Doscientos años de una Criatura fascinante
por Luis del Barrio

El día 1 de enero de 2018 se cumplen doscientos años de la publicación de FRANKENSTEIN, EL MODERNO PROMETEO.

A estas alturas creo que ya nadie desconoce el origen de la leyenda, cuando su autora, Mary Shelley, su marido, Percy Shelley, Lord Byron y el doctor John Polidori, pasando una temporada en Ginebra, se conjuraron para escribir cada uno una novela de terror.

Mary Shelley y Polidori fueron los únicos que completaron la tarea, y la Criatura de Víctor Frankenstein (en realidad de Mary Shelley) la única que se convirtió en una leyenda que ha marcado a casi todas las generaciones durante doscientos años, hasta estos tiempos, en los que lo digital ha desplazado a los monstruos clásicos (hombres lobo, vampiros, momias y el monstruo de Frankenstein) por otros propios de la época, como los zombis y... los zombis.

Es una lástima, porque la carga existencial de estos últimos no tiene, de hecho no tienen, punto de comparación con las de nuestros viejos conocidos. Excepto la momia, que en el fondo siempre se ha comportado como un cascarrabias vengativo, hombres lobo, vampiros y la Criatura eran en cierto modo el reflejo de la doble cara, amable por un lado y siniestra por otro, de la humanidad. Eran espejos en los que se podían ver reflejados tanto los mejores deseos como los más repugnantes anhelos. Robert Louis Stevenson acabó de refinar el concepto en EL EXTRAÑO CASO DEL DOCTOR JEKYLL Y EL SEÑOR HYDE, quizá el monstruo definitivo.

Sin embargo, lo que más atrae de la Criatura es que, en esencia, es pura e inocente. Pese a que en su creación Víctor Frankenstein empleara partes de malvados y maleantes, la chispa de la vida hace que el conjunto resucitado nazca con la mente en blanco, prácticamente sin recueros, ingenuo y confiado. Al principio se nos muestra así, no hay perversidad ni malicia, solo un enorme estupor al verse de nuevo andando entre los vivos. Hasta que la Criatura no se enfrenta al pánico que provoca su presencia, y se ve acosada y perseguida, no desarrolla realmente la personalidad que la hace aterradora, que junto al portentoso poder físico que le ha proporcionado su creador, consiguen convertirla en un icono a través de los siglos.

A esto último también han ayudado tanto el cine como la propia literatura. Hay decenas de películas dedicadas o inspiradas en la Criatura. Aunque la primera es de 1910, fueron las dos de James Whale, FRANKENSTEIN (1931) y LA NOVIA DE FRANKENSTEIN (1935) las que fijaron su imagen durante decenios. Tras una larga serie de cameos en películas de terror y adaptaciones más o menos afortunadas, entre las que se debe destacar EL JOVENCITO FRANKENSTEIN (Mel Brooks, 1974), que pese a ser una humorada trata el mito con exquisito respeto, fue una película española, REMANDO AL VIENTO (Gonzalo Suárez, 1988) la que recupera seriamente tanto la figura de la Criatura como de la propia Mary Shelley. En 1994 Kenneth Branagh retoma en su FRANKENSTEIN el aspecto existencial de la Criatura, y en la última y reciente VICTOR FRANKENSTEIN, (Paul McGuigan, 2015) se desatiriza EL JOVENCITO FRANKENSTEIN profundizando en la relación entre Igor y su jefe. Pero posiblemente haya sido en la televisiva Penny Dreadful donde se hayan visto las versiones más intensas tanto de la Criatura como de la Novia de la Criatura y la relación tóxica con su creador. Por supuesto, tampoco nos podemos olvidar otro clásico, su hermano más famoso: Hermann Munster.

En la literatura también es fácil encontrar decenas de títulos que han tomado prestadas a la Criatura y a su torturado creador como protagonistas. En español he encontrado sobre todo ediciones comentadas, ensayos y un montón de versiones más o menos iconoclastas o amables adaptaciones infantiles. Quizá la referencia más relevante sea FRANKENSTEIN DESENCADENADO (Brian Aldiss, 1973). En inglés la cosa cambia, naturalmente y las referencias son múltiples, como historias sobre el propio Víctor Frankenstein y familia (alguna novela sobre su hermana Elizabeth he encontrado) o una serie de libros de Dean Koontz con la Criatura convertida en una especie de superhéroe y Víctor en un supervillano. Y eso solo son un par de ejemplos rápidos.

La cuestión es que la Criatura sigue siendo objeto de un fascinante culto. Actualmente no está muy de moda, pero seguro que a poco que nos descuidemos volverá a tener plena vigencia.

© Luis del Barrio
(911 palabras) Créditos

Especial 200 años de Frankenstein