Francisco Porrúa, editor de ciencia-ficción
por Dixon Acosta

A Francisco Porrúa se le recuerda mucho durante este año, fue el primer editor de CIEN AÑOS DE SOLEDAD, cuando trabajaba en la Editorial Suramericana en Buenos Aires, un hombre que tuvo el olfato (todos los sentidos) para entender que estaba ante un trabajo genial. La edición de 1967, cada vez adquiere mayor dimensión, pues sin duda estamos ante el verdadero clásico de las letras en español en el siglo XX y lo que llevamos del XXI, por lo cual equivale a hablar de la primera edición del Quijote o cualquiera de las grandes obras literarias de la humanidad.

Paco Porrúa, como le trataban sus amigos (en la literatura, uno termina siendo amigo indirecto de sus creadores), era español, nacido en Galicia, pero buena parte de su vida la pasó en Argentina, en donde estudió filosofía, pero quizás lo más importante en donde leyó a Julio Verne y H. G. Wells, impregnando su espíritu del gusto por la fantasía y en especial por la ciencia-ficción. Gracias a su conocimiento del inglés y el francés, pudo leer en sus lenguas originales a los autores que para mediados de siglo, eran los referentes del género de la anticipación científica. Especialmente quedó fascinado con los libros de Ray Bradbury, que ya catalogaban como el poeta de la ciencia-ficción, así que se empeñó en traducirlo y publicarlo en español.

Porrúa fue más allá, decidió fundar en 1955, Ediciones Minotauro, entidad que al igual que su referente mitológico, es un nombre legendario entre los lectores de ciencia-ficción en español. Compró los derechos de varios autores imprescindibles como el ya mencionado Bradbury y J. R. R. Tolkien, de quien publicó toda su obra. Porrúa hacía las traducciones, así que su papel no solo fue desde la dirección de su editorial, sino que tuvo un trabajo de coautoría (un buen traductor, es quien transmite las mismas sensaciones de quien puede leer una obra en su lengua original). Gracias a Ediciones Minotauro pudimos conocer a escritores como Aldiss, LeGuin, Stapledon, Sturgeon, Ballard, entre muchos otros y lo hizo no solo a través de sus libros, sino en los cuentos que publicaba en la revista que bautizó con el mismo nombre de su editorial y que existió durante algunos años en la década de los sesenta.

Porrúa también impulsó la creación de ciencia-ficción en nuestro idioma, editando a autores hispanoamericanos, especialmente argentinos, como Angélica Gorodischer o Carlos Gardini. Uno de sus grandes hitos literarios, es la edición de CRÓNICAS MARCIANAS de Bradbury con el célebre prólogo de Jorge Luis Borges, que de hecho, fue el primero de una extensa colección que sigue hoy día, cuando la editorial pertenece al Grupo Planeta, pero que sigue con el estímulo a los autores en nuestro idioma, gracias a un premio que se ha institucionalizado.

Porrúa era un hombre literario, que gustaba de asumir diferentes pseudónimos para las empresas que se proponía. Este año lo celebramos por haber editado CIEN AÑOS DE SOLEDAD, portento de novela que finalmente pertenece al género fantástico, pues no de otra forma puede entenderse el llamado realismo mágico. Sobre esta novela cumbre, que había sido rechazada por una conocida editorial española, Francisco Porrúa alguna vez declaró: La publicación ya estaba decidida con la primera línea, con el primer párrafo. Simplemente comprendí lo que cualquier editor sensato hubiera comprendido en mi lugar: que se trataba de una obra excepcional.

Paco Porrúa, un hombre renacentista en nuestro presente. Porrúa confesaba que si bien su vocación fue la de editor (vocación extraña, reconocería), su trabajo físico fue el de traductor, actividad que realizaba en jornada nocturna, de cinco de la tarde a cinco de la mañana. Este noctámbulo de la creación, dejó este mundo en 2014 a los noventa y dos años en Barcelona. El colmo de su discreción, es que si uno busca su biografía en Wikipedia, aparece sin su fotografía, alguien debería modificar eso, ¿no? Un hombre que hizo tanto, se merece al menos que su imagen se conozca, incluso contra su modesto parecer.

© Dixon Acosta
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