regadíos y aperos, a Luke le impacientaban, pero ninguno se acobardaba, si era preciso afrontaban cualquier adversidad, aunque lo que en realidad les pedía el cuerpo, algo que Luke solo comprendió al madurar, era apartarse del mundo y dedicarse a las cosas sencillas de la vida.

Pero ¿Luke cobarde? Derrota ¡dos veces! a un Imperio, salva la Galaxia del mal, exorciza a sus propios fantasmas, se salva por los pelos de romper el tabú del incesto, y de postre se queda con una minusvalía del 40%. ¡¿Qué más pretenden que haga?! ¿Por qué se le exige ese grado de abnegación que solo algún que otro secundario prescindible parece asumir? Luke hizo lo que debía, poner el músculo, y cuando éste ya no fue necesario, aceptar sus limitaciones y apartarse.

Para su fortuna, aunque era requerido una y otra vez por el Senado, a Cincinato no le rodeaba toda esa mística de guardarropía que lo pringa todo en esta saga. Luke también tiene que luchar contra los fundamentalistas de la Fuerza que le exigen una quijotada tras otra para que, una vez cumplida su misión, el desastre que tiene por familia lo vuelva a reducir todo a cenizas.

Menos mal que Yoda hace una aparición significativa, si bien ridícula, para liberarle también de eso.

© Francisco José Súñer Iglesias
(921 palabras) Créditos