Robots
por Antonio Quintana Carrandi

Aunque en general me gustan todas las variantes de la ciencia-ficción, unas más que otras, siempre he sentido una fascinación especial por los robots. Dicha fascinación aumentó cuando, allá por la ya lejana adolescencia, empecé a leer los maravillosos relatos de Isaac Asimov, al que puede considerarse el padre de la robótica literaria. Los robots asimovianos, tanto los más normales (digámoslo así) como los humaniformes, causaron una gran impresión en mi ánimo, mucho más que esa versión cibernética de Stan Laurel y Oliver Hardy que son los jocosos C3PO y R2-D2 de STAR WARS. Con trece o catorce años imaginaba que en mi madurez ya existirían los robots domésticos, y que posiblemente provocarían problemas similares a los descritos por Asimov en sus cuentos y novelas. Incluso fantaseaba con la posibilidad de que en las décadas iniciales del siglo XXI ya existieran androides; es decir, robots con apariencia humana. Como es obvio, no hemos llegado a tanto en este 2017, pero los robots están cada día más cerca de formar parte de nuestras vidas, y hemos de ir haciéndonos a la idea de que, en un futuro próximo, estaremos rodeados de criaturas mecánicas.

El parlamento europeo, cuyos miembros son conscientes de esta realidad, han actuado con previsión y sensatez, proponiendo que los robots de nuestro inmediato futuro dispongan de un interruptor de apagado, una especie de botón de la muerte, que permita anular su funcionamiento en el caso de que representen un peligro para la integridad humana. Que yo sepa, es la primera vez que un parlamento se pronuncia sobre una cuestión semejante. De aprobarse lo propuesto por los eurodiputados, será sin duda el inicio de una legislación más amplia, que regule la fabricación y empleo de robots.

En realidad, los robots están con nosotros desde los años 70 del siglo pasado, prestando sus servicios en la industria del automóvil y otras. Sin embargo, en muy poco tiempo su uso se generalizará entre el común de las personas, y el empleo de tales autómatas debe regularse adecuadamente. Todavía estamos lejos del androide tipo Data, pero nuestro inmediato futuro cada vez se asemejará más al descrito en RUNAWAY, BRIGADA ESPECIAL (RUNAWAY, Michael Crichton, 1984), película centrada en la labor de una unidad especial de la policía que, en una sociedad futurista no muy distinta en esencia de la actual, se ocupa de actuar contra los robots descontrolados. Tal como van las cosas, el futuro de RUNAWAY va camino de convertirse en realidad, de ahí que me tranquilice y mucho lo propuesto por el parlamento europeo.

La tecnología progresa exponencialmente, y quizás en unas décadas poseamos robots humaniformes como los de Asimov. En tal caso, aunque no lleguen a construirse autómatas dotados de cerebro positrónico, creo que deberían incorporárseles las Tres Leyes de la Robótica acuñadas tiempo ha por el Buen Doctor. De hecho, sostengo que las Tres Leyes, o una programación similar, deberían ser incorporadas por ley a todo robot, independientemente de que cumpla la función de un electrodoméstico avanzado o posea características antropomórficas. La inteligencia artificial está en sus inicios, pero, como suele decirse, es mejor prevenir que lamentar.

© Antonio Quintana Carrandi
(632 palabras) Créditos