Especial Vigésimo Aniversario
Entre Rama, esferas de Dyson y la Estación Espacial Internacional
Especial Vigésimo Aniversario
por David Quintero

La ciencia-ficción ha estado llena de proyectos faraónicos: los ejemplos más evidentes son las ciudades que ocupan un planeta entero (o viceversa, como se quiera decir): Trantor y Coruscant, de las sagas de la Fundación de Asimov y de Star Wars, respectivamente. Se me vienen a la cabeza también los proyectos del ascensor espacial de Arthur C. Clarke, los gigantescos orbitales de las novelas de Iain Banks (anillos de millones de kilómetros de diámetro que albergaban climas, culturas y civilizaciones de todo tipo), o las míticas esferas de Dyson, en honor al genial físico Freeman Dyson, que propuso que la mejor forma de aprovechar la energía de una estrella sería rodearla con una especie de capa envolvente. Seguro que se pueden poner muchos más ejemplos, como las naves generacionales, en las que varias generaciones de seres humanos viven y mueren en su viaje para colonizar otros sistemas estelares.

Quizá mi mega estructura favorita (seguida de cerca por las esferas de Dyson) son las enigmáticas naves cilíndricas Rama, de la saga homónima de Arthur C. Clarke. (Advierto que vienen algunos spoilers). Leí CITA CON RAMA, el primero, siendo un adolescente. Quedé fascinado con la extraña nave: un cilindro hueco de unos cincuenta kilómetros de largo por dieciséis de diámetro que rotaba a una velocidad suficientemente elevada como para generar un campo gravitatorio para los habitantes del interior; este diseño también significaba que cuando uno se alejaba de la superficie del cilindro el campo gravitatorio creado como consecuencia de esa rotación disminuía, progresivamente, hasta hacerse cero justo en el eje del cilindro. La tripulación humana que explora el interior de Rama queda fascinada por las estructuras y por algunas cosas más que encuentran... Lamentablemente, tal como llega, la nave abandona el Sistema Solar, sin que los humanos averiguasen mucho sobre su estructura y, sobre todo, su propósito. En el segundo libro de la saga, RAMA II, mi favorito, un nuevo cilindro es detectado y la humanidad está mucho más preparada para explorar y buscar respuestas. Esta novela, además, trata mucho mejor a los personajes que la primera (¿quizá la mano de Gentry Lee, coautor, o un Clarke más veterano?), dotándolos de auténtica entidad; de hecho, las relaciones entre los distintos miembros de la tripulación, los debates que mantienen, los estudios y los análisis previos a la exploración son para mí mejores que la resolución de los misterios. Toda una galería de personajes de carne y hueso, perfectamente creíbles, cada uno con sus motivaciones (no siempre honestas) desfila ante los ojos de lector. Richard Wakefield y Nicole des Jardins, los que serán luego los protagonistas principales son mis favoritos. Debo decir que Luis Alberto de Cuenca, poeta y ensayista que siempre ha mirado con buenos ojos a la literatura fantástica y de ciencia-ficción, elogió esta RAMA II. Posteriormente se editaron dos libros más que continuaban las historias de los principales protagonistas y de la humanidad en su conjunto, no resultaron ser tan brillantes como los dos primeros pero fueron entretenidos y sirvieron para resolver el misterio de los ramanes y sus gigantescas naves cilíndricas.

Aprovecho también para mencionar otra de mis mega estructuras favoritas, esta con entidad real: la ISS, la Estación Espacial Internacional. En la reciente novela SIETE EVAS, de Neal Stephenson, una improbable catástrofe obliga a la humanidad a abandonar la Tierra. La historia está ambientada en nuestra época, así que no existe la posibilidad de establecerse en otros planetas. El pionero de la astronáutica Konstantin Tsiolkovsky dijo que la Tierra es la cuna de la humanidad, pero la humanidad no puede permanecer siempre en la cuna, y aunque lentamente avanzamos en nuestra capacidad de abandonar el nido, lo cierto es que aún no estamos listos; conviene, no obstante, adquirir algún día esa capacidad: no solo tenemos la sabiduría de Tsiolkovsky, ya el refranero popular advierte en contra de aquello de poner todos los huevos en la misma cesta. En nuestro estadio actual, la Estación Espacial Internacional se convierte en el único vehículo de salvación para la humanidad. Por supuesto, habrá que resolver innumerables problemas técnicos, sobre los cuales Stephenson se vuelca por completo para que la sensación de realismo no decaiga ni por un instante. Se nota un extenso, casi obsesivo trabajo de documentación y asesoramiento con científicos e ingenieros para tratar cada minucia técnica con el máximo rigor. Un apéndice del libro está dedicado a las fuentes que consultó y a las diversas formas de resolver cada problema. Aunque se viven momentos duros y difíciles, la historia es marcadamente optimista, todo un canto a lo que el esfuerzo, la creatividad y la cooperación entre los seres humanos son capaces de lograr.

Creo que me fascinan las novelas de ciencia-ficción en las que se ve el día a día de los astronautas, quizá por eso me lancé un día a escribir un relato breve llamado ESTACIÓN A LA DERIVA, aquí en el Sitio. Por supuesto, no considero ni por asomo que esté a la altura de las obras aquí comentadas, pero por si a alguien le pica la curiosidad, ahí lo tiene.

© David Quintero
(1.021 palabras) Créditos
David Quintero es colaborado habitual del Sitio