El futuro en que vivimos
20. Tanques Axlotl
por Francisco José Súñer Iglesias

Uno de los temas recurrentes del género es la creación de humanos sintéticos, y más que del género, era una casi obsesión de los antiguos alquimistas, para los que, junto a la transmutación del oro, la creación de homúnculos para usarlos de asistentes era motivo de grandes experimentos. Según Paracelso, la receta para crearlo consistía en una bolsa de carbón, mercurio, fragmentos de piel o pelo de cualquier humano o animal del que el homúnculo sería un híbrido. Todo esto había de enterrarse rodeado de estiércol de caballo durante cuarenta días, tiempo en el cual el embrión estaría formado en el seno de la Tierra la raíz de la mandrágora también era muy apreciada como ingrediente principal, y el semen humano era requerido en numerosas recetas. James P. Blaylock, en su libro HOMÚNCULO recopila esta y otras recetas, aunque para el caso la naturaleza del diminuto individuo es muy distinta.

Desde luego, no se podía acusar a los alquimistas de ser acientíficos, por lo que ellos sabían, Aristóteles estaba en lo cierto cuando afirmaba que la vida podía surgir en cualquier momento y lugar, bastaba un principio activo para que, en las condiciones adecuadas surgieran seres vivos, como se demostraba claramente en las charcas y montones de excrementos de donde surgían miriadas de insectos... espontáneamente.

Otros seres míticos de naturaleza artificial fueron Talos, aunque su construcción metálica hacía pensar más bien en proto-robótica, y el Golem, moldeado en barro, tampoco dejaba de ser un robot ¡programable!

Tenemos que llegar a Mary Shelley y su FRANKENSTEIN para que el cientifismo tomara carta de naturaleza, no se trataba de crear vida de la nada, sino de rehacerla mediante la sabia aplicación de la anatomía, la cirugía y la física. Años más tarde, Karel Capek describe en ROBOTS UNIVERSALES ROSSUM a sus robots, sorprendentemente no son artefactos mecánicos, sino seres biológicos creados artificialmente. La verdad es que desconozco si anteriormente se había descrito algo parecido sin intervención cabalística o alquímica. A menos que se me corrija, los robots de Capek son los primeros seres biológicos sintéticos. Otro salto adelante (milenios en la ficción) y nos plantamos ante los tanques Axlotl del universo de Dune. Estos son más versátiles, con ellos, los Tleilaxu consiguen reproducir casi cualquier materia orgánica, desde seres humanos hasta la misma especia Melange. Por acabar con los ejemplos, los replicantes (o andrillos, depende de la traducción) de Dick/Scott son a todos los efectos androides biológicos, más allá de cualquier añadido mecánico.

Todas estas referencias no hacen menos escalofriante el trabajo del equipo de Alan W. Flake en el Hospital Infantil de Philadelphia. Han desarrollado un útero artificial que permitiría a los bebes ultraprematuros completar su desarrollo fuera el útero materno. El problema de estos fetos es que el desarrollo de pulmones, ojos y otros órganos se completa en la segunda parte del embarazo, aunque con 37 semanas de gestación un humano es viable, obviamente con grandes cuidados, los partos extremadamente prematuros, aquellos que se producen hasta solo 22 semanas de gestación, implican un altísimo índice de mortalidad, y en cualquier caso, gravísimas discapacidades. La propuesta de Flake y su equipo consiste en un sistema extrauterino con las mismas condiciones del útero materno para que el feto complete su desarrollo. Las pruebas realizadas con corderos fetales han sido muy alentadoras, con lo que se abre un futuro esperanzador más allá de las incubadoras tradicionales.

Pero de ahí a la gestación prescindiendo de la madre, en una retorta al más puro estilo alquímico, hay unos pocos pasos. Sería sencillísima la producción de seres creados a la carta y bajo demanda con la mínima participación de sus ascendientes, un poco de esperma por aquí, unos cuantos óvulos por allá... y listo, se acabaron las molestias de la concepción tradicional.

Pero el asunto va más allá, hay que añadir los trabajos de Juan Carlos Izpisúa en la universidad de Oregón que, si bien despierta ciertas objeciones en círculos académicos, está en el camino de de corregir patologías genéticas en el propio embrión.

Juntémoslo todo: úteros artificiales con gametos seleccionados y limpios. Solo falta algún método para manipular el cerebro durante su formación grabándole reglas y pautas. Los sueños más locos de Capec y Dick están a la vuelta de la esquina.

© Francisco José Súñer Iglesias
(709 palabras) Créditos