El tiempo en sus manos
por Jesús Poza Peña

Lo confieso, soy un ministérico. Reconozco que es una buena serie, sin pasarse. Pero es curiosa, trata sobre nuestra propia Historia y los actores están bien. Especialmente Nacho Fresneda, que realmente parece que le hayan sacado ayer de su viejo tercio. España mi natura, Italia mi ventura, Flandes mi sepultura.

No nos podemos quejar. Son tan pocos los ejemplos de ficción de fantasía en español, que un hueso se hace un jamón. Además, lo mejorcito de la serie es que para acceder a las puertas del tiempo, los personajes bajan por la Torre de los Siete Jorobados, aquella maravilla cinematográfica de Edgar Neville (basada en una novela que no escribió Emilio Carrere), en la que al pie de aquella torre invertida, se hallaban unas ruinas sefardíes (las puertas del tiempo también tienen un origen hebreo en la serie). Detalle de gran nivel.

No es una serie de ciencia-ficción, eso desde luego. Si las puertas son aperturas en el espacio-tiempo que conducen a un momento y lugar únicos, ¿cómo es que Amelia Folch regresa cada día a su tiempo?

Pero el problema de fondo de la serie es que la misión del Ministerio no tiene sentido. El Tiempo es el Que Es, es el lema de la ficción. Se debe mantener a todas costa la Historia tal y como la conocemos. Esto es un sinsentido, ya que la Historia que conoces, es la Historia que han forjado los hombres con sus decisiones.

Vamos suponer que el modelo de tiempo del Ministerio fuera posible. Es un sistema lineal, en el que cada cambio que se realiza afecta al futuro, pero que no genera diferentes líneas temporales. Es decir, no es un multiverso, donde cada cambio produciría una nueva línea temporal. Bien. ¿Cuál es la razón de ser de mantener la Historia que conocemos? ¿Es que al final se produce un bien mayor? ¿Para qué mantener la Historia de este modo? España no gana nada. Hace mucho siglos que no brillamos y aunque estamos algo mejor que en nuestro pasado cercano, nuestro presente es francamente mejorable.

Los productores del Ministerio se quejan amargamente de haber sido plagiados al otro lado de la mar océana, incluso incluyeron un comentario sarcástico a propósito de la originalidad de la serie en el episodio de mitad de temporada. No ha lugar. No sólo porque lo de los viajes en el tiempo está trilladísimo (desde H. G. Wells a Stephen Baxter), sino porque El ministerio del tiempo tiene un parecido más que evidente con los relatos de Poul Anderson y su Patrulla del Tiempo. Un grupo de personas escogidas de cualquier época para defender la continuidad de la Historia, y que viajan de tiempo en tiempo desfaciendo entuertos de malvados que quieren cambiar la Historia. ¿Le suena, querido lector?

Pero entre ambas hay una diferencia fundamental. Anderson, el auténtico heredero de Heinleina, sí es capaz de dotar de sentido a su narración. Allí no se trata de mantener la Historia porque sí. La razón de ser de su Patrulla es asegurar la existencia futura de una evolución humana a la que se conoce como los Danelianos. Todo lo que ocurre en la Historia lo hace para que al final de ella, o en algún punto de la misma, aparezcan los Danelianos. En El ministerio del tiempo, se mantiene la Historia tal y como la conocemos, sólo porque sí. Porque el Tiempo es el Que Es.

No tiene sentido.

Dígame si no, querido lector, por qué España mantendría un Ministerio entero, capaz de cambiar la Historia, con el fin de preservar los hechos que pusieron a Miguel Ángel Blanco una pistola en la nuca.

Hay un episodio maravilloso, en el que Felipe II se hace con el Ministerio. Ahí es donde está la realidad de lo que pasaría si España, o cualquier otra nación del mundo tuviese acceso al viaje en el tiempo (siempre y cuando el tiempo funcionara como lo hace en la serie, en un multiverso, Felipe II sólo crearía otra nueva línea temporal). Pero la serie trata el tema de muy mala manera, hasta la falta de decoro, con el Rey Prudente (por cierto, uno de los mayores intelectuales de su tiempo) presentado como un tirano homicida y chocheando en el lecho de muerte.

Es muy triste reconocer que, incluso una serie valiente en su planteamiento como es el Ministerio, está trufada de tonto progresismo. Esa ideología que considera la Historia de España como algo oscuro y retrógrado. No hay más que ver el trato que se da a la Revuelta de las Comunidades (¡La primera revolución liberal de la Historia y la primera constitución de la Historia con su Ley Perpetua de Castilla!), que en la serie es una época de terror e inseguridad. Los malos de la trama son unos revolucionarios que se hacen llamar Hijos de Padilla, como el comunero toledano, uno de más grandes símbolos de la libertad en España. ¡Los liberales son los malos! Y se unen a otros sujetos conocidos como El Ángel Exterminador, que son ultraconservadores. Y entre todos tratan de matar a Alfonso XII. Un batiburrillo bastante raro y triste. Quien lo escribió no tiene muy claro qué es ser liberal y qué es ser conservador.

Además, últimamente se hace algo realmente poco limpio con el personaje de Alonso de Entrerríos, y es que en cada episodio ha pasado a representar la España casposa: está en contra de Simón Bolívar, al que cree un idiota (cosa, por cierto, ampliamente documentada, fue el tonto útil del que se aprovecharon todos los malnacidos que han saqueado la América hispana, incluso se sigue manipulando su memoria en nuestros días), habla mal e insulta a los indígenas americanos, le repugna Luis Buñuel por su trato a la Iglesia, se pelea con los ingleses que vienen a firmar la paz... Pero siempre al final entra en razón, aprende a ver el punto de vista correcto o al menos le pone paños calientes. Es un manual pedagógico de lo políticamente correcto, que enseña al espectador cuál es la ideología buena.

No es que en El ministerio del tiempo todo sea Leyenda Negra, genocidio indígena, Franco e Inquisición. No. Pero subyace a la narrativa. La sobrevuela y aflora en detalles o puntos de vista. Es esta forma de entender la Historia la que se enseña en nuestros colegios, la que hace que nuestra sociedad se avergüence de su propio pasado. Esa visión, ese pensamiento no puede continuar. Una nación que se ve a sí misma como algo odioso no puede subsistir y está condenada.

Quizá sin esa gente que entiende nuestra nación, nuestra bandera, nuestras tradiciones y nuestro pasado como algo oscuro, carca, facha o cómo quieran llamarlo, no se vería España en la situación en la que se ve estos días. Con una de sus provincias en franca rebeldía, y con los que tienen que defender la ley y la razón tramando un cambio de la Constitución para aceptar lo que les piden los rebeldes y cantarnos el trágala a todos los ciudadanos.

No estaría mal que el Ministerio diera algún apunte de lo grande que hemos hecho como nación en la Historia. Que hechos como las Navas de Tolosa o la batalla de Lepanto, que ciertamente cambiaron la historia, impidiendo el paso del Islam a Europa, o que las hazañas de hombres como Cabeza de Vaca o Fray Junípero Serra, a cuya estatua cortaron la cabeza unos gilipollas californianos que nunca habrían existido de no ser por él, se reconozcan de forma positiva y valiente. Que podamos sentir la emoción y el orgullo de ser el pueblo que descubrió el mudo. Yo, y creo que otros muchos fans, nos llevaríamos una enorme alegría.

Y éste es el suelo que continuo ha sido.
de mil memorias lamentables lleno.
en los pasados siglos y presentes.
Mas no más justas de su duro seno.
habrán al claro cielo almas subido,.
ni aun él sostuvo cuerpos tan valientes.

© Jesús Poza Peña
(1.323 palabras) Créditos