El futuro en que vivimos
19. Recuerdos sintéticos
por Francisco José Súñer Iglesias

No hace mucho se anuncio que investigadores del MIT (si, ese sitio donde se inventan todas las cosas) anunciaron que habían sido capaces de manipular la memoria en ratones a base de implantarles fibra óptica en el cerebro y estimularla mediante un láser. Por resumir, someten a los ratones a experiencias extremas, pero les estimulan recuerdos que no tienen nada que ver con el entorno en el que se producen, de modo que los ratones ya no asocian el entorno con la experiencia vivida en él, sino con aquella que es traída a primer plano.

Se abre aquí un abanico de posibilidades fascinante, desde el tratamiento de Alzheimer hasta evitar las consecuencias más dolorosas del autismo o la depresión. Todo pasa por recuperar los buenos recuerdos para desplazar las sensaciones más desagradables del momento.

También podría usarse como la droga definitiva, reviviendo uno tras otros los momentos eufóricos de una vida sin que, en un principio, ello supusiera un perjuicio físico. Eso si, los propensos a las adicciones se convertirían igualmente en adictos... a no ser que cada sesión acabara con una vacuna que sustituyera la euforia del chute de buenos recuerdos por una sensación simplemente agradable, como el calorcillo del sol de octubre.

Yendo más allá, se podrían implantar, incluso, nuevos recuerdos. Ahí las posibilidades si que son formidables. Se acabaría el estudiar, ¿para qué aprender nada si se puede inyectar directamente en el cerebro? Se acabaría la superespecialización, cuando fuera necesaria una nueva habilidad bastaría con una breve sesión de la máquina de aprender para obtener todos los datos necesarios y ponerse en marcha. Hasta la memoria gestual podría ser potenciada y todos esos trabajos que dependen además del conocimiento, de una gran habilidad manual estarían al alcance de todos.

Lo que quizá no se pueda potenciar sea la propia inteligencia, entendiendo como tal la capacidad de interrelacionar observaciones y conocimientos para construir una herramienta intelectual que sintetice y explique ambos. Eso, de momento, y hasta donde se, no es posible, se trata de una habilidad natural que cada cual posee en grados muy diferentes, por lo que conseguir las hazañas del Charlie de FLORES PARA ALGERNON está todavía lejos, aunque nunca se sabe que noticias pueden llegar mañana.

Por supuesto, en el otro extremo, tendremos la manipulación y reeducación. Corporaciones y Estados estarán más que tentados de formar a empleados y ciudadanía en línea a sus objetivos y prioridades. El lavado de cerebro definitivo.

Bajo la excusa de capacitar a sus empleados una empresa podría inducir recuerdos que no solo les hicieran absolutamente leales, sino además convertirles en adictos al trabajo, por no hablar de otro tipo de experimentos, pregúntele al Quinn de PODEMOS RECORDARLO POR USTED AL POR MAYOR (aka. DESAFÍO TOTAL).

Un Estado además de crear fidelidad y patriotismo, acabaría de largo con cualquier comportamiento antisocial simplemente cortando y pegando: cortando los malos impulsos y pegando buenas intenciones, en el episodio CRUZANDO GETSEMANI, de Babylon 5, ya vimos como se administraba ese tratamiento al hermano Edward, aunque también aprendimos que la redención del criminal debe pasar inexcusablemente por el perdón de la víctima, si no, no sirve de nada.

En resumen, otra investigación que abre infinitos futuros. El problema será elegir el que resulte más ético.

© Francisco José Súñer Iglesias
(639 palabras) Créditos