En la muerte de Javier Redal
por Antonio Quintana Carrandi

La noticia del fallecimiento de Javier Redal ha causado en mí tan honda impresión como en el resto de los aficionados a la ciencia-ficción. Siempre es doloroso que fallezca alguien relacionado con nuestro mundillo, pero en este caso el dolor es doble. Al impacto del óbito en sí hay que sumarle el detalle de que se produjera hace casi un año, sin que hasta hace poco supiéramos nada. No deja de resultar tristemente irónico que en una sociedad tecnificada como la actual, en la que casi todos estamos interconectados y las noticias se conocen en tiempo real, la muerte de Redal haya pasado inadvertida durante meses. Y la cosa es más preocupante si tenemos en cuenta que, en una comunidad como la nuestra, en la que presumiblemente estamos al día de todo lo que acontece en el mundo de la ciencia-ficción, sobre todo en la española, el deceso de este notable autor haya pasado desapercibido. No encuentro explicación plausible para algo así.

Lo que sí puedo asegurar es que hemos perdido a uno de los escritores españoles de ciencia-ficción más relevante. Si bien su incursión en la ficción no es muy extensa, tuvo el honor de escribir, en colaboración con Juan Miguel Aguilera, las dos novelas más espectaculares de la ciencia-ficción patria. MUNDOS EN EL ABISMO y su continuación, HIJOS DE LA ETERNIDAD, conforman un impresionante díptico galáctico que nada tiene que envidiar a los universos ficticios creados por los tan venerados autores anglosajones. Confieso no haber leído nada de Redal, aparte de estas dos fabulosas novelas. Teniendo en consideración este detalle, quizás resulte un tanto atrevido decir lo que sigue. Pero creo que bastan estos dos libros para dejar de manifiesto la extraordinaria habilidad narrativa de Redal y Aguilera. La riqueza y complejidad temática del universo de Akasa-Puspa no tiene rival en la ciencia-ficción contemporánea española o iberoamericana. Space-opera de la mejor calidad, ambas obras nos sumergen en el peculiar ambiente de un cúmulo globular muy especial, un escenario espacial ideal para recrear las aventuras más épicas. Al leerlas se capta enseguida la pasión de sus autores por el género, y uno no puede más que maravillarse ante su grandiosidad. Aunque sólo fuera por estos dos fantásticos títulos, el nombre de Javier Redal merecería figurar con letras de oro en los anales de la literatura española de ciencia-ficción.

Suele decirse que más vale tarde que nunca. Por eso quiero rendir desde aquí un sentido homenaje a la figura de Javier Redal, un hombre que amó la ciencia-ficción y supo plasmarlo en un par de obras que son verdaderas joyas de nuestro género. Este mundo fue un poco mejor porque Javier Redal pasó por él. Descanse en paz.

© Antonio Quintana Carrandi
(457 palabras) Créditos