Eterno resplandor de una mente sin recuerdos
por Héctor Horacio Otero

En esta época en la que están de moda (me refiero en la lista de bestellers) las neurociencias, he leído en varias ocasiones opiniones similares a la que voy a comentar (Pedro Bekinschtein, biólogo; La memoria está sobrevalorada, Revista Muy Interesante #360 (Octubre 2015), pp. 64-67. Cito a continuación su opinión, reitero, actualmente compartida por muchos científicos. La negrita y el subrayado son míos

Nos deprime no recordar algo porque sin memoria no hay identidad, porque esa colección de experiencias únicas es la que nos diferencia de los demás. Lo cierto es que la memoria se olvida, se transforma y se reconstruye a través del tiempo y de su uso [...] Reescribimos y editamos nuestros recuerdos de tal manera que cada vez que los recuperamos son otros. La memoria es un constante work in progress [...] La forma en que la información se distribuye en el cerebro hace que la memoria, antes que perderse por completo, se vaya degradando. Este proceso ocurre aunque no haya ningún daño. El cerebro selecciona la información, la transforma y la olvida. La memoria está mucho más relacionada con lo que nos pasa en el presente que no lo que nos pasó en el pasado.

Coincido en líneas generales con este planteo, pero creo que (muy apropiadamente) está olvidando algo esencial. Los recuerdos no se encuentran todos en la misma categoría; en una película que me aburrió (INSIDE OUT) distinguen las core memories (qué difícil proponer una buena traducción; memorias ¿esenciales?) del resto, es de ellas de las que depende nuestra identidad. Es por eso que el protagonista de la excelente MEMENTO (a esta altura de nuestra vida un neologismo fundamental en nuestras tertulias/coloquios con AFAFdB en EL COLECCIONISTA) no pierde su personalidad a pesar de carecer de memoria de corto plazo (como toda la gente grande, dicho con el mayor respeto e incluyéndome); y es también por esto que aunque la memoria pudiera ser manipulada (como en ETERNAL SUNSHINE OF THE SPOTLESS MIND¡OLVÍDATE DE MÍ! le pusieron en España; no puedo creer que haya peores traductores de títulos de películas que en Argentina, creí que eramos imbatibles en ese aspecto—) no debieran ser eliminados ni siquiera los malos recuerdos esenciales, que son tan importantes como los buenos en hacernos lo que somos.

Y aquí entra en juego el concepto de degradación de la memoria al que me quiero referir. No voy a aceptar que los recuerdos esenciales se degradan de igual modo que los olvidables. Ni aunque hagan una máquina del tiempo y un reality show con mi vida y me muestren que las escenas que creo recordar no sucedieron del modo en que las recuerdo. No lo quiero aceptar; la intensa emotividad que provocaron las preservó intactas como el ADN de los dinosaurios en el mosquito petrificado del ámbar de JURASSIC PARK.

© Héctor Horacio Otero
(568 palabras) Créditos
Publicado originalmente en Ficción científica el 23 de octubre de 2015