Imagen Turing
por Marco Baturan

Hace mucho tiempo leí una novela de ciencia-ficción donde se analizaban los distintos modos en los que un ser humano trascendería los límites biológicos de la longevidad. Hoy voy a analizar una de las opciones que aparecían en dicha novela (COMPRADORES DE TIEMPO, de Poul Anderson): una imagen Turing.

Para explicarla nos vamos a tener que retrotraer a octubre de 1950, a un artículo del propio Turing: Máquinas de computación e inteligencia donde demuestra como una máquina pasaría por un ente inteligente. Es obvio decir que él mismo declaró que sería una imitación de la vida, pero si se lograba representar matemáticamente un sistema vivo al completo en la máquina, ésta podría desarrollar o emular sus características. Igualmente, propuso en el mismo artículo el test de Turing.

Años más tarde, en 1964, se desarrolló ELIZA, un programa que simulaba una conversación con humanos. Pero no pasaba de ser un simple programa muy bien construido. Se llegó incluso a usar software de generación y reconocimiento de voz para hacerlo más integrado y natural con el usuario, llegando al punto de ejecutar ordenes simples, operaciones matemáticas (Dr. Abuse), dictado (software Dragon Speaker) y conversaciones sencillas con una mínima capacidad de aprendizaje no conceptual (esto es; aprende frases muy útiles, pero simples, para simular inteligencia, aunque tarde o temprano se le descubre). Incluso se le han llegado a agregar caras muy realistas, de tal manera que puedes hablar con tu máquina, y usando traductores y programas OCR puede leer texto por ti en cualquier formato.

Trabajos en esa dirección se hicieron para visión artificial, reconocimiento de voz, cálculo matemático, razonamiento lógico, conceptualización y experiencia en oficios concretos (sistemas expertos), sentido común (sistemas enciclopédicos como Cyc, OpenCog, etc), evolución y vida artificial (aLife), aprendizaje general (red neuronal artificial) control de fabricas y casas (domótica), granjas y transportes, incluso se ha llegado a crear un cierto nivel de conciencia básica artificial (búsqueda en la red), e incluso robots.

Si unimos todos esos programas como piezas en un juego de Lego dentro de un mismo ordenador, podemos hacer que una máquina pueda interaccionar con nosotros de forma práctica y productiva. Tal vez no reconozcamos humanidad en ella, y nunca la tendrá, pero si es posible crear un cerebro artificial con una mente algorítmica y modular. Otro tipo de mente distinta a la biológica, pero mente, al fin y al cabo.

Es más, según cálculos basados en la cantidad de neuronas, nervios e impulsos nerviosos del cerebro humano, para el año 2020 las máquinas alcanzarán esta capacidad de memoria y proceso cerebral en el tamaño de un ordenador portátil de no más de 1000 EUR, justo al alcance de casi cualquier bolsillo (solo serían 80 EUR mensuales aproximadamente durante un año, o privarse de tabaco y copas por ese tiempo).

Ahora supongamos que en 2021 se funda una pequeña empresa de ingenieros informáticos y psicólogos/neurólogos. Llegas a esa compañía y contratas con ellos un seguro muy barato (unos 5 EUR al mes, si empiezas a los 25 años cuando te jubiles tendrás más de 2000 EUR acumulados).

Te harán electroencefalogramas, TAC, PET, resonancias, EGG, test, análisis, exámenes, te pedirán que lleves una biografía detallada de toda tu vida, día a día, incluso tendrás sesiones con psicólogos que perfilarán tu personalidad. Con la más absoluta confidencialidad buscarán todo tu historial médico, delictivo, legal, laboral y todo registro en Internet. Entonces aplicarán lo que se llama Big Data para cotejar analizar, confirmar y comprobar o ampliar toda esa información, creando una gigantesca base de datos sobre ti mismo, con diagnósticos y conclusiones que incluso te asombrarán. Estaría en constante ampliación mientras vivas.

Por otro lado, la sección de informáticos construiría un ordenador de no más de 1000 EUR de costo con los últimos adelantos (según las estimaciones de IBM, los procesadores cuánticos baratos están a la vuelta de la esquina) y grandes medidas de seguridad y estabilidad. En el metería, aparte del sistema operativo, todo un conjunto de programas inspirados en los cerebros biológicos que emularían las funciones de un cerebro humano.

Después de todo el análisis y Big Data aplicados al caso del cliente, se procedería a estructurar, configurar y conectar esos programas para que se ajusten a la mentalidad del mismo. La persona digital se ejecutaría indefinidamente en una realidad virtual como un avatar o representación del individuo.

Luego alojaríamos dicha máquina en un almacén en una zona geológica, climatología, ecológica y políticamente neutra y segura, con fuentes de energía renovables, conectados a Internet y entre ellos, cual comunidad virtual. Eso otorgaría un entorno de protección segura a las copias de personalidad, permitiendo su ejecución por tiempo indefinido. Las máquinas también tendrían mecanismos de seguridad (DMZ, antivirus, redundancia, etc.) y serían de estado sólido, esto es, carecerían de piezas móviles para minimizar las averías. Cada cierto tiempo, sería muy fácil cambiar todo el paquete de software más los datos generados a una nueva máquina de mayor potencia, vendiéndose la antigua y con los beneficios, más los réditos del seguro, financiar el mantenimiento y la continuidad del sistema.

Todo el proceso es perfectamente automatizable en una empresa de calado público permitiendo una aceptación general.

Ya se ha hecho una cosa parecida en animales inferiores, emulando el cerebro de un gusano y ejecutándolo en un robot de Lego MindStorms con éxito. Dicha máquina recreaba los mismos movimientos de su homólogo natural. Así que no veo lejano ese posible futuro, trayendo beneficios y nuevo impulso a la sociedad actual a niveles todavía desconocidos. ¿Imaginas lo que sería de tener con nosotros indefinidamente el genio de Stephen Hawking?

© Marco Baturan
(1.094 palabras) Créditos
Publicado originalmente en Limoncello digital el 28 de abril de 2015