Especial Vigésimo Aniversario
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Especial Vigésimo Aniversario
por Francisco José Súñer Iglesias

Casi como por arte de magia el Sitio cumple veinte años. En estos tiempos de apresuramiento y fugacidad hasta a mi me resulta extraordinaria tanta longevidad. De todo lo que existía cuando fundé la web creo, y corríjaseme si me olvido de alguien, lo único que sigue en marcha es Axxon.

Con la cantidad de material acumulado a lo largo de estos años, alrededor de unos 9000 artículos, reseñas y relatos, el Sitio se ha convertido en una de esas obras gigantescas a las que es tan aficionado el género. Las Cosas Muy Grandes siempre han marcado la imaginación de los escritores y guionistas, y he creído que este aniversario tan redondo es un buen momento para hacer dar repaso a alguna de esas Cosas Enormes que han poblado la ciencia-ficción.

Por una simple cuestión generacional, la primera Cosa Grande que me encontré fue La estrella de la muerte, aunque cuando vi LA GUERRA DE LAS GALAXIAS, allá por 1977, lo que realmente me impresionó fue la interminable panza del destructor Imperial que perseguía al transbordador de Leia. Obviamente por el tiempo que tardó en pasar por la pantalla y fundamentalmente porque era la primera muestra del poderío del Imperio que más tarde se confirmó con La Estrella de la Muerte. Lo que nadie sospechaba era que la segunda Estrella de la Muerte sería todavía más grande, aunque inacabada, y que la tercera sería ya una demostración de megalomanía imperial, hasta el punto de tener su propio clima superficial. En esto de los planetoides la ciencia-ficción española ha hecho interesantes aportaciones, como los autoplanetas Valera y Argos, de miles de kilómetros de diámetro.

Los invasores también suelen tener la costumbre de visitarnos en aparatos de una enormidad apabullante. En las dos pelis de INDEPENDENCE DAY no solo nos encontramos con naves de desembarco de tamaño considerable, sino con nodrizas que se zamparían casi cualquier luna del sistema solar. Al respecto creo que las primeras apariciones de naves enormes flotando amenazadoras sobre las ciudades terrestres fue en la original V, la ochentera, la de las lagartas comiendo ratas. Lo más reciente ha sido la adaptación televisiva de EL FIN DE LA INFANCIA. Afortunadamente, nada puede tanto gigantismo contra el infinito ingenio y arrojo de la raza humana.

Otra muestra de gigantismo manufacturado es el MUNDO ANILLO. Quizá no resulte demasiado espectacular visto que no se trata de un artefacto masivo y amenazador, pero las meras proporciones de una construcción de ese tamaño dejan sin respiración a poco que se reflexione sobre ello. Pero para artefactos masivos los descritos por Robert Reed en MÉDULA o Greg Bear en EÓN, objetos abrumadores que no solo tienen vida propia, sino que incluso albergan mundos enteros dentro de ellos.

Pero quizá no solo haya que pensar en términos de objetos de gran tamaño, obras de ingeniería tan formidables como las StarGate o las descritas en PÓRTICO no solo hablan de una tecnología capaz de volver como un calcetín el espacio y el tiempo, sino de razas pacientes y con la habilidad y el poderío suficientes para extenderse por varias galaxias. Ciertamente pensar en ellas como posibles enemigos da bastante respeto. No nos olvidemos tampoco del sistema de ascensores espaciales y los transportes del Sistema de Cadena del universo de Akasa-Puspa, de Juan Miguel Aguilera y Javier Redal, alguien capaz de poner en marcha semejante red nunca es despreciable.

Tampoco nos tenemos que olvidar de los propios autores y las propias series. Al clásico ejemplo hispano de La Saga de los Aznar, de Pascual Enguídanos, tenemos que añadir, por supuesto, El Orden Estelar de Ángel Torres Quesada, cada una concebida de forma diferente pero que en su momento acabaron en largas series de novelitas con gran éxito de ventas. Muchos autores pusieron en marcha la churrera en algún momento de sus carreras, azuzados lógicamente por el interés de los lectores, así David Weber con las aventuras de Honor Harrington, Lois McMaster Bujold con las idas y venidas de Miles Vorkosigan y familia, o Iain Banks con su universo de La Cultura superaron la decena de volúmenes. En cualquier caso, la serie alemana Perry Rhodan, que lleva publicándose ininterrumpidamente semana a semana desde 1961, gana a todas en cuanto a longevidad y gigantismo.

En el audiovisual quien se lleva la palma es Doctor Who, entre su primera etapa entre 1963 y 1989, y la segunda, en emisión desde 2005, acumula más de 800 episodios, y alguna que otra película, además de las series derivadas como The Sarah Jane Adventures y Torchwood, con casi 100 episodios más. Star Trek, le sigue con siete series de televisión y más de 700 episodios, además de trece películas. La tercera en liza es StarGate, tres series y otras tantas películas. Star Wars, tampoco se queda atrás; trece películas (algunas directamente olvidables y sin contar los telefilms) y al menos cuatro series animadas de televisión. Por no hablar de los videojuegos y el Universo Expandido.

En definitiva unos pocos ejemplos para ilustrar que ni las dimensiones ni el tiempo ha sido jamás un obstáculo para los autores y aficionados al género.

© Francisco José Súñer Iglesias
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Francisco José Súñer Iglesias es el administrador del Sitio de Ciencia-Ficción