Especial Vigesimoprimer Aniversario
Bienvenidos al siglo XXI
Especial Vigesimoprimer Aniversario
por Antonio Quintana Carrandi

El siglo XXI ya está aquí. Hace dieciocho años que vivimos en él y, los que andamos ya por la cincuentena, no podemos evitar comparar la realidad actual con las visiones que de esta centuria ofrecía la ciencia-ficción cuando éramos unos chavales. Muchas de las novelas, películas y series televisivas aparecidas a lo largo del siglo XX, sobre todo a partir de los años 50, trataban de anticipar cómo sería el mundo en la vigesimoprimera centuria. El peso de la Guerra Fría determinó muchas de esas visiones, por lo que abundaron las obras en las que se previeron diversos futuros a medio y largo plazo, apocalípticos y relacionados, de un modo u otro, con las amenazas nuclear o bacteriológica. Pero siempre he procurado ser optimista, así que mis relatos preferidos eran aquellos que ofrecían una visión positiva del inmediato futuro, haciendo hincapié en las maravillas que esperaban a la humanidad si superaba con éxito los problemas de todo tipo que acuciaban al mundo.

Ha transcurrido el tiempo, con la inexorabilidad que lo caracteriza, y ya enfilamos la segunda década del siglo XXI. Y nosotros, los que crecimos leyendo ciencia-ficción, y conocíamos a fondo las previsiones que ésta hacía para la primera centuria del nuevo milenio, no podemos por más que maravillarnos de lo muchísimo que ha progresado la humanidad en algunos aspectos, de lo poquísimo que ha avanzado en otros, y de lo exageradas y hasta absurdas que se nos antojan hoy ciertas predicciones.

Puesto que los avances se han producido paralelamente al desarrollo de nuestras vidas, no hemos sido plenamente conscientes de los mismos, pero están ahí, formando parte de nuestra realidad cotidiana. Si a los quince años de edad, allá por 1979, hubiera sido arrancado de mi época y trasladado a este 2018, habría alucinado sin duda con la profusión de teléfonos móviles que hasta los críos de corta edad utilizan, con los sorprendentes avances médicos que permiten tratar, con posibilidades de curación, enfermedades que hace apenas dos o tres décadas equivalían a una sentencia de muerte, y sobre todo con internet, la red de redes que ha interconectado el mundo de una forma que ni los más visionarios escritores de ciencia-ficción pudieron prever. Pero también me decepcionaría bastante comprobar que los problemas humanos en los comienzos del siglo XXI siguen siendo, en esencia, los mismos, o muy parecidos, a los que se enfrentaba el hombre de mediados del siglo XX. Sigue habiendo guerras, y la brecha entre países pobres y ricos, lejos de cerrarse, parece haberse ampliado. Y aunque la humanidad ha progresado bastante, no toda ella se beneficia de ese progreso. Evidentemente, todavía existe, para nuestra desgracia, un enorme desfase entre los avances sociopolíticos y el desarrollo científico y tecnológico, y eso, a la larga, podría tener graves consecuencias para nuestra especie.

En el campo de la exploración espacial, mi preferido por razones obvias, se han producido importantísimos descubrimientos. Pero es desilusionante ver que, tras las exitosas misiones Apolo de finales de la década de 1960 y principios de la de 1970, el hombre tan sólo se ha alejado unos cientos de kilómetros de la Tierra. Todas las optimistas visiones del futuro del hombre en el espacio, magníficamente explicitadas en el film 2001, UNA ODISEA DEL ESPACIO, no se han cumplido, ni parece que tengan posibilidades de hacerse realidad a corto o medio plazo. No puede hablarse de un estancamiento, porque la exploración profunda del cosmos ha continuado gracias a los telescopios, radiotelescopios y sondas robóticas. Pero sí de una ralentización, pues, al menos hasta la fecha, no parece haber planes concretos de enviar de nuevo una nave tripulada a la Luna, y mucho menos a Marte.

En general, los inicios del siglo XXI no son tan espectaculares como imaginaron algunos autores de ciencia-ficción, pero tampoco decepcionantes. Tan sólo estamos en 2018. Quedan, por tanto, ochenta años para que finalice la centuria, y en esas ocho décadas pueden producirse maravillas. Si a una persona de 1918, con la educación y la mentalidad propias del siglo XIX, se le hubieran expuesto los avances que se producirían en el resto del XX, probablemente habría tachado de loco visionario a quien lo hubiera hecho. Y sin embargo, en el pasado siglo, especialmente en los últimos decenios, la ciencia y la técnica han avanzado más que en los quinientos años anteriores. Y aunque siguen existiendo graves problemas sociales, políticos, económicos y medioambientales, el futuro, que no está escrito y sobre el que sólo podemos hacer conjeturas, se abre no obstante esperanzador ante nosotros. Todas las predicciones optimistas, todos los sueños maravillosos sobre el siglo XXI, aún pueden hacerse realidad. Si no a lo largo de esta centuria, en la siguiente. Porque, en la dilatadísima existencia del universo, ochenta años son como una gota de agua en el océano, y por tanto el siglo XXII está, como quien dice, a la vuelta de la esquina. Ojalá para entonces la humanidad haya sido capaz de encontrar soluciones para la mayor parte de sus problemas, y se haya lanzado, unida, a la conquista y colonización de nuestro Sistema Solar, ineludible primer paso para la expansión del hombre por nuestra galaxia.

© Antonio Quintana Carrandi
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Antonio Quintana es colaborador habitual del Sitio