De utopías, ucronías y distopías
por Dixon Acosta

En ocasiones la ciencia-ficción deja tiempo para pensar cómo pudo haber sido nuestro planeta en el pasado. Ucronías como EL HOMBRE EN EL CASTILLO de Philip K. Dick, suelen imaginarse un mundo diferente al que conocemos y no deja de ser interesante jugar a esa premisa, qué habría ocurrido si la historia hubiera tomado por una puerta y no por otra, un poco como se plantea en El Ministerio del Tiempo, la exitosa serie de TVE.

Si los nazis hubieran ganado la Segunda Guerra Mundial, es claro que la organización del mundo sería diferente y usted amigo lector seguro no estaría leyendo este artículo de opinión, posiblemente porque Internet no existiría o de existir no sería un bien público, o quizás ni usted ni yo estaríamos, al menos no disfrutaríamos la cómoda relación del cronista-lector. Pero sobre la organización del mundo en manos de los secuaces de Hitler, ya Dick nos dio su propia versión en su citada obra, infaltable en cualquier antología de la ciencia-ficción universal.

De las ucronías vamos a las distopías y para no hablar de las tradicionales 1984, UN MUNDO FELIZ Ó FAHRENHEIT 451, en este inicio del nuevo milenio, hemos visto la irrupción de historias algunas situadas en el mundo de la fantasía, otras en el de la ciencia-ficción y las restantes en una mezcla extraña de los dos géneros, que pueden sintetizarse en el siguiente argumento: gobiernos tiránicos en sociedades estratificadas en clases, clanes o tribus, en donde usualmente los gobernantes son viejos, feos y crueles, mientras que los jóvenes bellos y atléticos, suelen conformar las resistencias heroicas, en la búsqueda de justicia y verdad, combatiendo a los primeros.

Mi intención no es analizar en profundidad estas novelas distópicas adolescentes, pues como toda creación tiene sus altas y sus bajas. Por ejemplo, debe destacarse en varias de estas historias la irrupción de heroínas que le confieren un protagonismo a la mujer ofreciéndole un rol de liderazgo, inteligencia y fuerza, no solo como el bonito accesorio del héroe masculino.

Estas obras buscan identificarse con las nuevas generaciones que se convierten en un público fiel consumidor de este tipo de literatura y sus adaptaciones al cine, lo que se traduce en un mercado rentable. Los títulos se multiplican, Los Juegos del Hambre, Divergente, La Huésped (The Host), El Corredor del Laberinto (The Maze Runner), Delirium y otros similares.

En el plano político resultan ser una sociedad global en donde todo parece ser homogéneo y no hay explicaciones profundas sobre qué pasa en otras realidades. Se supone o se intuye que el mundo se reduce a un escenario futurista apocalíptico de los Estados Unidos. Se trata de una simplificación facilista en la mejor tradición estadounidense-centrista audiovisual, de la cual la ciencia-ficción no ha podido escapar, como cuando los extraterrestres, así como los antiguos romanos hablan inglés, ni siquiera con acento foráneo.

Ahora bien, la pregunta que subyace es si estas novelas son suficientemente críticas y revolucionarias para cumplir la función social de la ciencia-ficción, alertar a la sociedad sobre su presente, hablando de un ficticio futuro.

Cuando estamos rodeados de un mundo en el cual los fanatismos exasperan, tanto los religiosos como los nacionalistas, cuando millones de migrantes se encuentran con muros y alambres de púas, cuando las corporaciones acumulan dinero a manos llenas y los millonarios encuentran paraísos fiscales para esconderlos, mientras hay gente que muere de física hambre, me pregunto si estas novelas alcanzan a estremecer a los jóvenes, al menos a crear un sentido crítico o simplemente los entretiene y les da circo, sin pan (aunque seguro con palomitas de maíz y hamburguesas).

Bueno y a todas estas, dónde quedan las utopías? Quizás la utopía sea pensar que alguna novela o película distópica, pueda dejar algún mensaje reflexivo y crítico en los cerebros adolescentes y no sea una mera fantasía inofensiva.

© Dixon Acosta
(738 palabras) Créditos