Adiós Al Trekkie Más Relevante
por Antonio Quintana Carrandi

El fallecimiento de Stephen Hawking, el pasado 14 de marzo, ha sido un duro golpe para la comunidad científica y también para toda la humanidad, pues con su muerte hemos perdido al cerebro más importante de la historia, con la excepción, quizás, de Albert Einstein. Su extraordinaria valía como científico ha sido puesta de relieve en incontables ocasiones, y nada de lo que yo diga puede aportar algo a lo ya expresado por mentes y plumas más dotadas que las mías. Sin embargo, hay algo relacionado con Hawking a lo que no se le ha dado la importancia que tiene: su condición de trekkie, entendida ésta en su acepción más pura, la de fiel seguidor de la saga de ciencia-ficción más relevante de la historia. Como divulgador de temas científicos, fue un fuera de serie, pues era capaz de explicar los conceptos más complejos de un modo ameno y fácilmente entendible por el común de los mortales. Que semejante autoridad científica se declarara ferviente admirador de la creación de Gene Roddenberry nos llena de orgullo a los que, como yo, formamos desde siempre en las filas de la Vieja Guardia trekkie. Su participación en un episodio de TNG, interpretándose a sí mismo, fue, sin duda, el hito más importante en la historia del universo de ficción Trek.

Corría 1993 cuando Rick Berman, productor y responsable de La Nueva Generación, recibió una llamada telefónica de Stephen Hawking. El sorprendido Berman aún se sorprendió más cuando, tras unos minutos de conversación, el profesor Hawking le preguntó si podía visitar los sets donde se rodaba TNG. Huelga decir que Berman respondió afirmativamente, y unos días después Hawking se presentó en los Estudios Paramount. Berman le mostró los distintos platós donde se filmaba la serie. Cuando estaba enseñándole el puente de mando de la Enterprise D, Hawking preguntó: ¿Podría sentarme en el sillón de mando? Berman no cabía en sí de gozo. La mente viva más grande de la humanidad en Matemáticas Aplicadas y Física Teórica deseaba sentarse en la silla del capitán JeanLuc Picard, de Star Trek: La Nueva Generación. El deseo de Hawking, que millones de trekkies compartimos, fue satisfecho de inmediato. Menos de veinticuatro horas después, Berman recibió una llamada de Leonard Nimoy, comunicándole que el profesor Hawking deseaba aparecer en un episodio de la serie. Y así, este genio aparecería en el prólogo de DESCENDENCIA, el episodio doble con el que se clausuró la sexta temporada y comenzó la séptima y última de TNG. La secuencia mostraba una partida de póker en la sala de hologramas, siendo los jugadores el inefable Data y las recreaciones holográficas de Isaac Newton, Albert Einstein y Stephen Hawking, el trío de genialidades más admirado por el androide. La aparición de Hawking sirvió, además de para homenajear al físico teórico más importantes del último medio siglo, para recordar al espectador, antes de que se sumerja en el descenso a los infiernos de la humanidad de Data, que el ser humano es capaz de las proezas más increíbles..., y también de las vilezas más grandes.

El episodio doble es magnífico por sí solo, y ofrece una visión de Data ciertamente pertubadora, pero consecuente con la importancia que, a lo largo de la serie, habían ido adquiriendo el personaje y su deseo de volverse cada vez más humano. Sólo por eso ya merece la pena verlo. Pero el entrañable cameo de Hawking lo convierte en algo único, una experiencia inolvidable para cualquier fan de Star Trek.

Stephen Hawking nos ha dejado. La pérdida para la humanidad es inmensa, así como para nosotros, los trekkies, que hemos dicho adiós al mejor de todos nosotros. Descanse en paz.

© Antonio Quintana Carrandi
(779 palabras) Créditos