Especial Vigésimo Aniversario
Proyectos faraónicos en la ciencia-ficción
Especial Vigésimo Aniversario
por Jacinto Muñoz Vivas

La ciencia-ficción está repleta de grandes proyectos, de maravillas tecnológicas, de prodigios de la ingeniaría y el intelecto humanos, a lo largo y ancho de sus universo creativo, hay tantos, que ahora mismo no se me ocurre ninguno. Miento, alguno sí, está la Estrella de la muerte, que acaba de resurgir en la gran pantalla, por supuesto el clásico Mundo Anillo, cómo no, la aún más clásica Metrópolis y tirando hacía los populares patrios, el circumplaneta Barptur y el autoplaneta Valera, eterno campeón de la cristiandad. Cuatro gotas de agua en un océano, no importa, como decía, hay tantos, que ponerse a clasificarlos o a enumerarlos equivaldría a enumerar el noventa por ciento de las obras del género. Quizá exagero, da igual, pueden ser el ochenta o el sesenta dependiendo, de donde pongamos el límite en la escala que determina que es y que no es un proyecto faraónico, insisto, da igual, sería una discusión inútil, porque si existe un lugar donde estos proyectos surgen proliferan y se expanden, ese lugar es la ciencia-ficción. Están ahí desde su mismo origen, en su ADN que se dice ahora, en su misma definición.

Se podría argüir que uso un criterio laxo y bastante amplio, que el Nautilus, la máquina del tiempo y de ahí en adelante toda la infinidad de ingenios, inventos y descubrimientos que han dado pie a historias de ciencia-ficción, no son proyectos faraónicos y por el otro lado, que el mero hecho de contar con un gigantesco engendro científico o tecnológico, no trasforma una novela en una historia de ciencia-ficción, todo lo más en un techno thriller, y no dejaría de ser un buen argumento. Para determinar su alcance habría que volver a la escala de antes, definirla, tabularla, establecer unidades y mecanismos de medición y control. Mucho antes de llegar a una esfera de Dyson o a una civilización tipo II o III en la clasificación de Kardashov, donde las megaestructuras se dan por supuestas ¿Qué es un proyecto faraónico? ¿De qué factores depende? ¿Del tamaño? ¿Son sus metros lineales, cuadrados o cúbicos los que determinan su entrada en esa categoría? A fin de cuentas el nombre les viene de ahí. Pero claro, aunque seguiría siendo un trabajo ímprobo, en los tiempos que corren nos costaría algo menos construir una pirámide que lo que les costó a los antiguos egipcios. O sea que también hay que tener en cuenta la capacidad productiva de la sociedad que emprende lo que quiera que sea. Podríamos recurrir al producto interior bruto y hablar del ratio: tamaño dividido por PIB y con él, estableciendo una escala a partir de ejemplos consensuados por todos, dispondríamos de la herramienta adecuada para zanjar el debate, si el debate tuviese algún interés o importancia, que no es el caso. El tamaño, cómo todo el mundo sabe, no importa, y la capacidad productiva... Dejémoslo ahí, no es bueno abusar de los chistes facilones, y volvamos a lo que interesa: la ciencia-ficción está plagada de proyectos faraónicos por que todo los que es posible, fácil, lo que ya está aquí, descubierto, medido y explicado, por inmenso que sea no alcaza para llenar los grandes sueños. Son pasos ya dados, fascinantes algunos, inquietantes otros, pero pasos dados. Escribimos el futuro a partir de ellos, sí, pero el camino esta por delante, apuntando a las estrellas y llegar allí si que va a ser un trabajo digno de un Ramses.

Vale, lo reconozco, es una afirmación simple y reduccionista que, pensaran muchos y quizá con razón, deja fuera gran parte del género, pero que le voy a hacer, me pierden esas primeras lecturas de los tiempos en que la ciencia-ficción era literatura de segunda clase llena de marcianos y viajes espaciales. Entonces el universo estaba repleto de estructuras gigantescas, planetas colonizados y naves surcando el vacío a velocidades imposibles. Esa imagen está en el origen de mi amor por la ciencia-ficción y me temo que, con más o menos intensidad, me va a acompañar siempre.

© Jacinto Muñoz Vivas
(777 palabras) Créditos
Jacinto Muñoz es colaborador habitual del Sitio