De malo a peor
por Francisco José Súñer Iglesias

Hay una hora maldita en las tardes de domingo en la que la desidia y la pereza se adueñan de todo, acaban con cualquier clase de sentido crítico y consiguen que se hagan cosas que ni en sueños se podrían imaginar.

En mi caso ha sido la visualización consecutiva en La Sexta (si, esa cadena española líder en información política) de una serie de telefilms de ciencia-ficción de Serie Z (y no precisamente de zombi) que van de lo malo a lo peor. Atresmedia ha debido comprar un paquete bastante importante de películas a la productora y distribuidora The Asylum, especializada en este tipo de producciones, que es conocida por blockbuster como SHARKANDO, ABRAHAM LINCOLN VS. ZOMBIES o NAZIS AT THE CENTER OF THE EARTH. Los chicos de The Asylum se manejan con una desvergüenza bastante importante. Los argumentos suelen ser desquiciados, los guiones dan la impresión de haber sido escritos por un adolescente en pleno subidón de hormonas, los efectos especiales, 100% digitales, hechos a toda prisa por el primo informático del guionista, los actores, o los que se hacen llamar así, van y vienen por las escenas como gallinas descabezadas, cosa que fomenta una dirección en la que mi abuela, (la de las ruedas) pondría más gusto y buen criterio.

Son de ese tipo de telefilms que se ven porque, como digo, no hay manera de obligarse a alcanzar el mando a distancia para cambiar de canal. Ni siquiera la salud mental se ve en peligro. La actividad del cerebro es tan residual que la exposición continuada a semejantes desatinos no puede afectar al 99,9% de las neuronas ya que, afortunadamente, están desconectadas.

El caso es que Atresmedia está utilizando estas películas para rellenar los huecos que le quedan en La Sexta, precisamente, los domingos por la tarde. Supongo que para no hacerse a si mismos la competencia con Antena 3, (que dedica esas horas a emitir mediocres telefilms melodramáticos y románticos, pero que comparados con las cosas de The Asylum, son merecedores de Globo de Oro, Oscar, Goya, César, café, copa y puro).

Pero eso no es lo verdaderamente fastidioso. Si ya de por si todas estas película son malas, malas, malas, todavía les supongo una cierta continuidad y hasta un mínimo de coherencia interna, no mucha, sin exagerar, pero al menos concediéndoles el beneficio de la duda. De hecho, así sucede cuando se consigue ver alguna entera.

¿Qué es entonces lo exasperante? He adelantado la clave: como muchas veces la duración no se corresponde con el hueco a rellenar, los responsables de emitir el engendro lo recortan salvajemente sin preocuparse de mantener un mínimo de esa continuidad y coherencia.

Efectivamente, una película ya de por si delirante se convierte de pronto en algo desquiciado, con personajes que aparecen y desaparecen por arte de magia, escenarios que cambian sin mediar explicación, diálogos sin sentido porque hacen referencia a sucesos que no se han visto...

Vale que las películas son malas, vale que no las va a estar viendo nadie (o casi nadie, ejem...) pero desde mi punto de vista estas prácticas de Atresmedia evidencia el grado de respeto por quienes les dan de comer. No es el espectador, que no solo no está pagando por ver ese producto, sino que en cuanto consiga conectar media docena de sinapsis más podrá alcanzar el mando a distancia y alejarse del despropósito, sino el anunciante, que pagará mucho o poco (más bien poco, sospecho) por que su publicidad aparezca en esa franja horaria. Está claro que a nadie le interesa que sus productos se ofrezcan en medio de cosas de calidad nula que solo pueden ser visionadas en un estado de pereza mental extremo.

Esa, creo yo, es la principal descortesía que comete Atresmedia. Ya bastante lamentable es que ofrezca producciones de tal mala calidad, pero que tienen su publico (zombis funcionales aparte), pero es realmente a sus anunciantes a los que maltrata, hundiendo la publicidad de productos y servicios en un pozo negro al que no se asoma casi nadie, y quien se asoma, tiene en cartel NO MOLESTEN colgado del lóbulo frontal.

Que se lo hagan mirar.

© Francisco José Súñer Iglesias
(815 palabras) Créditos