El nuevo estilo de hacer series
por Francisco José Súñer Iglesias

Ya llevamos unos años en los que las series producidas directamente por compañías de cable o streaming (léase HBO, Netflix, ahora también Amazon, y hasta MoviStar) están ocupando las preferencias y entusiasmos de los espectadores. ¿Las razones? Principalmente que al tener una mayor libertad creativa, al depender solo de los gustos de sus suscriptores olvidándose de las presiones de los patrocinadores, implica que se exploran líneas argumentales más complejas y unos argumentos más adultos. O eso es lo que parece.

También hay que añadir presupuestos más generosos, o al menos mejor administrados, con los que se consiguen cuidadosas puestas en escena. Como premio está la formidable posibilidad de ver estas series a la carta, es decir, no esperar ansiosos a que nos suelten nuestra ración semanal de soma pudiendo organizar maratones de ¡episodios inéditos!

Esto lleva a que la gente se maraville con estas producciones y no se pierda los nuevos estrenos. Pero hay un peligro constatable, y es que la realimentación consiguiente hace que todas ellas empiecen a parecerse cada vez más entre si. A mi, particularmente, hay una lista de características comunes que me están empezando a aburrir.

Por lo pronto, hay cierto gusto por la indefinición argumental, cada vez que acaba una temporada me quedo con la extraña sensación de ¿qué me están contando? No es que me quede en vilo a causa de los hilos sin cerrar, que también, es que sencillamente no parece que los guionistas tengan claro de donde vienen y donde van. De acuerdo, la serie no ha acabado todavía, nuevos episodios dentro de seis meses, o el año que viene, resolverán todas las dudas, pero eso me preocupa. En los tiempos de la televisión en abierto, los productores sabían, incluso antes de terminar de rodar el último episodio de la temporada en curso, si la serie sería renovada, y de no ser el caso, procuraban dejar las líneas argumentales cerradas, a veces con habilidad, a veces chapuceramente.

Ahora no, ¿para que? Como muchas se ruedan enteras antes de ponerlas a disposición del público, y solo se sabe si funcionan durante su vida comercial, se cancelan sobre la marcha dejando al espectador con dos palmos de narices. ¿Estás esperando para saber como continúa ese híbrido indescriptible que es Dominion? Olvídate, está cancelada. Sip, y eso que es una serie de SyFy, que son de los de ración semanal y argumentos simplones.

Otro problema que ya se veía venir de mucho antes es la lostización. Es decir, sugerir muchos misterios y marear la perdiz sin concretar nada, con un arco narrativo que más bien parece un nudo gordiano que no es raro resolver, tajante a la vez que chapuceramente, a la alejandrina. La primera temporada de The Expanse va de eso, Me han sobrado ocho capítulos. La única revelación con cierta entidad es el destino de la chica. Todo lo demás: coso rampante de origen extraño, naves de combate misteriosas, conspiración gorda y politiqueo vario, ya lo dejaron perfilado en los dos primeros capítulos. No han cerrado nada, no han concretado nada, me sobraron personajes, naves y asteroides, han sido ocho capítulos de grandes frases y pocas conclusiones. Si todavía tuvieran la decencia de llamarla middle season, vale, esperamos dos meses o medio año y terminan de contárnoslo todo, ¿pero llamar a esto una temporada entera? Algunas pistas y el avance de la segunda temporada parecen indicar que el asunto está encarrilado. Esperemos que sea así y no se trate de un sueño.

La que se llevó la palma en el arte de la insustanciación fue Leftovers. La serie va exactamente de nada. Vale, desaparece así por las buenas un montón de gente y los que quedan se supone que están traumatizados. Pero vaya, traumas de chiste: etéreos, cogidos con alfileres y más dirigidos al postureo y a las grandes frases. Lo que debería haber llevado el peso del argumento, el dolor y el desconcierto por la pérdida inexplicable (e inexplicada) de familia, amigos y conocidos, acaba descrito como un rosario de excentricidades, caritas embobadas y Justin Theroux luciendo cada dos por tres cachas de empotrador. Eso si, esteticista hasta el empalago. Parece ser que habrá una tercera temporada, ¿resolverá algo? Siendo un producto Lindelof, lo dudo.

Otra característica son las idas y venidas. Todo el mundo va y viene de acá para allá, se pasan todo el día deambulando. Ah, y mucho hablar, los personajes se pasan horas enteras hablando de lo divino y de lo humano con diálogos en apariencia profundos y sesudos pero que no aguantan ni un análisis a vuelapluma. Los largos, larguísmos paseos y las entrevistas a los anfitriones de Westworld, son buen ejemplo. Parloteo y parloteo para sacar apenas media conclusión aproximada de seis horas de conversación. La mayor parte de los episodios los sostienen las tetas, los culos y las masacres a tiro limpio. La historia en si es interesante, pero está contada de una forma taaan perezosa y repetitiva que solo los ocasionales cachos de carne y los tiroteos mantienen el interés, si no es por eso me hubiera dormido a los diez minutos... Que digo. Tuve que ver dos veces el último episodio porque no aguanté tanta actitud plomiza. Demasiadas alforjas para tan poco viaje.

Aunque es un género que no trabajo otra que también me he visto es Penny Dreadful, por cierto no esperes al personaje, es como se llamaba a unos panfletillos truculentos que se vendían a un penique (penny) en la Inglaterra de finales del XIX. Parece, es, el típico desvarío de adolescente con las lecturas a medio digerir. Sale casi todo el mundo: Nosferatu con sus novias, Drácula con las suyas (sip, un vampiro con trastorno de identidad disociativo), por supuesto Van Helsing, también Dorian Gray, Frankstein (de hecho toda la familia: el Doc, el Monstruo, la Novia... y hasta un primo de Manchester), Morticia Adams, El hombre lobo, Madame Blavatsky, un trasunto de Quatermain y otro de Buffalo Bill (otro con TID). Hasta Chaka y Freud. He echado muy en falta a Holmes, ¡y a Jack! aunque han tenido sus particulares, Watson y Lestrade. Todo esto en el Londres victoriano, con mucha sangre, y mucha acción truculenta, pero adornadito con fotografía preciosista, diálogos transcendentes pero tan huecos como el nido del Pájaro Loco, y relatos de traumas infantiles innecesariamente alargados. Las dos primeras temporadas tuvieron un pase, pero la tercera fue un despropósito total, aunque en ella se presentaban algunos personajes muy interesantes... de los que nos podemos ir olvidando porque no habrá cuarta temporada, aunque se rumorea que alguno podría tener vida más allá de la cancelación. Como dice un amiguete, este tipo de series son como las hamburguesas gourmet... un contrasentido. Las hamburguesas son para guarrear.

Ah, y la música. ¡Todo el mundo se copia entre si! O mejor dicho, todo el mundo se inspira en Philip Glass, Win Mertens o Michel Nyman.

En resumen, yo soy más de procedimental y comedia de situación de toda la vida, cosas sencillas tanto en apariencia como ejecución, no de este tipo de retorcidos ejercicios de estilo, en apariencia transgresores (mucha carne a la vista y sangre a cubos) e inteligentes (mucho diálogo brillante... y esponjoso) pero con unos argumentos de recorrido muy corto, enredos innecesarios, relleno preciosista para deslumbrar, y siempre con la amenaza de la cancelación prematura.

De regalo, un apéndice con algunas aperturas:

Y ya que los he citado:

© Francisco José Súñer Iglesias
(1.231 palabras) Créditos