Una buena oportunidad para la ciencia-ficción
por Francisco José Súñer Iglesias

El aparente declive de la ciencia-ficción en España tuvo lugar coincidiendo con la crisis del 2008. Las primeras afectadas fueron las pequeñas editoriales, ante la difícil situación económica, los lectores optaron por no aventurarse con apuestas arriesgadas o autores poco conocidos. Al poco, las grandes, integradas en potentes grupos editoriales y sujetas a recortes y ajustes, optaron por ir abandonando sus poco rentables líneas de ciencia-ficción para volcarse en lo que daba realmente dinero, la fantasía (desde la épica hasta las vampiradas) y con ello, muchos autores se decantaron a su vez por abandonar el género para intentar rentabilizar sus esfuerzos.

El panorama actual es desolador, por un lado, la producción nacional está representada en su mayoría por voluntariosos autores aficionados, autopublicados a través de las diversas plataformas disponibles, lo que penaliza la calidad media ante la ausencia de filtros y hace muy difícil el seguimiento. Por otro, la falta de novedades extranjeras, básicamente las de los países anglófonos, nos deja aislados de facto, a no ser que se domine los suficientemente el inglés como para leerlas en idioma original.

Además, durante toda la crisis, las preferencias del mercado parece que se ha decantado por la fantasía, desde las dragonadas hasta las vampiradas, pasando por el apocalipsis zombi, desde mi punto de vista como pura evasión y para olvidar la realidad asquerosa que nos rodea. Pero la crisis persiste, la realidad es la que es y hay que afrontarla, si o si, y para eso la fantasía no da ni respuestas, ni soluciones, ni esperanzas, solo puro escapismo. La gente ya no solo quiere evadirse, quiere tener un objetivo, un futuro, y en ese sentido la ciencia-ficción si puede cubrir un hueco muy importante. Da algunas respuestas, aunque tampoco muchas soluciones, pero al menos si ofrece ilusión.

Otra de las causas del declive de la ciencia-ficción, está a un nivel mucho más global. Durante muchos años, la exploración espacial fue muy aburrida. Los transbordadores no hicieron nada especial que llamara la atención, y cuando lo hacían era en forma de tragedia. Las sondas robóticas partían en plomizas misiones de decenas de años. De los planetas exteriores solo llegaban imágenes insulsas y datos poco digeribles...

Pero de repente, en poco tiempo, resulta que Marte fue húmedo y cálido en el pasado (ya parece un hecho aceptado), hemos aterrizado en un cometa, hemos fotografiado Ceres de cerca. Hemos llegado a Plutón y tenía sorpresas (un océano de 100 km. de profundidad). Ahora tenemos medios para detectar exoplanetas tamaño de la Tierra. No solo hay decenas de noticias, sino buenas películas e interesantes series sobre Marte transmitiendo el mensaje de que se puede sobrevivir allí.

Lo que está claro es que ha resurgido el interés por los asuntos de la conquista del espacio, no es imposible que se trate de una campaña mediática perfectamente orquestada y los medios no hayan respondido a una demanda de sus lectores, sino que la han generado. Tiene su sentido, estos asuntos requieren mucho tiempo y dinero, y crear una corriente de opinión favorable es fundamental. Toda esta abundancia de noticias sobre la exploración espacial, en las que tampoco se ocultan los sonados fracasos, no solo predisponen al contribuyente a aceptar la inversión en investigaciones sin aplicaciones inmediatas a cambio de beneficios a medio y largo plazo, también le acerca de nuevo a la ciencia-ficción, porque es ahí, y no en las fábulas medievalizantes, donde va a encontrar una ventana a un futuro donde se adivina una mínima promesa de esperanza.

© Francisco José Súñer Iglesias
(661 palabras) Créditos