La aventura de seguir las series
por Francisco José Súñer Iglesias

Hace años (uf, quince...) escribí un articulillo donde describía con toda precisión cómo destrozar una serie de televisión en general (y de ciencia-ficción en particular). El artículo sigue teniendo plena vigencia, amplificada ahora por la miriada de canales abiertos y de pago disponibles. Como las series se emiten (y repiten, y repiten...) primero en la cadena que las ha encargado o tiene los derechos de emisión de pago, y a los pocos meses, y a veces semanas, se vuelven a emitir (y repetir, y repetir...) por la cadena que los tiene en abierto, se produce un extraño solapamiento cuántico que desorienta hasta tal punto al espectador que no sabe exactamente cual es la progresión de los episodios ni cuando se emiten los de estreno.

¡Eh! que para eso tienes la parrilla Claro, claro... póngase usted a lidiar con veinte series repartidas entre ciento cincuenta canales, algunas emitidas hasta por tres de ellos, con los capítulos de estreno rodeados por reposiciones, y en algunos casos sin solución de continuidad entre el capítulo de estreno y la reposición.

Pues vete a la videoteca de tu cablera Otro despropósito: No se como se negocian los derechos de emisión, pero en demasiadas ocasiones, en el apartado de televisión a la carta, solo está disponible el antepenúltimo episodio de la serie en cuestión. ¿dónde están las seis temporadas anteriores? ¡Misterio!

Pues ya sabes lo que te toca. El canal T Lo se, pero me parece un absurdo tener que llegar a esos extremos cuando se supone que mi fibra óptica es la leche en bote y no tendría necesidad de eso.

El caso es que, en teoría, cada cadena tiene su horario de referencia al que el espectador puede estar atento con la seguridad que habrá cosas sabrosas. Eso que en yanki se llama prime time, que es cuando se emiten los programas pata negra, un horario en el que la gente ya está cenada, relajándose antes de irse a la cama y debería ser ideal para ver cosas con una cierto interés.

Parece que esa hora debería ser justo tras los informativos, peeero... ¡No! En las grandes cadenas españolas ese horario (de 21:30 a 22:30) está ocupado por programas de variedades a cual más vacuo (toma ya Huxley, bien vista la jugada) El La 1 (TVE) tenemos a Javier Cárdenas, en Antena 3 a Pablo Motos, en La Sexta al Wyoming, con lo que el tal prime time se va prácticamente a las once de la noche.

Para la mayoría de la población, hora de irse a la cama. De largo.

¿Alguien de verdad cree que esas son horas de emitir una serie de estreno? Pues hay mucho estudioso con masters en Harvard y Softwar que piensa que si. Y tiene cargos de relevancia como programador televisivo. Y las emite.

Por estas fechas, la damnificada más relevante está siendo nuestra querida El Ministerio del Tiempo. Programada a esas horas absurdas, tras lo que sea que hace el señor Cárdenas, está cayendo en audiencia a marchas forzadas. Ya desde sus inicios ha sido una serie con la que Televisión Española (más bien los de los masters) no ha sabido muy bien que hacer. Es una serie de ciencia-ficción, que en realidad no es ciencia-ficción, pero como si lo fuera, pero que a la vez es una serie educativa, lo que entra dentro de los parámetros de lo que debe ser una televisión pública, y además también es serie cómica, aunque ciertamente se tratan temas serios y hasta escabrosos.

Quizá demasiada complejidad para un producto que debería ser más somático. Con la segunda temporada se hizo el esfuerzo de programarla a las 22:00, justo después de los informativos, pero por esas cosas insondables de las parrillas se iba a las 22:15. Bueno, vale, tampoco es mala hora del todo, pero actualmente, ocupando ese lugar el mentado programa de variedades, se atrasa casi una hora.

Aplauso para el lisensiado que ha organizado eso. Cambia una forma amena y divertida de presentar los hechos y personajes más relevantes de la historia de España por algo, cuando menos, indescriptible.

Pues grábalo y lo ves mañana, cansino Desde luego. Aunque TVE no se financie mediante la publicidad, los canales privados si, y actúan de forma parecida. Que la gente grabe las series (que efectivamente ocurre con mucha frecuencia) y las vea al día siguiente, solo es una constatación de que a los responsables de todos los canales les gusta el suicidio lento.

En cualquier caso, y más allá de los horarios intempestivos, esta tercera temporada de El ministerio tampoco está siendo especialmente brillante. Le falta chispa, lo que tan bien había funcionado en temporadas anteriores, esto es, la acidez de Salvador Martí, la continua perplejidad de Alonso, las tensiones no resueltas entre Amelia y Julián / Pacino, aunque siguen ahí (bueno, Amelia y Pacino ya resolvieron), se han convertido en morcillas incrustadas en los diálogos, en vez de rasgos propios de los personajes. Pero es que Ernesto ya no es el cabrón con pintas que tanto acojonaba, ni Angustias es la misma secretaria respondona... Demonios, ¿dónde han quedado las aventuras sáficas de Irene? Ha tardado cinco episodios en comerse un bizcocho, y casi por obligación. Los personajes están como desdibujados, borrosos ¿tendrá que ver que Netflix haya hecho ciertas recomendaciones en vista de su distribución internacional?

En fin, que entre unas cosas y otras las televisiones siguen maltratando series y películas sin ningún sonrojo. Luego pasa lo que pasa.

© Francisco José Súñer Iglesias
(1.121 palabras) Créditos