Servicios de prensa
por Francisco José Súñer Iglesias

Desde que empezaron las vacas flacas en el mundo editorial, y también a causa de mi nula presencia en las redes sociales, lo que me supone bastante invisibilidad, hace ya una buena temporada que los servicios de prensa escasean. Hay que añadir también que nunca me ha dado por mendigarlos, no he ido de editorial en editorial pidiéndolos (se rumorea que había casos en los que eso se convertía en exigencia) llevando por delante como única credencial la mayor o menor relevancia internetera del Sitio, así que era una auténtica sorpresa recibir paquetes de editoriales a las que nunca había proporcionado mi dirección. Es fácil encontrarla, por supuesto (el caso es que me mudé hace unos años, puede que también tenga que ver con la actual escasez), pero no dejaba de resultarme chocante. Pero más chocante es que esa práctica debía ser generalizada y darse por supuesta, porque en su momento alguna oferta me llegó de críticos independientes que se ofrecían a evaluar esos libros, que daban por supuesto que me estaban desbordando, y escribir el comentario correspondiente para el Sitio.

Todo lo que fuera por leer de gorra (y mira que para eso están las bibliotecas).

Pero lo más chocante de todo eran los servicios de prensa que se utilizaban a modo de soborno, ya que se daba por supuesto que el mero hecho de su envío implicaba que se debía hablar bien de los libros.

La idea era que si que el autor o el editor tenían la graciosa deferencia de proporcionarme un ejemplar de las obras para que leyera de gañote, debía corresponder con algún comentario elogioso respecto al mismo. Siempre he opinado lo que me ha parecido adecuado en cada caso, así que la primera vez que se me echó en cara que el comentario no iba por el buen camino, esto es, la alabanza acrítica, me quedé bastante desconcertado. Mi idea es que si se enviaba el servicio de prensa era por dos motivos fundamentales, que el Sitio era una web que recibía un buen número de visitas y que por tanto era un buen escaparate en el que exponer las novedades, y por otro, que las opiniones que se expresarían serían ecuánimes y, sobre todo, independientes, es decir que además de la publicidad el servicio de prensa también tenía como objetivo recabar la opinión imparcial.

Se puede pensar que si el comentario no es positivo, autor y comentarista pueden iniciar un debate al respecto, siempre teniendo claro que nadie está en posesión de la verdad absoluta: mientras el uno piensa que su obra está bien como está, el otro puede no considerarlo así de ninguna de las maneras. Pero hubo casos en los que no parecía ser así. El servicio de prensa se consideraba una especie de soborno que implicaba elogios automáticos hacia la obra. Cuando no sucedía así la indignación era, ciertamente, furibunda.

Había otros casos en los que las opiniones más o menos favorables se encajaban de forma bastante deportiva. Raúl Gonzálvez del Águila me envió innumerables ejemplares de las colecciones del Grupo AJEC, y jamás se indignó cuando le señalaba los fallos y defectos de sus ediciones o cuando mi parecer respecto a la obra de turno no era precisamente entusiasta.

El caso es que los buenos tiempos ya pasaron y los servicios de prensa ya no proliferan como antes. En el fondo, menos problemas.

© Francisco José Súñer Iglesias
(631 palabras) Créditos